—¿Me quieres chupar la sangre? —susurró ella. —No, deseo solo eso —murmuró él con la voz ronca, le siguió recorriendo la garganta, sentía como ella se estremecía, había descubierto un punto vulnerable—, quiero todo de ti —susurró, enseguida la agarró de la cintura y la acomodó sobre las suaves sábanas del colchón. Marypaz lo miró a los ojos, su pecho subía y bajaba agitado, sentía la respiración de él, muy cerca de sus labios, y el calor del cuerpo de Gianfranco encima del suyo. Quizás era demasiado pronto para dar el siguiente paso, pero ella no tenía mucho tiempo, y estaba segura de una cosa, lo amaba; sin embargo, no sabía a ciencia cierta qué era lo que él sentía por ella. —¿Haces todo esto por la apuesta? —preguntó Marypaz, cerró sus ojos sintiendo los labios de él en su cuell

