La castaña se aferra con sus piernas a la ancha cintura de su esposo, mientras Víctor deja de agarrar sus caderas y toma las manos de su esposa colocándolas arriba de su cabeza. Continúa con las embestidas sin parar. Los gritos y los sonidos de los choques de los cuerpos se escucha hasta afuera, Adolfo, que se ha despertado debido a todo el escándalo, saca un par de tampones para oído de la bolsa de su saco. Poniéndoselos, opacando por completo esos gritos y es que desde que es guardaespaldas del señor Harris siempre ha cargado con estas cosas. Porque él es un hombre, digamos sexualmente muy, pero muy activo y no había día que no llevara alguna mujer a su oficina o en ocasiones en su auto. Si embargo, se compadece de la señorita Camila porque no sabe lo que le espera. Mientras tanto,

