Cuando llegué al coche y fui a sacar la llave para abrirlo, me di cuenta de que aun en la mano, llevaba la nota de Peter, “¿Qué querrá también este? —pensé—. Le tengo que llamar mañana sin falta”. Como no había casi tráfico, llegué rápido al restaurante, donde mi hermano ya me estaba esperando en la puerta. Después de aparcar me di cuenta de que, en el asiento del lado, tenía el folleto de la conferencia, y no sé por qué lo cogí antes de bajarme. —¡Hola hermanito! —me dijo mientras se me acercaba y me daba un fuerte abrazo y un beso. —¿A qué vienen estas muestras de cariño? —le pregunté sorprendido. Sí que hacía casi un año que no nos veíamos, pero él nunca había sido dado a mostrar sus sentimientos así, y menos en la calle. —Será porque estoy contentísimo y no me lo puedo guardar sól

