—No digas esas cosas, ¿De acuerdo? —Lo miró retadora. —¿Estás agitado? —Al verlo desviar la mirada maldijo. —Jacob, llévame a una clínica, rápido.
—No necesito de su dinero, déjeme en paz. —Gruñó temeroso por tanta preocupación de su parte. —Tengo mi dinero, mire. —Al mostrar el billete de cien, Elizabeth lo comprendió. Quien sea que lo estuviera obligando a dar las noticias, le pagó una miserable cantidad de dinero por el riesgo tan grande que tomó.
—No me importa que tengas dinero, yo te llevaré a una clínica y ahí tendrás que decir tu nombre o haré que te metan a la cárcel, ¿Entendido? —Al verlo pasar saliva con dificultad, asintió satisfecha.
Afortunadamente, el asma de Ossian, cómo se llama el niño de apenas catorce años, no fue tan grave y el tiempo que pasaron en la clínica fue incluso menor del que se tomaron para comprarle ropa y las cosas personales.
James miró a su mujer entrar a la habitación desde la oscuridad, al estar en una esquina, pasó desapercibido. Observó sus caderas, sus pechos y su vientre, nada indicaba que ella tuviera un hijo, pero apenas la conoció hace cuatro años, nada le garantiza que antes su cuerpo era igual.
—Has llegado.
—¡Por Dios! —Elizabeth dio un brinco y se apresuró a encender la luz. —James, ¿Qué haces en esa esquina? Creí que estabas divirtiéndote. ¿Acaso declinaste la invitación de tus colegas? —Se cruzó de brazos, pero James, sin cambiar su gesto serio, se puso en pie. —¿Gordi? —Lo miró un tanto extraña, no se ha abalanzado a ella y su seriedad no es normal. —¿Qué sucede? —Fue ella quien inició a acercarse.
—Ese secreto que tenías con mi madre. —Elizabeth dejó de respirar. —Esa noche que entré al despacho y ambas callaron, esa maldita noche que te vi llorar con esa desesperación y tú no hiciste más que callar. Quiero que me lo cuentes ahora.
—James...
—Todo, Elizabeth. —El corazón le dejó de latir al escuchar su nombre completo en ese tono. —¡Tuviste un hijo con Christian! —Gritó dolido. —Tantas veces que te hablé de mis deseos de tener un hijo y tú cállate. —Se sintió estúpido. —Todas esas veces que te contaba como nos veía con un niño y no me dijiste nada. ¡Yo te estaba tocando una fibra y ni aun así me dijiste algo! ¿Cómo pudiste guardarme eso? ¿Cómo pudiste abandonar a tu propio hijo?
—¡Mi hijo murió! —Gritó, dolida por su mirada de decepción y su acusación. —Mi hijo murió cuando lo di a luz. —Las lágrimas iniciaron a saltar de sus ojos. —En la cárcel no me alimentaba bien, sufría maltratos y todo eso afectó el nacimiento de mi bebé. —Inició a temblar. —Yo no abandoné a mi bebé, nació sin vida y por ello me lo quitaron al instante, ni siquiera pude despedirme de él. ¿Cómo puedes creer que yo lo abandoné? —James la miró a los ojos y el llanto es el mismo de aquella noche.
—¿Trataste de investigarlo?
—Sí. —Sollozó llena de dolor. —Por eso nos viste a tu madre y a mí esa noche hablando entre lágrimas. Me dijeron que mi bebé había sido donado a una universidad, pero cuando fui no fue así, después me dijeron que lo cremaron y votaron sus cenizas por ahí... Porque no tenía a nadie que lo reclamará... ¡Por supuesto que busqué a mi hijo! —James, sin poder soportarlo más, la abrazó con fuerza.
¿Cómo es posible que Christian estuviera con el bebé? Si él se lo hubiera arrebatado, no la hubiera culpado por abandonarlo, ¿Qué estaba pasando entre su esposa y esa familia? ¿Quién pudo ser tan minucioso e inteligente como para ponerlos en contra sin que ninguno de los dos dude del odio y resentimiento que tienen?
—Aaahhh. —James soltó a Elizabeth y se llevó las manos a la cabeza, el horripilante dolor lo hizo encogerse.
—James, ¿Qué sucede? —Elizabeth, olvidándose de su propio dolor, lo llevó a la cama.
—Tranquila, estoy bien. —Parpadeó varias veces. —Estoy bien. —Susurró recuperando el aliento. —Lamento atacarte de esa manera, lo siento tanto... —Eli negó, no quiere hablar sobre el tema, no quiere seguir profundizando en esa herida y aunque le cause curiosidad el saber cómo se enteró de aquello, prefiere pasar de eso. —Eli, Christian...
—Por favor. —Lo detuvo. —No me hagas esto. —Lo miró a los ojos. —No continuemos con este tema, te lo ruego. —James, finalmente asintió comprendiendola.
—¿Por qué has venido tan tarde? —Limpiando sus lágrimas, se sentó a su lado.
—Encontré al responsable de vender las noticias falsas. —Jame la miró al instante.
—Llévame con ese desgraciado de una buena vez. —Elizabeth lo detuvo y negó.
—Es tan solo un niño, cielo. Alguien lo manipuló y él se niega a hablar. —James frunció el ceño.
—¿Quién pudo ser tan cruel como para utilizar a un niño? —Resopló. —¿Hablaste con sus padres? —El brillo en los ojos llorosos de su mujer le respondió al instante. —Está aquí, ¿Cierto? —Elizabeth lo tomó de la mano y lo guío al comedor.
—Eh, ¿Qué le ha hecho a la señorita? —Ossian se puso en pie. —¿La ha hecho llorar? —Lo miró molesto.
—Eh, calma macho. —James lo miró impresionado. —Jamás le haría daño a mi esposa. —Eli, sin poder resistirse más, se echó a llorar. Siempre se imaginó a su hijo así, ojos grises, cabello oscuro y siendo terrible en su comportamiento. Lo imaginó con el mismo temperamento difícil de su padre.
—Bien, pero si le llega a hacer algo, se las verá conmigo. —Limpió su morro sucio por la comida.
—¿Por qué no inicias por decirnos quien te envió a vender las noticias?
—James. —Elizabeth lo detuvo. —No lo presiones, por favor. Sin él, el responsable buscará otros medios y entonces podremos dar con él. —El aludido no hizo más que suspirar y ver al chaval atragantarse prácticamente con la comida.
Su esposa no lo llevó a un albergue y eso significa mucho, quizás tenga un plan, o simplemente se activó su vena maternal.
Ahora que sabe su secreto, puede comprender muchas cosas, su pasión por los niños, el respeto que les tiene, el amor que les brinda y la ayuda que siempre lucha por darles. Él le habló una y mil veces de tener un hijo sin saber qué esa conversación la lastimaba. Se siente tan culpable que no puede ni mirarla a la cara.