Capítulo 2

2436 Words
Francescca —¿Mamá a dónde vamos? —pregunté a mi madre mientras nos dirigíamos a las afueras de la ciudad. —Tranquila cielo, solo daremos un paseo —respondió. Entonces abrí los ojos, desde que tengo memoria ese sueño me persigue cada noche, aquella época gris de mi pasado sigue presente sin importar cuanto intente olvidarlo, es una señal de que esa pesadilla no desaparecerá del todo. Un poco adormilada tomé el despertador que se encontraba en la mesita de noche y miré la hora, casi caigo de la cama al darme cuenta de que eran casi las siete de la mañana. ¡Iba tarde a mi primer día de trabajo! Salí disparada de la cama y me dirigí a la ducha, era un día frío, así que, opté por usar una falda de tubo color rosa palo, un suéter de cuello alto color n***o y una chaqueta que hacia juego con la falda. —Buen día, preciosa —saludó Varick en cuanto me vio entrar a la cocina. —Voy tarde —respondí a su saludo mientras me apoyaba en la pared para poder colocarme adecuadamente los tacones. —Parece que se te pegaron las sábanas —se mofó, rodé los ojos mientras aceptaba la taza de café que me ofrecía. —No eres de ayuda —solté, le di un sorbo al café para después tomar mis llaves y salir disparada hacia el trabajo, pero antes de que pudiera entrar Varick me detuvo —. ¿Qué? —Él me dedicó una media sonrisa. —Te llevo —Varick terminó de beber su café para después tomar las llaves de su auto —. Es la primera vez que estás en la ciudad, podrías perderte además — hizo una leve pausa mientras sus ojos me miraron de arriba a abajo —tu vestimenta te hace ver muy linda, así, alguien podría hacerte daño o faltarte al respeto —eché un último vistazo a mi atuendo ¿acaso me veía mal? —¿Qué está mal con mi atuendo? —Varick se acercó a mí y depositó un corto beso sobre mis labios. —Estás preciosa, pero deberías considerar cambiarte —respondió —. Una mujer tan atractiva es tentación para cualquier hombre. ¿Por qué no consideras dejar de usar faldas? —No empieces con eso de nuevo Varick —tomé mi bolso y mi portafolios para salir del departamento. Nos detuvimos frente a un gran edificio, era mucho más sorprendente que en las fotografías que vi antes de mudarme y ahora no podía creer que en realidad me encontraba aquí. Bufete Jurídico de Nueva York. —Llegamos —Varick abrió la puerta para que pudiera salir. —No puedo creerlo —musité; sin embargo, una mueca de desagrado por parte de mi prometido no pasó desapercibida. —¿Estás segura que estarás bien? —Estaré bien —aseguré —. Ve tranquilo. —Sabes que si cambias de opinión siempre tendrás las puertas abiertas en mi bufete —sonreí conmovida, sabía que él se preocupaba por mí. —Sabes que aprecio tu oferta —tomé sus manos entre las mías —. Pero esto es lo que siempre he querido y no dejaré pasar esta oportunidad —Varick sonrió poco convencido. —Esa es mi chica —él atrapó mis labios en un fugaz beso —. Ahora ve —sonreí como respuesta y bajé del auto para enfrentarme a mi nueva vida. [...] —Buen día —saludé a la secretaria que se encontraba a la entrada del bufete. —Buen día ¿en qué puedo ayudarla? —Respondió con una sonrisa amable. —Soy Francescca Tremblay y tengo una cita con la licenciada Anne Vólkov —informé. —Entonces tú debes ser la chica que viene de la universidad ¿cierto? —Asentí —. Perfecto, tengo que llevar unos papeles a la oficina central, pero en cuanto vuelva te llevaré con la licenciada Vólkov ¿de acuerdo? —Sí, está bien —acepté —. Esperaré aquí entonces —vi como la secretaria desaparecía a toda velocidad dejándome esperando justo enfrente de su cubículo. Miré detenidamente el lugar, las personas iban vestidas con trajes formales y sosteniendo miles de documentos entre sus manos, seguramente de algún caso importante. Pero lo que más llamó mi atención fue la cantidad de personas que entraban a solicitar los servicios de los abogados. —Lexa necesito que envíes estos documento a... —Una mujer rubia se detuvo frente al cubículo de la secretaria, pero se detuvo al ver que este se encontraba vacío —¡Rayos! A buena hora se le ocurre desaparecer a esa inútil —. Escupió molesta. Tan solo verla pude deducir que se trataba de una de las abogadas del bufete, pero era una lástima que tuviera una actitud tan desagradable, la desconocida pareció percatarse de mi