Cecilia literal me iba a volver loco, puede decir lo que sea, pero esa mirada la conocía. Solté un suspiro, había dejado el morral en la habitación y me vine al quiosco a meterme en la hamaca. —¿Qué pasa muchacho? —El abuelo Henrry venía con un taburete en la mano y en la otra un pocillo de café—. ¿Puedo ayudarte? —Soy consciente del error que cometí con Cecilia… —Un error garrafal hijo, no fue cualquier plantada a comer helado. Le dijiste en su cara; ya no me importas, le dejaste en claro que su cuerpo no te excitaba y por eso ya no la respetabas, —toma para que aprendas—. Eso es lo que siente quien recibe los cachos. Iba a hablar, pero su mirada fue una advertencia, por lo tanto, afirmé. El tiempo no se puede retroceder. —Catalina heredó su franqueza. —Si en verdad te encuentras ar

