Mariana sonrió de nuevo al verse en el espejo de cuerpo completo. El traje le quedaba perfecto y resaltaba cada curva de su cuerpo. El pantalón se ceñía desde su cintura hasta sus caderas y muslos, resaltando su pequeño trasero; la blusa era lo bastante ajustada como para destacar sus voluminosos y redondos senos. Los primeros dos botones desabrochados hacían un buen escote y el pañuelo de seda alrededor de su cuello le daba un toque sofisticado a toda su vestimenta. A su percepción, vestía como cualquier otra secretaria: presentable, elegante y profesional. Había recogido su largo cabello en un moño alto y hecho una trenza que le caía por el hombro izquierdo. Su rostro estaba maquillado como si lo hubiese hecho una maquillista profesional. Tonos claros en los párpados, delineador n***o, r

