El viernes por la mañana, después de desayunar, fui a la biblioteca, donde recogí los libros que Dumbledore me había recomendado para aprender a defenderme.
Al llegar al corredor de la séptima planta me encontré con Sirius que, apoyado en la pared con las manos metidas en los bolsillos, bostezaba como si no hubiera dormido desde que había llegado a Hogwarts.
— Hola — dije con los libros que no me habían cabido en la mochila en las manos.
— ¿Porque hemos quedado aquí? ¿Que tiene este sitio de especial? — preguntó Sirius mirando los libros — ¿Solo son esos? Vamos a terminar rápido.
— Primero, en este pasillo está la sala de los menesteres, que como veo por tu falta de información sobre dicha sala no has leído el libro sobre Hogwarts, y segundo estos libros son los que no me han cabido en la mochila, listillo — sentencié.
— ¿Sala de los menesteres? En este pasillo no hay ninguna sala, de hecho, no hay nada — exclamó Sirius como si estuviera loca.
— Ahora veras — dije girándome hacia la pared contraria a la que él estaba apoyado.
"Una sala para prácticas hechizos y encantamientos" pensé una y otra vez apretando los ojos.
Oí como Sirius contenía el aire, abrí los ojos y una gran puerta empezaba a aparecer justo delante de nosotros.
Lo miré con una sonrisa autosuficiente y entre en la sala.
Al entrar vimos todo tipo de materiales que podríamos necesitar para practicar.
— ¿Como...? — preguntó Sirius mirándolo todo y viendo como la puerta se cerraba y desaparecía detrás de nosotros.
— Es una sala que aparece ante la necesidad, es decir que si pasas por este corredor y tienes hambre aparecerá una cocina, si tienes sueño un dormitorio… — expliqué.
— Y si te meas un retrete ¿no? — preguntó Sirius como si hubiera descubierto la octava maravilla del mundo.
— Pues sí... supongo que sí… — dije rascándome la cabeza.
— Bueno, empecemos — dijo Sirius cogiendo uno de los libros.
— La bibliotecaria me ha recomendado que empiece por este, dice que este es el orden de dificultad — dije señalando los libros y poniéndolos por orden.
— Pues por ese ¿Qué más da si vamos a aprendérnoslos todos? — dijo Sirius echándose el pelo hacia atrás.
Me encogí de hombros y abrí el primer libro.
Caí exhausta al suelo, con la varita en la mano, el estómago me rugía con hambre y parecía que mi corazón iba a salir de mi pecho en cualquier momento después del duelo que habíamos tenido Sirius y yo con los hechizos aprendidos esta tarde.
Al final habíamos memorizado y aprendido al dedillo tres de los diecinueve libros.
Entre los hechizos estaba el de "protego" un hechizo que te protege de cualquier cosa que te lancen, y que nos había costado dominar más que cualquier otro.
— ¿Qué hora será? — preguntó Sirius desde algún punto cercano.
— Supongo que es tarde, por hoy creo que es suficiente — dije levantándome del suelo y recogiendo los libros — ¿Nos vemos el sábado que viene?
— No puedo, he quedado con James y Remus para unas cosas nuestras.
— Ah... vale pues nada, hasta que nos veamos — dije encogiéndome de hombros marchándome.
— ¡Espera! ¿Cómo que hasta que nos veamos? — exclamó sentándose de golpe.
Me giré y le miré con cara de no entender a qué se refería.
— El domingo por la mañana en el corredor del séptimo piso, y ni se te ocurra empezar sin mí — amenace el pelinegro amenazándome con un dedo mientras sonreía.
— ¿Te recuerdo quien acaba de ganarte a un duelo mágico? — dije burlona mientras de un saltito cogía bien los libros que se me escurrían entre los brazos.
— Ja, Ja, Ja, muy graciosa — dijo Sirius levantándose y cogiendo algunos libros de entre mis brazos — Venga vámonos.
Fuimos a la sala común que estaba vacía por completo, dejamos los libros debajo de mi cama y fuimos al gran comedor.
— ¿Qué crees que encontraremos en los demás libros? — preguntó Sirius con curiosidad mientras entrabamos al gran comedor.
— Ni idea, pero tengo ganas de aprenderlos todos, voy a darles una paliza cuando intenten meterse conmigo de nuevo — dije mientras hacía que me arremangaba el brazo.
