Víctor coloca su mano libre donde cree que es la cintura de esta pequeña chica, ya que el enorme abrigo que trae le impide saber con exactitud si es donde está la zona que quiero tocar, solo confía en su instinto y la abraza sintiendo su diminuta cintura.
Al hacer ese movimiento pega más su rostro en su cuello, haciendo que su delicado y suave olor sea percibido por su olfato.
Causando que apriete con un poco más de fuerza su cintura haciendo que empiece a sentir algunas sensaciones familiares en su entrepierna.
—¡Señor, por favor compórtese o lo dejaré tirado aquí y se tendrá que ir arrastrando hasta su vehículo! —lo reprende la chica.
—Disculpe, es que usted es muy linda… (hip) —declara Víctor impactado por la respuesta de esa joven.
—Típico de hombres como usted, solo ven a una escoba con falda y corren tras ella —menciona la joven haciendo que Víctor le dé un poco de risa su ejemplo.
—¿Sabe quién soy? —aprovecha la oportunidad para saber si puede confiar en ella.
—Un hombre borracho, prepotente y arrogante —contesta la pequeña joven.
—Es verdad —acepta Víctor—, ¿pero sabe mi nombre?
Camila al oír esa pregunta no se mueve y mira de reojo al enorme hombre a su lado. Aunque es de noche, la poca luz del callejón deja ver un poco de su rostro, es muy guapo, nariz respingada, cejas un poco gruesas, ojos azul grisáceo, el cabello marrón miel y unos labios legados.
—No, y usted no sabe quién soy —responde Camila con sinceridad.
Esa respuesta causa en Víctor una satisfacción muy extraña porque nunca en su vida la había sentido y es estar al lado de alguien que no lo conociera.
—Tiene razón, me presento, mi nombre es Víctor Harris —se presenta Víctor lanzando todas las cartas sobre la mesa.
Aunque sin apartar la vista del bello y delicado rostro de la chica que no tiene expresión alguna.
—Mucho gusto Víctor, mi nombre es Camila Wilson —también se presenta Camila ante ese hombre enigmático—, pero continuemos o no llegaremos a su auto esta noche.
Los dos continúan y Víctor aprovecha para seguir conociendo a esa joven.
—Tiene razón —acepta Víctor.
—¿En qué?
—He estado tomando por problemas familiares, me están obligando a casarme en menos de un mes —le cuenta con mucha sinceridad a la chica.
—Creo que ese no será un problema para usted —expresa la chica con tono serio. Causando más intriga en Víctor.
—¿Por qué lo dice?
—Es un hombre bastante atractivo como para no tener a miles de mujeres detrás de usted —habla la chica con un tono muy normal como si hablara con cualquier persona.
—Tiene razón, pero no quiero a cualquier mujer. Quiero a una mujer que sepa usar su cerebro, decidida y sobre todo que tenga carácter para sobrevivir a la adversidad y a mi mundo —confiesa muy claramente Víctor, sintiendo como si un peso se fuera de sus hombros y admite que necesitaba hablar con alguien.
—Creo que es suficientemente capaz de encontrar una chica que cumpla con sus expectativas —menciona Camila, sintiendo que el peso de Víctor está cada vez más sobre ella—. ¿Aunque sabe tengo una duda?
—¿Cuál es esa duda? —pregunta Víctor para saber que es lo que ronda en la cabeza de esta chica que lo está empezando a cautivar.
—¿Por qué lo están obligando a casarse? —pregunta Camila—, ya no estamos en los tiempos viejos donde los familiares elegían con quién casarse y no creo que un hombre tan enigmático como usted se deje manipular de esa manera.
Cada palabra que sale de la diminuta boca de esa mujer, es como si estuviese pensada con mucho cuidado y es como si ella le dijera toda la verdad que necesitaba escuchar.
—Estoy de acuerdo con usted, no me gusta ser manipulado por nadie… hip…, pero las razones son muy distintas en mi caso y es que soy el único en el que mi abuelo confía para dejar todo su emporio en vez de las manos del vividor de mi tío —le cuenta un poco más de sus problemas.
—Entonces, si su abuelo no quiere dejarle su empresa o negocio a su tío, ¿qué tiene que ver que usted se case tan rápido? —Camila sigue indagando porque no entiende la razón del matrimonio.
—Porque aparte de mí no hay más descendientes hombres, si a mí me llegará a pasar algo, mi tío reclamaría todo y es lo que no quiere mi abuelo —menciona Víctor y no sabe cómo ha sido capaz de lograr decir todo eso frente a una desconocida.
—Ya veo, el matrimonio es en sí la razón para que usted tenga un hijo, ¿o me equivoco? —Víctor asiente con la cabeza porque esa joven es muy lista—. ¿No tiene hermanas?
—Si una…(hip)… —dice Víctor.
—Y su abuelo no acepta a una mujer al mando —manifiesta Camila.
—No, mi abuelo pertenece a los antiguos y además que no ve a mi hermana como opción porque algún día se casará y no dejará que la empresa se quede en manos de un desconocido —expreso Víctor, mientras intenta caminar con un solo pie.
—Qué machistas —murmura Camila—, una mujer vale igual que un hombre.
—Tiene ideas muy interesantes, señorita Camila y eso que pertenece a un… —Víctor hace una porque no sabe si ella se moleste si menciona que pertenece a un club nocturno.
—Dígalo. A un burdel —menciona Camila un poco indignada.
—Lo siento…(hip)… —se disculpa Víctor.
—No se preocupe estoy acostumbrada a que hombres como tú digan que por pertenecer a un lugar de estos nosotras no tengamos ideas, sueños y sobre todo superarnos —lo regaña Camila sintiéndose molesta porque ella en el fondo sabe que solo vive ahí, pero ella no forma parte de las mujeres que dan su cuerpo por unos billetes.
Víctor ha escuchado lo que dijo Camila sintiéndose culpable y está por decirle algo cuando voltea a verla no sabe si es por el efecto del alcohol, pero ve a la pequeña joven es que casi opacado por completo por su corpulento cuerpo, no es tan fea, su cabello es lindo agarrado en una bolita sobre su cabeza, tiene lindo rostro, sus ojos son de diferente color que el suyo, su boca pequeña con unos labios un poco gruesos, cejas muy bien arregladas, nariz pequeña y redonda. Su ropa puede cambiar, lo mejor de todo es que es sincera, tiene ideas muy interesantes y le agrada como piensa. Así que se le ocurre una arriesgada idea.
—¿Señorita Camila, se casaría conmigo?…