presencia, ya que, se abstuvo de decir otro tipo de comentarios desagradables. —¿Tú quién eres? ¿Viniste a solicitar un servicio o algo? —Preguntó con muy poca educación. —No —respondí con la mejor de mis sonrisas —. De hecho vengo a... —Seguramente vienes al puesto de asistente, pero déjame decirte algo querida, soy una persona exigente y no tolero las incompetencias ¿entendiste? —No pude evitar soltar un risa, vaya chica tan molesta. —No, de hecho soy la nueva integrante del bufete —me atreví a hablar con la misma arrogancia que ella, no iba a permitir que tratara de humillarme. Ella no parecía muy feliz al saber que iba a trabajar aquí porque la sorpresa y el desagrado eran evidentes en cada una de sus expresiones, sus ojos me escaneaban de arriaba abajo como si fuera una amenaza. —¿De verdad? —Dijo con ironía —. Conozco a las de tu clase, una provinciana que cree que sabe todo, pero déjame decirte algo querida, para llegar a un puesto se necesita astucia, así que, no vengas a hacerte la interesante. —No sabía que tuvieras tan baja autoestima como para creer que cualquier persona es una amenaza —aquella bruja me miró con los ojos bien abiertos que hasta creí que iban a salirse de su órbita. Necesitaba una lección. —Eres una... —¡Skye! —Una chica se acercó a nosotros, vestía un pantalón de vestir color verde militar y una blusa color n***o, lucía fresca y elegante —. ¿No deberías atender al señor Morrison? Él te está esperando en tu oficina. Skye bufó para después lanzarme una última mirada, sacudió su cabello y después se alejó meneando excesivamente las caderas ¿cuál era su problema? —Gracias —sonreí a la chica que me había sacado de esa incómoda situación. —No hay de que —dijo devolviéndome la sonrisa —. Hay veces que Skye necesita que le den una lección —ella se acercó a mí y susurró en mi oreja —. Ella puede ser una tarántula ponzoñosa en algunas ocasiones —no pude evitar reírme ante aquella comparación y debo admitir que no le quedaba nada mal —. Soy Clarise, pero puedes llamarme Clary. —Francescca, pero puedes decirme Franny —me presenté mientras aceptaba la mano que me ofrecía. —No pude evitar escuchar la conversación ¿así qué tu eres la chica que viene de la universidad? —Asentí. —Así es, quedé con la licenciada Vólkov a las nueve. —No se diga más, yo te llevaré a su despacho —se ofreció. La seguí por los amplios pasillos del bufete, cada pasillo estaba iluminado por la luz matutina gracias a los amplios ventanales de cristal que adornaban el edificio, este lugar superaba mis expectativas en muchos sentidos, nada se comparaba con la emoción que me invadía en cada momento. —Aquí es —señaló las grandes puertas de una oficina —Ann voy a entrar —avisó antes de abrir la puerta. ¿Ann? Recuerdo que antes de realizar los trámites a este bufete investigué y descubrí que la licenciada Anne Vólvok era la mejor abogada de todo el país, ella era conocida por jamás haber perdido ningún caso, ella era una mujer respetada, así que, me resultó extraño la confianza con la que Clary le había hablado. — Adelante —tras esas enormes puertas se encontraba una mujer de aproximadamente cuarenta años de edad, su seriedad y madurez le daban un toque de superioridad y elegancia cautivando a quien la viera. —Ann ella es Francescca...—Clary me miró esperando a que mencionara mi apellido. —Trembley —respondí —. Soy Francescca Trembley. —Eres la chica que viene de la universidad de Minnesota —afirmó. Yo solo me limité a asentir —. Soy Anne Vólkov, es un placer conocerte —. Estreché su mano, ella no era para nada una mujer arrogante como la pesada de Skye. —El placer es mío. —He visto tus calificaciones y tu desempeño a lo largo de la carrera. En realidad me sorprendiste —no pude evitar ruborizarme ante tal elogio, la opinión de una mujer tan importante como ella era muy importante para mí. —Me halaga licenciada. —Ann —corrigió —. Llámame Ann. —No podría. —Francescca —el tono en como había dicho mi nombre fue autoritario haciéndome estremecer —. En este bufete nos basamos principalmente en la igualdad, aquí todos somos un equipo y nos apoyamos los unos a los otros y la confianza es esencial entre todos los abogados ¿queda claro? —Muy claro —afirmé sin ocultar mi sonrisa. —Será un placer trabajar con usted —y diciendo eso salió