Camila anota la dirección en una servilleta, borrando el mensaje y le entrega el teléfono a Joseph. —Gracias —le agradece Camila sin dejar de ver la dirección. —¿Cómo piensas llegar hasta allá? —pregunta Joseph mirando por encima del hombro de Camila—, porque esa dirección es para el área de los ricos que están al otro extremo de la ciudad y no puedes llegar caminando. Camila no conoce con exactitud toda la ciudad, a penas conoce el trayecto del club a la escuela y a la biblioteca. Pero sabe de alguien quién puede ayudarla. —Tú —Camila lo mira de reojo al hombre que está de pie atrás de ella. —¡Yo! —se sorprende Joseph—, ¿si sabes en el riesgo que me metes, si Manuel se da cuenta de que te estoy ayudando? —Claro que lo sé, pero no tengo a nadie más en quien confié y aparte tú e

