Capítulo 1

1212 Words
Capítulo 1. Volver a vernos. —Estoy pensando que es mala idea lo de la entrevista, ya sabes, él es egocéntrico y poco gentil, cada día lo odio más —no pude despegar mi mirada del teléfono, mi mejor amiga Atenea solo se reía a la par mía—. Bueno, tampoco quiero gritar a los cuatro vientos que es mi ex-novio. Y ahora es mi nuevo jefe, ¿algo más? —Pienso que exageras —comentó ella—. Tienes que relajarte, él es un ser de luz. —Lo dices porque es tu primo casi hermano, no me hace tanta gracia ahora —contesté. Sin embargo mi vida no es nada tranquila. Por cierto, soy Maia. Tengo una gran triste historia por detrás pero no quiero aburrirte con eso. Hoy me encuentro yendo a mi nuevo empleo, gracias a mi mejor amiga Atenea, que me lo dio, hoy puedo decir que mi ex-novio será mi jefe. Gracias a Dios y a los cielos por esto. Sin más que decir, ¿cómo le puedes ver la cara a una persona con la que follaste a escondidas? ¡Y lo peor!: ¡¿Qué haces con la persona a la que rechazaste una propuesta de matrimonio?! Él tenía razón, iba a volver arrastrándome. Pero con mucha razón más, ¡necesitaba el empleo! —Estoy pensando seriamente en no ir, ¿sabes? —Atenea se levanta y posa por detrás de mí, nos quedamos viendo al espejo por un largo tiempo—. Y este vestido me queda horrible. —Bueno... no te ves tan mal para ver a tu ex-novio... —comenzó a reírse, obviamente se estaba riendo de mí. —Eres una pesada —le di un empujón y luego me quedé al espejo de nuevo. Nadie te da una guía de como liar con el reencuentro de tu ex. —Se nos hace tarde, Maia, y espero que no pongas una puta excusa. —Atenea toma mi bolso y me arrastra por el pasillo, ya comenzaba a odiar mi empleo. Nos subimos a su coche, en donde nos esperaba su novio, le sonreí un poco amable. En realidad no fui nada amable, ni siquiera le sonreí. —Estamos de malas, eh, ¿qué tal? —él sonrió apenas, con Atenea se rieron hasta morir. —Ya conduce, no hagas que te quite la cabeza. Estoy de mal humor, sí, y soy peligrosa. No dijeron nada más, encendieron el coche y partimos para el edificio Brown. En cuanto llegamos, me hice a un lado para sacar mi teléfono del bolsillo. Texteé a mi madre que la amaba, y ella me deseo suerte para hoy. Me bajé del coche y caminé rápido adentrándome en el edificio. —Buenas tardes, señorita Wang, ¿en qué puedo...? —Le entregué a Tina, una de las secretarias del edificio, mi tarjeta de identificación. Ella ya me conocía, ya que yo vagaba por el edificio cuando salía con él—. ¿La entrevista? ¿Él lo sabe? Negué con la cabeza. —No, mera sorpresa se llevará —dije firme, Tina me devolvió la tarjeta y la pasé por la máquina para habilitar el molinete. Pasé entre dos tubos enormes para verificar que no llevara armas ni nada raro. Ella me deseó suerte. Hacían dos años que no nos veíamos cara a cara, con él, luego de rechazarle la propuesta de matrimonio. Subí por las escaleras luego de ver el cartel de reparo del ascensor. Mal día para usar un vestido ajustado de algodón. Luego de eso, pasé por otra barra de seguridad y al fin llegué al host de la oficina del jefe. Me levanté de inmediato cuando una de las chicas bonitas me dijo para pasar dentro de la oficina. Entré cuidadosamente y vi que él estaba sirviéndose un café. De espaldas mío, sin saber que yo estaba ahí. —Freya Molls, bienvenida, espero que sea de tu agrado... —se dio la vuelta, y creo que él esperaba a otra persona, sirviéndose aún el café caliente. Y quedó congelado cuando me vio, porque su café comenzó a desbordar de la taza y se quemó su mano izquierda. Maldijo ante eso, yo simplemente me reí por dentro. —¿Estás bien? —dije acercándome, dispuesta a ayudarle. Él levantó su mano, una señal de que no me quería cerca de él, y me detuve. —Maia... ¿Qué haces aquí? Estoy ocupado ahora mismo. —Soy... —saqué el curriculum y lo miré, efectivamente Atenea robó la entrevista de otra persona y me la dio. Nunca había conseguido la entrevista, simplemente robó el de otra persona. —Sí, sé que no eres Freya, ¿Atenea te ayudó? —asentí con la cabeza apenas—. Por Dios. Hasta yo me quejo de su locura, Atenea es simplemente un sinfín de locuras. —Entonces, ¿prefieres que me vaya? —él negó con la cabeza. —Quédate. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. —Está bien —tomé asiento sin que él me ofreciera. Él se sentó en su escritorio, en realidad se apoyó sobre él. Tomaba su café tranquilamente, mientras que yo solía pensar en las veces que follamos sobre ese escritorio—. Entonces... ¿No me darás la entrevista? ¿O mejor me voy y ya no te molesto? Él ladeó un poco su cabeza, con una sonrisa satisfecha. —Todo lo que siempre quise ha vuelto a mí —comentó—. Una vez más... —No pienses que vuelvo arrastrándome a ti. Cameron sonrió aún más. —Me encantaría que lo hicieras —se acercó a mí—. Me encantaría que te pusieras de rodillas y me pidieras el empleo, amaría ver eso, pagaría por ver eso. Pagaría millones por ver todo eso frente a mí... Y sé que tarde o temprano lo harás. Me levanté de golpe. —Lo nuestro acabó hace dos años atrás, ¿aún no entiendes que...? —¿Qué no entiendo que? —bruscamente me toma de la cintura y me pega a mí—. ¿Qué aún me deseas? Lo empujé fuerte y lo alejé de mí. —No entiendo que te pasa. Él me tomó del brazo. —Quiero que trabajes para mí, bajo mis condiciones, Maia. No se trata de cuanto amor tenga por ti, o cuanto te desee aún... Quiero que seas mía, aquí y afuera. Y quiero que obedezcas mis ordenes. Eso quiero. Quiero todo de ti, nena. Me safo de su agarre. —No quiero nada de ti, Cameron, tú estás muerto para mí. Tomé mis cosas y me largué del edificio, mientras que mi teléfono sonaba constantemente porque era probable que Atenea ya supiera de todo. Sin embargo, apagué el teléfono, y caminé debajo de la lluviosa tarde neoyorquina. Miré al cielo y esperé una señal, o algo. Algo así como una señal del más allá. Cómo la leyenda de mi abuela Cho, una leyenda que tenía escrito en la pared de su habitación: Amarás cuando deba ser, el tiempo lo dirá. Mientras esté lloviendo puedes dedicarte a contar gotas. Sonreí un poco, la extrañaba. Había dejado mi país por viajar a otros, tratando de conquistar un sueño. Un sueño que aún no logro alcanzar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD