A la mañana siguiente, los rayos de sol despiertan a ambos. Los dos se miran y se saludan con un cálido beso. —Buenos días —murmura cerca del rostro de su esposa. —Buenos días —contestó Camila en el mismo tono que usó él. —¿Cómo dormiste? —Bien, creí que tendría frío, pero estamos en un lugar bastante cálido —mencionó, tapando su cuerpo con la sabana. —Sí, aquí hace bastante calor. —Sí, pero deja que iré por mi ropa. —Camila intenta levantarse, pero Víctor la detiene y es que no dejará que ande desnuda por la playa. —Yo iré —se ofrece. Víctor se pone de pie completamente desnudo; recogiendo su ropa y la de su esposa, regresa con ella y se la entrega. Ambos se visten porque el señor de la lancha les dijo que vendría por ellos temprano. Camila, al estar vestida, mira en la dirección

