Capítulo 10: No Mientas

1087 Words
Christian la miró por un momento y la furia creció en él, ¿Cómo podía estar tan tranquila después de todo lo que se dice de ella en la prensa? ¿Acaso es verdad lo que se habla? ¿Por qué coño ella no pone a quien se está encargando de vender esas noticias? Se maldijo furioso, a él no debería importarle nada de ella. —¿Crees que por tener poder puedes meterte con todos? —Elizabeth frunció el ceño confundida. —¿Crees que todos deben tenerte miedo y por ello haces lo que quieres? —Se acercó más a ella, al punto de que sus alimentos se mezclaran como si estuvieran envueltos en un beso. —¿Crees que puedes meterte con mi esposa? —Elizabeth lo miró a la cara con incredulidad, pero cambiando si gesto por uno más relajado, sonrió. —Señor Hamilton, qué buen esposo es. —Dijo con sarcasmo, sabiendo todos los problemas por lo que su matrimonio está pasando desde que inició. —Temo contradecirle en solo un cuestionamiento. —Ladeó la sonrisa. —Puedo meterme con su esposa, pero ella no es de mi interés. —Christian se acercó un poco más, provocando que Elizabeth jadeara por la presión que él ejerce sobre su cuerpo, ¿Acaso piensa él que ella es la misma chica nerviosa que se dejaba presionar? —Apártate, Christian. —Ordenó diciendo por primera vez su nombre desde que volvió. Christian por su parte, sintió como su estúpido corazón iniciaba a alterarse, siempre lo dijo, su nombre saliendo de esa inocente boca sonaba celestial, pero ella ya no es esa dulce chica de la que él se enamoró, así que le repugna. —No me voy a apartar hasta dejarte las cosas claras. —Gruñó incluso más molesto que antes. —No te metas con mi familia, ¿Lo has entendido? He visto a mi madre subir al ascensor y no me gusta que esté contigo. —Elizabeth carcajeó con ganas. —Por el amor de Dios... mírenme bien, soy una mujer que puede corromper a una vieja desgraciada. —Soltó sin contenerse. —Fue tu madre quien vino aquí, pero no te debo ninguna explicación. —También le hizo presión, no se dejaría aplastar por él. —Es más, yo le agradecería a usted, que le pidiera a su familia que me deje en paz, incluyéndolo a usted. —Christian se tensó al sentir su pequeño cuerpo más pegado al de él. —Son las palabras de una mujer que no le importa su imagen. —La miró con asco. —Son las palabras de una mujer que se acuesta con hombres para obtener beneficios. —La bofetada resonó en el lugar y el empujón lo obligó a apartarse de ella. —Respétame, Christian. —Atónito por lo que pasó, la miró a los ojos. Ella jamás golpearía a alguien por muy enojada que estuviera, ¿Cómo puedo cambiar tanto? —¿Qué te respete? —Atacó recordando todo lo que ella le hizo, tal parece que estar cerca de ella le hace olvidar todo lo que sufrió. —Me da asco saber que estuve involucrado contigo y que ahora seas el blanco de la prensa, me da asco saber que tú te enrollas con esos estúpidos que a la final hacen esto que están haciendo ahora. ¡Dejándote ante el mundo como la zorra que eres! —Sus palabras lastimaron a Elizabeth, pero decidió no golpearlo nuevamente, su mano dolió por el impacto y le desagradó golpear a alguien por primera vez en su vida. —Lárgate de mi despacho o llamaré a seguridad. —Parpadeó varias veces para borrar las lágrimas de sus ojos. —No quiero verlos a tu familia o a ti, dile a tu mujer que se aleje de mí o la voy a destruir, dile a tu madre que no me busque más, y por tu bien, no vuelvas aquí. —Christian la miró fijamente, finalmente está viendo lo que su madre le dijo incluso antes de que ella lo destruyera, se está dando cuenta el tipo de mujer que es, se está percatando de que él fue el único que sufrió todos estos años. —Le pido a Dios, que te devuelva al maldito lugar donde has estado estos malditos nueve años, le pido a Dios que sufras como te lo mereces. —El odio en sus palabras erizaron la piel de Elizabeth. —Te odio, Elizabeth, te odio con todas mis malditas fuerzas... te odio porque tienes la culpa de todo, tú... —Limpiándose la saliva que rodó por su barbilla, dio media vuelta y salió del despacho. Elizabeth soltó el aire y se sostuvo al cristal para no desmayar, ¿Por qué la odio? Fue él quien la lastimó de esa manera tan cruel, ¿Por qué le pide a Dios tales cosas si fue ella quien pasó por un infierno? ¿Acaso está furioso porque ella volvió y puede decir la verdad de los hechos? Asintió, no hay otra respuesta, él sabe que ella puede manchar el nombre de su familia. —Madame, ¿Está bien? —Elizabeth miró a la joven y asintió. —¿Le hizo algo? El señor estaba muy molesto y... —Estoy bien, Lena. —Trató de sonreír. —Y te he dicho que me digas, señora, no madame. —Soltó el cristal y caminó a su escritorio. —Quiero que hables con el investigar, dile que busque la fuente y dé con quien ha estado vendiendo esas noticias de mí. —Lena asintió sin cuestionar y salió del despacho, su jefa prohibió buscar al responsable y su cambio de planes la intriga un poco. El timbre del teléfono interrumpió los pensamientos de Elizabeth, quiso ignorarlo, pero al ver el número tomó la decisión de responder. —¿Cómo está mi Cuqui? —La voz animada de James le sacó una sonrisa. —¿Cómo está yendo esta mañana? ¿Puedo pedirle permiso a mi esposa para salir a divertirme después del trabajo? —Elizabeth no pudo evitar reír, ese hombre con solo hablarle le cambia el estado de ánimo. —Puede pedirle permiso. —Dijo guardándose las cosas. —Pero ya lo sabes, cuídate mucho y no te pases. —James descompuso el gesto. —¿Qué sucede? —Elizabeth cerró los ojos, ¿Cómo puede saber que no está bien sin mirarle a la cara? —No me mientas, ¿De acuerdo? —Elizabeth resopló ruidosamente.
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