XIV Lala casi se descolgaba de la cama, tenía los brazos desgonzados, la boca y las piernas muy abiertas. No entendía cómo es que su menudo cuerpo estaba soportando semejante batalla de amor tan intensa, más cuando la chica ya había levantado sus manos para rendirse. Aun así, parecía ser que el interior de su existencia podría mantener las armas en funcionamiento. Estaba a punto de tener otro orgasmo, palabra que hasta ahora le resultaba pecaminosa, pero que esa noche en particular tomaba un significado casi mágico. Ese cosquilleo, esa falta de oxígeno en sus pulmones, ese fuego que le quemaba las entrañas, todo el conjunto era una delicia. No había otra forma de describirlo. Lala solo sentía el azote de esas embestidas, ya nada más dejándose hacer. Kyle no se encontraba mejor. Esa noch

