XXXVI Lala estaba sentada junto a Lulú, mientras la niña que quiso poner fin a su vida seguía dormida en la cama. Con la muñeca vendada y la voluntad algo rota, así descansaba la preciosa joven que casi logran empujar a algo que no deseaba. Esa noche Dale llegó tan pronto como pudo y vio que la herida no era tan profunda, así que anestesió un poco la zona y se dispuso a zurcir, no sin la pena profunda de ver a su prima así. Ella tenía los ojos cerrados, se negaba a verlo a él y a cualquiera, ya que sentía una vergüenza enorme por lo que quiso hacer, ya que todo se veía como si ella se hubiera querido robar la atención en una decisión más que dramática. El joven doctor no pudo saber si le dolía o si necesitaba algo más, así que solo dejó una receta de píldoras por si el dolor de las punta

