Al satisfacer aquella exigencia, ella sintió el endurecido sexo de él sobre su húmeda entre pierna. Entonces, mirándola a la cara, Massimo la penetró. Al principio se movió despacio, pero a los pocos segundos comenzó a moverse más deprisa y a hacerlo con más fuerza. La satisfacción que embargó a Merida fue increíble. Se sintió invadida por unas intensas olas de placer que la llevaron a alcanzar un intenso éxtasis en poco tiempo. Massimo se vio embargado por el clímax poco después, tras lo que se apartó de ella y se tumbó sobre las almohadas. A los pocos segundos se levantó y se dirigió al cuarto de baño. Merida oyó agua correr. Entonces él regresó al dormitorio y se tumbó junto a ella. Tras unos minutos, Massimo se puso de lado y acarició el cuerpo de Merida con un dedo. –Siempre me

