—¡Guau! —Fue lo único que logró decir. Los ojos se le iluminaron. —Supongo que ya estamos listos. —Peter le tendió las manos como si la invitara a bailar, arrancándole una sonrisa a Julia—. Es hora de irnos, mi dama. La acompañó hasta el auto, le abrió la puerta y esperó a que se acomodara antes de cerrarla. Luego se apresuró a ocupar el asiento del conductor. La pantalla de su teléfono se iluminó y, al leer el breve mensaje, sonrió. 'El jefe está esperando en la limusina'. Respondió enseguida: 'Estamos en camino'. Pulsó «enviar», encendió el motor y abandonaron el recinto. Ya se estaba haciendo tarde y Julia no pudo evitar preguntarse adónde iban. —Por favor, ¿adónde vamos? —De vuelta a casa. La respuesta la tranquilizó. Se lo había pasado tan bien en el

