Calvin sentía cierta reticencia hacia Mariana y con justa razón. No había manera ni forma de escapar de lo que fuese que tuviese su hermana entre manos, pero Calvin estaba convencido de que podría liberarse, quizá. Si había algo en lo que su hermana gemela era buena era en el “arte” de manipular a las personas, de alguna manera siempre lograba salir con la suya, fuesen por los medios que fuesen. La manipulación era uno de sus medios, el chantaje emocional era otro. Calvin la conocía perfectamente y sabía todas las artimañas que empleaba su hermana a la hora de lograr su cometido. Había ocurrido en el pasado tantas veces que Calvin perdió la cuenta. Eso y que hoy día ya casi no le importaba en lo absoluto lo que su hermana hacía o dejaba de hacer. Pero, por algún motivo, no podía ni quería

