En ella, poco llevaba de aquello que había preparado la primera vez, y las cosas ahora, habían no sólo sido repasadas por mi padre, sino también por mi madre, que fue la encargada de preparar la comida, para que no me pasara como la vez anterior, que, ante la emoción de esa primera salida, hasta me había olvidado que tendría que comer. ¡Qué tiempos aquellos!, ¡Qué ilusiones juveniles!, cómo con cada pequeño detalle se puede hacer algo tan importante como ir elaborando una vida poco a poco, ¿Dónde están ahora?, en que casi todos los días son iguales. Las ilusiones dieron paso a las realidades, y cuando después de unos años de “Hacer lo que quise”, como me decía mi madre, senté la cabeza, y no es que me pueda quejar. Nunca he tenido que hacer grandes esfuerzos para salir adelante, mi padre

