Julián Veía a Adara dormir desnuda a mi lado. —Me lamí de nuevo los labios, aún tenía su sabor en mi boca, por la abstinencia mi pene se endureció de nuevo, aunque con ella siempre era insaciable—. Después de quedarnos solos y analizar en silencio lo que nos revelaron Carlos y Fernanda. El silencio dio pie a sutiles caricias, luego hemos desatado una inmensa hoguera entre los dos. Acaricié su espesa cabellera, era tan suave y sedoso, mientras me deleitaba con los recuerdos de nuestra tan anhelada reconciliación, como debía de ser. —No sé cómo sentirme, si agradecida o enojada porque nos tienen vigilados. —Pero no se han entrometido más de lo que deben hacer como padres. De lo contrario hace mucho, los míos me habrían jalado las orejas y montado en un avión para irte a buscar. —La traje