del despacho. —Franny —llamó Clary emocionada —. Te mostraré todo el bufete. —Me encantaría —respondí con la misma emoción. Clary me mostró cada rincón del bufete, desde la biblioteca hasta la sala de reuniones en donde nos veríamos cada mañana a primera hora para discutir cada caso y aportar ideas a nuestros colegas, mis ojos brillaron ante esa idea, no podía esperar hasta mañana para que me asignaran mi primer caso. —¿Ya sabes a que área te dirigirás? —La pregunta de Clary me sacó de mi ensoñación. —Derecho penal —respondí sin dudar, pero a Clary pareció caerle de sorpresa porque se detuvo en seco. —¿Derecho penal, en serio? —Elevé una ceja sin comprender su interrogante. —Sí ¿qué tiene de malo? —Nada —Clary elevó sus manos hacia el frente haciendo un extraño ademán de manera despreocupada —. Solo que es extraño que una mujer se quiera dedicar a esa área —la miré inexpresiva tratando de averiguar hacia donde quería llegar —. Lo más común es que vayan al área de derecho familiar como yo. —Ya veo. Debí imaginármelo ¿cómo era posible que una abogada como ella denigrara a nuestro propio sexo creyéndonos incapaces de manejar un área para hombres? El resto del recorrido transcurrió en silencio hasta que nos detuvimos en un amplio salón. —Esta es la sala de descanso —mencionó, el lugar era amplio y tranquilo. Una máquina de café se encontraba en la parte posterior de la sala junto con una mesa de aperitivos, sofás y un televisor complementaban el lugar, este lugar era la definición perfecta de la una sala de descanso. —Creo que voy a amar este lugar. —Yo ya lo hago —secundó Clary para después llevarnos al centro de la sala donde se encontraban reunidos algunos de los abogados de los cuales no me había percatado de su presencia —¡Ey! —Dijo Clary llamando su atención. —Clary ¿qué sorpresa? — Él era de estatura media, su cabello era rizado y castaño, su nariz era respingada y de ojos grises, un hombre guapo —. Veo que tienes compañía ¿no nos presentas? —Ella es Francescca Trembley y trabajará con nosotros una temporada —anunció Clary. —Es un placer conocerte, soy Joseph Ford —se presentó. —El placer es mío —respondí. —Espero que seamos amigas Francescca, yo soy Candace Murphy —una chica rubia se presentó amablemente, debo decir que su sonrisa es contagiosa. —Me encantaría Candace, pero por favor llámenme Franny. —Soy Chad Cooper, cariño —se presentó un castaño de ojos azules quien no desaprovechó la oportunidad para coquetear conmigo, ya que tomó mi mano y dejó un beso en mi dorso —. Si necesitas ayuda no dudes en pedírmelo. —Ya basta Chad —mencionó otro chico, era joven pero su actitud seria y su formal forma de hablar lo hacía lucir mayor —. No es de buena educación coquetear a una mujer comprometida —instintivamente llevé mi mano hacia el lugar donde debía encontrarse mi anillo de compromiso, pero para mi sorpresa no estaba. Debí olvidarlo esta mañana. —¿Cómo lo supiste? —La marca que llevas en el dedo indica que usas una joya y la única joya que se usa en el dedo anular de la mano izquierda es un anillo de compromiso —él sonrió con arrogancia, era como si hubiera hecho un gran descubrimiento. —¿Quién eres Sherlock Holmes? —Pregunté, aún sin salir de mi asombro. —No, soy Marco Parisi. Un placer. —Es una lástima —Chad hizo un puchero —. Pero la oferta sigue en pie, además debo aclarar que tus ojos bicolor son hermosos —Chad me guiñó el ojo. Me sorprendí ante su perspicacia, nadie había notado el peculiar color de mis ojos, usualmente solía pasar desapercibida. —Es verdad —Clary me tomó del brazo para mirarme a los ojos —. Tienes heterocromia —no me avergonzaba de mis ojos al contrario, me hacían sentir única. Uno de mis ojos era color verde mientras el otro era una extraña combinación de marrón con toques azules. —Ahora sabemos que a pesar de ser una engreída también es un fenómeno —esa era la voz de la tarántula de Skye. —Cierra la boca Skye —regañó Clary con la intención de defenderme, acción que agradecía, pero yo misma podía con ella. —¿Qué? —Pregunto de manera inocente —. No dije nada que no fuera verdad. —Mira... Pero antes de que Clary continuara, la puerta del salón se abrió dejando entrar al primer hombre que fue capaz de robarme el aliento.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD