—¿Todas esas preguntas te haces en esa preciosa cabecita? —la pregunté mirándola sonriendo. —¡Anda bromista!, ¡Preciosa!, pero ¿Qué dices?, ¿Me has mirado bien?, sería tu amor el que me viera preciosa, pero seguro que ya hace mucho tiempo que no me ves así. —Pero ¿Qué dices?, ¡Anda!, ¿Quién ha dicho que no eres preciosa?, a ver, que se atreva a decírmelo a la cara. —Sí, que con este pelo de canas que tengo casi todo blanquecino, ¿Cómo te atreves a decirme preciosa?, o ¿Es que crees que no me miro al espejo? —Bueno, no digo que no te mires, pero ¿Eso que tiene que ver para que yo te siga viendo…? —Sí, tú di lo que quieras, pero no es real. —Pero ¿Cómo te atreves a decirme que no veo la realidad de las cosas? —Sí, cariño de tanto buscar fantasmas, creo que ya has desvirtuado la realid

