Gianfranco daba vueltas en la cama, no podía conciliar el sueño, el llanto de sus sobrinos era desesperante. Gianna había decidido quedarse en casa de sus padres mientras se recuperaba del parto, además en la hacienda la iban a ayudar con el cuidado de los bebés y de Luisana y Lionel. Georgina no salía del hospital, porque su bebé seguía en la incubadora y ella debía alimentarlo. —¡Callen a esos bebés! —gruñó exasperado, pero en realidad lo que no lo dejaba dormir era el recuerdo de Marypaz, en esos días ella no se había comunicado con él, esperaba que lo hiciera, que le escribiera, que lo llamara, pero parecía como que se hubiera olvidado de su existencia, y él era demasiado orgulloso para dar el primer paso. La Duquesa también ladró en repetidas ocasiones al escuchar a los bebés llor

