A Calvin le gustaba beber un buen vino de vez en cuando, mucho mejor si podía hacerlo con Mariana. Era divertido, en serio, porque ambos se soltaban, hablaban de trivialidades y reían mucho. Hacían un espectáculo de sí mismos y no les importaba lo que las personas pensasen o dijesen de ellos. Esto último no ocurría siempre porque Calvin sabía que su hermana se dejaba llevar por “el qué dirán”. Por tal razón había aceptado ir a cenar y beber vino con Mariana. Era algo que no sucedía muy a menudo y Calvin aprovechaba estas ocasiones en las cuales su hermana estaba de buen humor. Por supuesto, la velada hubiese finalizado maravillosamente si su jefe y el jefe de su hermana no hubiesen terminado en el mismo restaurante que ellos. Lo cual, esto último, Calvin consideraba una muy mala casualid

