CAPÍTULO X —¡No es posible! —escuché a mi hermano que decía. —¿Qué pasa?, ¿Qué dices?, ¿A qué te refieres? —le pregunté curioso por sus palabras. —¡Ven, corre, mira, mira! —volvió a decir sobresaltado. Dejé el bolígrafo sobre la mesa y me dirigí a la ventana, mientras le preguntaba: —Pero, ¿Qué es tan interesante que no me lo puedes decir y tengo que venir yo aquí? Al mismo tiempo que llegaba y miraba por los cristales al lugar donde mi hermano me estaba señalando. Vi allí en la calle a Don Carlos que andaba muy deprisa: —¿Dónde ira? —dije. —Pues es fácil de adivinar, no es un sitio en que se le vea frecuentemente, seguro que a hablar contigo —contestó mi hermano, sonriendo. —¿Y eso para qué? —pregunté sorprendido. —¡Anda y yo qué voy a saber!, con los negocios que os traéis entr

