tardó mucho tiempo en dormirse, pero cuando por fin lo hizo soñó que era verano, uno de aquellos estupendos veranos australianos… como durante el que había volado de nuevo a Sídney para cumplir su parte de la promesa con el anillo de compromiso de su bisabuela en el bolsillo. En su sueño aparecía Merida… con un bebé en brazos. Él hizo un considerable esfuerzo por verle la cara a la nena, pero cada vez que lo intentaba el bebé giraba la cabeza. Se despertó al amanecer, sobresaltado y con el corazón acelerado, sudoroso y confuso. Una intensa sensación de pérdida lo angustió durante horas. Mientras se afeitaba fue consciente de que, aunque había pretendido mantener la situación bajo control, al haber oído el nombre de su hija algo se había alterado en su interior. No podía dejar de imaginar

