—No me mires así. —James anudó su corbata. —Ha pasado una semana, es tiempo. —Elizabeth lo observó por el reflejo del espejo que su marido utiliza para mirarse y suspiró.
—Está solo, Gordi, Ossian no tiene a nadie. —James dio media vuelta para mirarla de frente.
—Puedes llevarlo a un albergue, ahí estará bien. —No dio su brazo a torcer. —Habla con las trabajadoras y pide un trato especial para él. Estoy seguro de que te tomarán la palabra, después de todo tú eres la dueña. —Elizabeth frunció el ceño.
—Yo también estaba sola. —Le recordó. —Tu madre tenía muchos albergues, los mismos que yo lidero ahora y a ella no le importó quedarse conmigo. —James resopló, sabía que la tardanza en llevar al niño al albergue o a una casa hogar significaba algo.
—Cariño, tú eras ya una mujer y no eras una hacker profesional.
—¡Por el amor de Dios, James! —Protestó indignada . —Él no tiene culpa de tener esa capacidad a su edad, ¿Por qué te cuesta tanto? Cielo... sería la oportunidad de tener un rol como padres.
—Hay muchos bebés esperando a ser adoptados, ¿Por qué te interesas en un adolescente problemático? —A Elizabeth le dolió sus palabras. Su esposo se está comportando justo como las personas que se deshicieron de Ossian.
—Es un buen niño, necesita amor y compresión, es todo. —James maldijo internamente.
—Lleva al niño para que reciba ayuda. —Acercándose a ella, besó su frente. —Nos vemos para la cena. —Elizabeth lo miró irse, ¿Por qué es tan inflexible? La última semana Ossian ha demostrado ser un niño dulce y trabajador. Se ha esforzado para que él lo acepte y parece que nada funcionó.
Tras terminarse de arreglar, tomó su bolso y salió directo al comedor, es el lugar favorito de Ossian y la verdad que el de ella también.
—Buenos días, señora. —El chaval la miró con ojos brillantes, nunca en su vida había conocido a alguien tan puro que lo tratara bien a pesar de haberse criado en casa hogares y en la calle.
—Buenos días, guapo. —Elizabeth sonrió enternecida, el chico es una chulada. —Ossian, hoy debo llevarte a la casa hogar de dónde escapaste. —La sonrisa y toda la felicidad se esfumó de su rostro. —Lo siento, pero es lo correcto. —Ossian se levantó de su puesto y la miró de frente.
—Por favor. —Pidió suplicante. —No me lleve a ese lugar, se lo ruego... yo puedo limpiar los platos, fregar el piso, trabajar en el jardín, sacar la basura todos los días, limpiar los zapatos del señor, hacer lo que usted me pida, incluso prometo jamás hacker algo en la vida, pero no me abandone, no me haga lo mismo que los demás. —Elizabeth contuvo las ganas de llorar, ¿Qué corazón tenía ella para dejar a ese niño solo y desprotegido?
—Ossian...
—Por favor... hui de ese lugar hace un año, no me devuelva, se lo suplico. —Eli mordió sus labios con fuerza. ¿Perderá la cabeza James si hace lo contrario a lo que le pidió? Solamente hay una manera de averiguar.
—Bien, pero debemos ir al orfanato antes, ¿De acuerdo? —Ossian la miró con desconfianza. —Oye, prometo no dejarte en ese lugar ni en ningún otro, ¿Puedes confiar en mí? —Dudando por todas las cosas que ha vivido, se mantuvo callado, pero tras profundizar en esa dulce mirada, finalmente asintió.
—De acuerdo. —Elizabeth agrandó la sonrisa, siente una emoción única por lo que sucederá. Ese niño la llena de ternura y no hay más placer que tenerlo junto a ella.
Pasado el desayuno, Elizabeth y Ossian salieron de casa riendo como los últimos días. Tal parece que ambos se complementan y la rápida conexión que han hecho es sólida como si fueran madre e hijo.
Por su lado, Christian, no vive en paz desde que le confesó su mayor secreto al marido de la mujer que más odia, se culpa una y otra vez por el grave error que cometió. ¿Cómo pudo contarle semejante cosa a ese tipo? Se maldice siempre que puede.
Megan no sigue mejor desde la discusión que tuvieron en el restaurante, enfrentar a su esposo no fue lo ideal y ahora lo entiende. Lo ha alejado por sus ataques de celos y no encuentra la manera de acercarse a él.
Débora nota el comportamiento de su hijo y sospecha algo que se niega a creer, la relación de su hijo siempre ha estado al borde del colapso, pero ahora todo es más evidente y se habla de ello.
No está teniendo el control que siempre ha tenido en su hijo y eso le molesta, no poder saber cada paso que da y no poder persuadirlo para que haga lo que ella quiere y lo que mejor es para él, es muy frustrante.
—¿Has podido arreglar las cosas con mi hijo? —Megan fijó la mirada en la taza de café y negó. —¿Cómo es posible que no puedas contentar a mi hijo? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué has discutido con él esta vez? —Megan se tensó al recordar las amenazas de su marido, si le llega a decir algo referente a Elizabeth, a su suegra, Christian se lo hará pagar muy caro.
—No es nada, suegra. —Alzó la mirada y forzó una sonrisa. —Simplemente, me enteré de que fue a ver a esa mujer y no me gustó. —Débora enarcó una ceja, lo cual la hizo ver más imponente.
—¿A qué mujer te refieres? —Megan inició a apretar sus manos bajo la mesa.
—A Elizabeth Ferguson. —Contestó en un susurro.
—¡¿Acaso estás loca?! —El tono de voz la hizo dar un brinco en su silla. —¿Cómo puedes ser tan estúpida? —Megan inició a temblar de pie a cabeza. —Esa maldita mujer nos está robando a los clientes y con ello nuestra posición como mejor compañía constructora. —Débora la miró furiosa, pensando en que el único motivo por el que la soportaba y la dejaba estar con su hijo era porque su familia es de renombre y ese dinero ayuda mucho a su compañía. —Mi hijo está trabajando, él debe acercarse a esa mujer para saber cómo sobrellevar las cosas, ¿Cómo te atreves a intervenir en esto?
—Suegra, yo...