Cuando terminó de cambiarme una chica viene a recogerme, me dice que la reina la mando por mí, así que no me queda de otra que seguirla, ayer no pude apreciar el arte que este lugar tiene, pero sí me quedo admirando cada cuadro que hay nunca terminare. Me deja en una sala y me deja pasar, me encuentro con la reina y su dama de compañía junto con un hombre de unos treinta años. El señor me pide que me ponga en medio de lo que será mi evaluación. Como un animal. —Cabello en el peor estado—sujeta un mechón y tira de él no para lastimarme, sólo para revisarlo—, con orzuela hasta la mitad de largo—toma mis manos y revisa las uñas—. Uñas con un horrible color sobre ellas—admito que es horrendo el color rosa que llevan puesto—, mal cortadas y manos sin rastros de a ver pasado por una manicuris

