Capítulo 18 - Un confuso accidente al final del verano.

1303 Words
El verano corrió más rápido que la pólvora al quemarse y que la arena siendo arrastrada por el viento repentino de una tormenta y cuando quise darme cuenta había llegado agosto. Había conseguido visitar a Lily cuatro veces contadas ya que mi padre se había empeñado en que ahora que era más mayor debía socializar más con gente de mi edad, es decir chicos y chicas "sangre pura" de prestigiosas familias de magos. Esa tarde soleada de agosto, como otras muchas, nos encontrábamos en el jardín de mi casa todos los pertenecientes a esas familias, la mayoría de chicos y chicas de mi edad, como ya supondréis eran de Slytherin, incluyendo a Severus, sentado a mi lado, al que había invitado yo dado que normalmente me sentaba sola intentando ignorar a James y Sirius que por lo general intentaban molestarme con alguna de sus tonterías infantiles e idiotas. Los adultos estaban más tensos de lo normal ese año, los últimos meses se reunían más, hacían más cenas y nos decían que fuéramos fuera a jugar, como si jugáramos a la pelota o algo. Susurraban y compartían conversaciones ultra secretas que cortaban nada más sentir la presencia cercana de alguien. James y Sirius se habían pasado la tarde mirando casi fijamente a Severus, susurrándose cosas cada x tiempo. Algo estaban tramando y seguro que no era nada bueno. — Estate alerta, no me fio un pelo de esos dos cuando se ponen a susurrarse cosas... — le susurré a Severus que asintió, dando a entender que estaba de acuerdo. — Tampoco creo que sea algo muy inteligente...siempre hacen lo mismo, son tan... previsibles — dijo Severus mirándolos con asco mientras estos se acercaban con andares arrogantes, como hacían siempre. — ¿Que miras tanto quejicus? — preguntó James a mi amigo apoyándose en el tronco del árbol con desenfado y una sonrisa burlona. — ¿Qué te importa lo que mire? — preguntó Severus mirándole mal. — Oh venga quejicus, primero te pegas a Evans y ahora a Lestrange, parece que no puedes alejarte de las que ya están pilladas, vaya ojo tienes amigo... — dijo James con burla. Severus no dijo nada, solo lo miró mal. — Supongo que ese silencio te da la razón — sentenció Sirius riéndose con las manos en sus bolsillos. Los miré por un momento con suspicacia. — ¿Para qué os habéis acercado ahora? — pregunté. — Oh venga... ¿no podemos venir a saludarte querida Éride? — preguntó James con sorna. Los miré mal. — Os he preguntado, quiero una respuesta — exigí levantándome del banco con la mano en la cintura de la falda vaquera donde llevaba guardada la varita. James y Sirius levantaron las manos burlonamente. — Veníamos para hablar y disfrutar de la sombra de este árbol — dijo Sirius desentendiéndose mientras se llevaba la mano al bolsillo y empezaba a sacar la varita. Miré de reojo a James que ya la tenía en la mano y saqué la mía rápidamente para hacer un movimiento con ella, impulsándolos hacia atrás con una ola de aire que los tiró de espaldas a la piscina. Cuando ambos salieron de la piscina, totalmente empapados y mirándome medio sorprendidos medio enfadados sonreí llevándome las manos a la cintura. — Deberíais plantearos mejor con quien podéis meteros — les dije con tranquilidad mientras me sentaba de nuevo en el banco. Este año, al contrario que los anteriores mi padre tenía que trabajar así que nos dejó ir a mis hermanos y a mí por red flu al callejón Diagon, donde sacaríamos dinero y compraríamos nuestras cosas. Había hablado con Lily para comprar nuestras cosas juntas, ya que mi padre no estaría allí para impedirlo y mis hermanos irían con sus amigos. Esa mañana tras desayunar me duché y me vestí con una falta negra plisada y un top rojo, cogí mi bandolera que estaba unida mediante un hechizo a mi baúl de Hogwarts y cogí polvos flu, metiéndome en la chimenea después que mis hermanos. — Callejón Diagon — dije alto y claro. Una llamarada verde me envolvió y sentí como un gancho tiraba de mí desde el ombligo, retorciéndome, estrujándome y haciéndome recorrer los conductos de chimeneas únicos con una velocidad implacable. Salí disparada de la chimenea y extrañamente caí en blando, algo había parado mi caída, o más bien alguien. Alguien que se quejaba. Miré con los ojos entrecerrados por el polvo y la oscuridad, intentado reconocer a esa persona, su olor me era familiar. Esa persona me miró y sonrió, viéndose claramente su perfecta dentadura. Tragué disimuladamente, ¿De qué me sonaba esa sonrisa?, cada segundo que pasaba hacía que me pusiera más nerviosa, quería saber quién era. El desconocido paso su mano por mi cintura haciendo que reaccionara y una ola de calor subiera por mi cuerpo desde la zona que había tocado. Solo sabía de alguien que provocara eso en mí al tocarme. — ¿Jay? — pregunté dudosa. El chico dejó de sonreír para unir sus labios a los míos. Parecieron encajar a la perfección, danzando al compás mientras mi vientre, revolucionado, ardía y hormigueaba sin aparente fin. Mi cabeza daba vueltas, lejos de la realidad rodeé el cuello del chico, aún tirado sobre el sucio suelo en ese oscuro corredor. Parecía una droga que no quisiera dejar, como si algo me dijera que era lo correcto. Pero estaba segura de que no era Jay, Jay no besaba así, no sabía a chocolate ni olía a Roble. Me aparté bruscamente, levantándome de un salto y mirando al chico desubicada. — No está bien, no está bien... — dije marchándome corriendo. Al salir la luz del sol me cegó, me quedé parada durante un momento, mirando a la nada. — Ey Lestrange — llamó James parado a un lado de la puerta por la que acababa de salir — ¿Has visto a Sirius? — ¿Para qué mierdas iba a ver yo a Sirius? ¡Piérdete Potter! — espeté enfadada alejándome rápidamente. — Tampoco es para ponerse así mujer... — dijo James sorprendido desde la lejanía. Al poco de andar, aún enfadada y pensando en lo que acababa de pasar me encontré con Lily, sonreí levemente, acercándome a ella. — Hola, llegas tarde ¿A pasado algo? — preguntó Lily sonriéndome. — No te lo vas a crees... — dije llevándome una mano a la cabeza con confusión. — Prueba a ver — dijo Lily mientras íbamos a Gringots donde sacaríamos dinero. — Veras, cuando he salido de la chimenea, ya sabes la red flu — le dije mientras ella asentía — he caído sobre un chico que al principio pensé que era Jay, pues resulta que no lo era y que ese chico me besó y bueno ahora estoy confusa — dije atropelladamente. — ¿Porque estas confusa? ¿Tú quieres a Jay no? — preguntó Lily parando y mirándome. — Sí, pero... cuando Jay me besa no siento esto, es... diferente, no es tan intenso... no sé cómo explicarlo, es como si algo me dijera que esto está bien, aunque sé que no lo está — dije llevándome las manos a la cabeza. — Ósea que ahora quieres a un desconocido que no es tu novio — dijo Lily con sorna. — ¡No te rías de mí! En serio que lo estoy pasando mal, ¿qué voy a hacer con Jay? ¿Cómo le digo que ya no estoy segura de que le quiera como pareja? — le pregunté a Lily. — No se lo digas aún, primero confirma que no le quieres y después explícaselo, Jay es un buen chico, lo entenderá — dijo Lily poniendo su mano sobre mi hombro, reconfortándome. — Eso espero... — dije soltando el aire que parecía haber estado reteniendo desde aquel beso.  
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