Capítulo 16: Necedad

1124 Words
—Sal de mi vista. —La calló recuperando la compostura. —Y es mejor que tu salud mejore, necesitamos tu buena presencia y la imagen de la perfecta esposa. Por lo menos haz eso bien. —Megan se puso en pie de inmediato, cuando habla despacio da incluso más miedo que cuando grita. James miró los documentos y resopló, el caso que está llevando es más complejo de lo que pensó. Su defensa es sólida, pero la contraparte le está dando batalla y lo está haciendo de la mejor manera. Debió ser abogado familiar y no de herencia. —Pase. —Se echó hacia atrás para reposar la cabeza en el sofá, le está matando el dolor. —Ferguson. —Al escuchar esa voz, frunció el ceño y rápidamente abrió los ojos. —Así que es verdad, eres abogado. —James alzó las cejas, comprende por qué está ahí, lo que no entiende es por qué tardó tanto. —Lo soy. —Dijo incorporándose. —El mejor en mi campo. —Sonrió con una arrogancia que le detestó a su visitante. —¿Cuál es el placer de tu visita, Hamilton? —El recién llegado soltó un largo suspiro. —Ambos sabemos por qué estoy aquí. —James le mostró la silla frente a él. —Por favor, ponte cómodo, ¿Algo de beber? —Christian negó después de sentarse. —Semana atrás te mencioné algo que no debí. —Lo miró a los ojos. —Vengo aquí a pedirte discreción. —James lo miró atento, observando el dolor y la incomodidad que le produce hablar del tema. —Verás, siempre mantuvimos a mi hijo alejado del mundo por su delicado estado de salud y cuando murió hicimos lo imposible para que la prensa no se centrara en ello y lo conseguimos. No me gustaría que después de tres años esto saliera a la luz. —Christian lo miró a los ojos, con la misma incertidumbre de hace una semana. —Te estás preguntando que si le conté a Elizabeth, ¿Cierto? —Christian no respondió, es muy evidente su preocupación. —Dime, Christian, ¿La mujer a la que amaste, era capaz de abandonar a su propio hijo? —La seriedad de Chris dominó cualquier otro gesto. —No he venido a que me cuestiones, he venido a pedirte tu silencio y nada más. —James lo comprendió, pero no podía quedarse de brazos cruzados. —Dime, Christian, ¿Trataste de investigarlo alguna vez? —El aludido se puso en pie. —No he venido a que me hagas preguntas estúpidas, no sabes nada y no tienes derecho a preguntarlo. —Por supuesto que lo tengo. —También se puso en pie. —Es mi esposa y de quién estás hablando es el hijo que ella dio a luz. —La furia de Christian aumentó considerablemente. —¡Y al que abandonó en un hospital sin remordimientos! —Gritó. —Esa mujer para mí siempre será una maldita bruja, no importa cuánto trates de defenderla. Después de todo, ella tiene el don de volver a cualquier hombre un estúpido y ciego. —Quizás las cosas no son como las crees. —Trató de hacerle pensar las cosas. —Quizás Elizabeth... —¡No me interesa! —Lo cortó. —Solamente te pido que guardes silencio y no menciones lo que te dije. —Sin esperar a escuchar algo más, se retiró del despacho. James maldijo en un gruñido, no solo su esposa es una cabezota que no quiere ver más allá de los hechos, Christian es igual de imposible y está claro que con ninguno de los dos se puede mediar. —¡Carajos! —Golpeó el escritorio. —Si tu esposa se entera, te matará. —Dijo recordando la tarjeta de presentación que le facilitaron una vez. —Solange, busca la tarjeta que te di y consígueme una cita. —Cerró la llamada, no le han dejado más opción. Elizabeth miró a la mujer a los ojos, con el corazón acelerado y los pensamientos viajando a mil por hora. Lo que escuchaba de la mujer es algo difícil de creer, incluso mirando los papeles no puede dar crédito ni entender las cosas que le explica. —Entiendo. —Dijo con la cabeza hecha un lío y con sus pensamientos confusos. —Lo adoptaré. —Dijo con firmeza. —No debe preocuparse de nada, no diré que el niño se escapó hace un año, yo guardaré silencio. —La mujer la miró agradecida. —Aquí tiene el cheque. —Lo deslizó hasta dejarlo frente a ella. —Gracias por darme la información. —La mujer sonrió. —Y gracias a usted por su discreción. —La mujer deslizó unos documentos. —Aquí está toda la información del niño, desde su nacimiento hasta hace un año que se escapó, también están los papeles de adopción. Para evitarle perdidas de tiempo, puede firmarlo con su pareja en casa y traerlos después para hacer legal la adopción. —Elizabeth se puso en pie después de tomar los papeles. —Los traeré mañana mismo. —Sonrió un poco perturbada. —Los estaré esperando. —La mujer también se puso en pie. —Por favor. —Le mostró la puerta. —La acompaño. —Elizabeth tomó la delantera y fue escoltada por la mujer hasta la puerta principal. Tras un asentimiento cómo despedida, se dirigió al auto donde aguardaba Ossian junto a Jacob. El chaval se negó a entrar. —¿Vienen por mí? —El pánico en su mirada obligó a Elizabeth a cambiar el gesto. —¿Por qué tenía esa cara? —Preguntó lleno de miedo. —¿Le han dicho todas mis fechorías? Prometo que cambiaré, con usted me portaré bien, lo haré porque usted me trata bien, no es como ellos. —Elizabeth lo abrazó sin decir nada. —¿Está llorando? —Preguntó asombrado, ella llora mucho. —No, no estoy llorando. —Mintió limpiando sus lágrimas. —Es solamente que estoy muy feliz. —Lo miró a los ojos al apartarse. —Jacob, llévame al trabajo, después quiero que lleves a Ossian a casa. —Sí, señora. —El gigantón se puso en marcha, disfrutando ver a su señora llena de felicidad. —La tengo a la vista, acaba de salir de una orfanato. —Informó colocándose el móvil al oído. —Bien, no la pierdas de vista, quiero saberlo todo de ella, que sea lo más pronto posible. —Entendido. —Cerró la llamada listo para seguir el auto de vidrios oscuros. Es difícil seguir el rastro de una persona que tiene tan buen equipo de seguridad, pero debe hacerlo o posiblemente su cabeza rodará en cuestión de tiempo.
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