Debes de casarte PT 1

1284 Words
La familia Harris es una de las familias más influyentes, ricas y sobre poderosas. Cuenta con una de las empresas líderes globales en tecnología de comunicación, economía sostenible y el cuidado del medio ambiente más exitosas. Aunque, lamentablemente, los integrantes que la conforman son muy pocos. Entre ellos están Rafael Harris, de 60 años; él fue quien fundó la empresa al lado de su bella esposa Elisa, de 60 años. De su unión tuvieron dos hijos hombres: Francisco, el mayor, y Gonzalo, el menor. Por supuesto, como en toda familia, el primer hijo es el que tiene el privilegio de seguir con el legado familiar. Al cumplir la mayoría de edad, Francisco sustituyó a su padre, quedando Gonzalo molesto por eso, ya que él quería tener ese privilegio. Con el paso del tiempo ambos se casaron, tomando sus esposas. Francisco tuvo dos hijos con su esposa Ariadna, Víctor y Celeste. Gonzalo con su esposa solo había logrado tener un hijo y ese era Darío. Rafael se sentía feliz de saber que su legado estaba asegurado por algunas generaciones, pero no contaba con que una desgracia llegaría, al perder a su hijo mayor en un accidente automovilístico. Dejando huérfanos a Víctor con 20 años y Celeste de 12 años en ese entonces. El señor Rafael estaba devastado por la pérdida, mientras que Gonzalo estaba feliz porque sabía que la empresa sería suya. Pero el señor Rafael tomó la decisión de que le fuera pasada a Víctor, causando que Gonzalo quedara molesto y aún más indignado. …………………… Han pasado 8 años desde que Víctor es el CEO de la empresa; se ha esforzado mucho en no defraudar a nadie, además de que para él, desde la muerte de sus padres, ha sido totalmente difícil y sobre todo cuidar de sus abuelos y su hermana. Ahora tiene 28 años, le encanta salir con mujeres, pero no le gusta formalizar ninguna relación, debido a que el crudo y amargo dolor del recuerdo de sus padres no lo deja en paz. Para él un final feliz no existe y nunca lo habrá. ………………………… Las puertas de cristal se abren, escuchándose unos pasos apresurados y firmes entrar a la enorme, lujosa oficina de Víctor. Quedando esa persona de pie frente a su escritorio, mirándolo con detenimiento, mientras que Víctor no quita la vista de unos documentos debido a que ya sabe con exactitud quién acaba de entrar. —¿Creo haberte dicho que toques antes de entrar? —menciona, mirándolo con disgusto. —Sí, lo has hecho, pero creo haberte dicho que me encanta hacer entradas únicas —responde. —¿Dime qué quieres? —pregunta, regresando su vista a los papeles en sus manos. —Si no te conociera desde niños, diría que me estás corriendo —dijo el hombre, sentándose en la silla frente a él. —Entonces no me conoces bien —dijo—, porque ese es precisamente mi objetivo. —Bien, solo vine a decirte que iré con unos amigos al salón Red Velvet y quería que fueras con nosotros —lo invita. Víctor, a escuchar eso, deja los papeles y voltea a ver a su amigo Ángel, que está sentado frente a él. Con su típica vestimenta que intenta aparentar que es un actor famoso, pero no lo es, pero su padre es socio de su abuelo y posee una buena fortuna. —No regresaría a ese lugar. Después de tu comportamiento de hace dos años —le recuerda. —Ya te he dicho que fue por culpa del alcohol —se defiende. —Ya te di mi respuesta —dijo, poniéndose de pie—; si me disculpas, tengo que irme a una cena familiar. —Eso me suena como si me estuvieras corriendo —sugiere Ángel. —¡Eso es! —grita Víctor. Provocando que el invitado no deseado se ponga de pie. Acercándose a la salida. —Ya cásate, a ver si ya se te quita ese genio que te cargas —protesta Ángel, indignado. —Ni loco me casaría —manifiesta, Víctor. Así que a largo de aquí. Lo saca molesto de su oficina, ya que Ángel siempre le causa problemas cada vez que salen juntos. Todavía recuerda bien cómo había intimidado a esa joven, aunque admite que fue sorprendente, cómo se defendió y sobre todo hasta que por fin su amigo obtuvo su merecido. Por eso se niega rotundamente a salir con él nuevamente. Regresa por su maletín y sale por la puerta. Acomoda su elegante y carísimo traje. Camina por los pasillos de su empresa; sus empleados caminan en todas direcciones, saludándole con amabilidad y respeto. Entra al lavador, presionando el botón del primer piso, y este rápido responde a su acción, cerrándose las puertas. Llegando al primer piso, donde esa área está más llena de personas. Todas las mujeres notan su presencia y sobre todo porque es uno de los solteros más codiciados del momento. Mientras él camina directamente hacia la puerta de salida, siente la vista de las personas; él entiende perfectamente que es un hombre que no puede pasar desapercibido y sobre todo de las mujeres que últimamente se han vuelto más ofrecidas y descaradas por intentar meterse en su cama para obtenerlo a él y a su riqueza. Víctor ignora todas las miradas, ya está bastante acostumbrado a eso y continúa caminando seguido de su fiel guardaespaldas y chofer Adolfo. El chofer le abre la puerta del vehículo, entrando Víctor en su interior y su chofer entra al lado del piloto. —¿A dónde, señor? —pregunta Adolfo, mirándolo por el retrovisor. —A la casa de mis abuelos —contesta Víctor. El BMW se pone en marcha, comenzando a transitar por las calles y siendo acompañado de otros conductores. Víctor mira por la ventana a los transeúntes pasar por la calle, mientras que en su mente se pierde en sus pensamientos. Llega el auto a la enorme mansión de sus abuelos; Adolfo lo estaciona en la entrada, bajándose de él y abriéndole la puerta a su jefe. Víctor baja colocando sus pies en el empedrado, se acomoda el saco y camina directo a la puerta principal. Siendo abierta por uno de los sirvientes. —Buenas noches, señor Harris —saluda el hombre de mediana edad. —Buenas noches —le regresa el saludo—. ¿Dónde está mi abuelo? —pregunta Víctor por él. —Todos están en la mesa esperándolo —le informa. —Gracias —le agradece Víctor. Caminando hacia la habitación donde está la mesa. Entra al lugar mirando que sus abuelos están ahí y su hermana. —Buenas noches a todos. —Buenas noches —responden todos en unísono. Víctor se acerca a su hermana, después a su abuela, dándole un beso en la mejilla y, por último, toma su lugar al frente de su abuelo. La cena es servida y comienza a degustar su comida. —Hijo —habla Rafael—, te cité para poder hablar contigo de un asunto muy serio. —Claro, dime —dijo Víctor. —Esto es difícil para mí, pero no veo otra opción —dice—. No creas que hago esto por mistificarte, pero he decidido que debes de casarte. —¿¡Qué!? ¿Por qué? ¿Te he defraudado? —protesta Víctor. —No lo has hecho, pero nuestra familia es muy escasa, y yo necesito estar tranquilo y saber que mi empresa estará en buenas manos —manifiesta—. Tú, mejor que nadie, sabes que tu tío y tu primo son unos buenos para nada y nunca dejarían mi empresa en sus manos. Así que te daré el plazo de un mes para casarte…
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