LIV Mientras veía a las estrellas esperando convertirse en una para iluminar el camino de Lala, escuchó una nueva ráfaga de disparos, de seguro estaban dando el golpe de gracia a los que sobrevivían. Sin soltar la mano de Mikaela, tragó un poco de saliva, rogando que todo fuera muy rápido. Escuchó pisadas justo a su lado y movió un poco la cabeza, para encontrarse con las botas militares de un desconocido. —¿Kyle Redmount? —escuchó que le preguntaban; él apenas si pudo mover su cabeza. Lo levantaron y lo pusieron en una camilla, no estaba entendiendo nada. Fue separado de Mikaela para siempre, su manita ya yerta se negaba a soltar la de su primo que sería su esposo, por el que se mantuvo virgen, a quien seguiría hasta el fin del mundo. Ya no pudo ser ni Kyle, ni ningún otro. Sus dedos l