Sirius negó con la cabeza riéndose mientras me empujaba la cabeza con un dedo.
— Definitivamente has perdido un tornillo de la cabeza — dijo mientras se sentaba con sus amigos.
— Difinitiviminti his pirdidi in tirnilli di li cibizi — dije imitándole con voz aguda mientras me sentaba — ya veremos el domingo quien es el que va a perder el tornillo Black.
— Cuidado Lestrange, puede que no me contenga — amenazó Sirius divertido.
— Estoy temblando de miedo — dije sentándome al lado de Lily unos metros más al fondo mientras le sacaba la lengua.
— ¿Dónde has estado toda la tarde? — preguntó Lily.
— Practicando hechizos para defenderme de mis hermanos — dije cogiendo ternera y patatas asadas.
— ¿Con el arrogante de Black? — preguntó Hayley con la boca llena, escupiéndole un trozo de comida en la cara a Lily que la miró con cara de pocos amigos.
— Perdón — le dijo Hayley a Lily ante su mirada.
— Es simpático — dije encogiéndome de hombros mientras comía con tranquilidad.
— Ya... lo que tú digas… — dijo Hayley como si estuviera loca.
Había llegado el día en que debíamos entregar la hoja firmada por nuestros padres o tutores para volver por navidad a casa.
Miré mi hoja fijamente por mucho tiempo sentada en la mesa de Gryffindor mientras me comía una tostada.
— ¿No quieres volver a casa por vacaciones de navidad? — dijo Sirius sentándose enfrente con James y Remus.
— Si fuera por mí no volvería nunca — sentencié rompiendo la hoja y quemándola con un hechizo que habíamos aprendido el sábado pasado en la sala de los menesteres.
— Sabes que será peor cuando vuelvas en vacaciones de verano ¿verdad? — recordó Sirius como si fuera mi consciencia.
— Si, ya lo sé, no me lo recuerdes, pero podré vivir unas navidades tranquilas y bonitas así que sintiéndolo por el sótano tendré que dejarlo solo hasta verano — sentencié cogiendo otra tostada con mantequilla de cacahuete.
— ¿El sótano? — pregunté James mirándonos a Sirius y a mi confuso — ¿Qué rollos raros llevan vuestras familias?
Me encogí de hombros, dejando el tema atrás.
Lily se sentó a mi lado y empezó a echarse zumo de naranja en su vaso.
— Buenos días Éride ¿Ya has entregado tu permiso para salir en vacaciones? — preguntó Lily sonriéndome.
— Buenos días Lily, no, no lo he entregado, pienso quedarme en Hogwarts todo lo que pueda, investigaré el castillo, buscaré nuevas salas y pasillos, aprenderé nuevos hechizos ¿Quién sabe? A lo mejor de aquí a después de vacaciones me he vuelto una bruja duelista de primera — dije riéndome mientras terminaba mi zumo.
— ¿Es que no celebráis la navidad en tu casa? — me preguntó Lily.
— Si para ti celebrarla es juntarte con más familias de magos que están obsesionados con emparejar a sus hijos de doce años para que no se junten con magos y brujas que no sean "sangre pura" — dije haciendo comillas con los dedos — sí, lo celebramos, pero estoy harta de que intenten venderme al muermo de Lucius Malfoy, es un estirado, malhumorado, escuálido, miedoso y antipático — dije gesticulando con el tenedor en la mano.
— Si lo pones así yo también me quedaría si fuera tú — dijo James mirando con horror a Lucius, que estaba sentado con el periódico en la mesa de Slytherin, en ese momento levantó la cabeza y nos miró con asco para seguir a lo suyo.
— ¿Es que os vais todos por navidad? — pregunté llenándome el vaso de zumo.
— Sirius y yo también nos quedamos, queremos buscar algo en el castillo — dijo James como si tramaran algo.
— Ah... pues espero que lo encontréis — dije encogiéndome de hombros.
— Somos nosotros, no hay nada que se nos resista — dijo Sirius sonriendo de manera arrogante.
— Ya... lo que vosotros digáis — dije levantándome — ¿Nos vamos? Tenemos que aprovechar para estar juntas que mañana te vas y hasta después de vacaciones no volvemos a vernos — le dije a Lily que se levantó como si tuviera un muelle en el trasero.
— Adiós — dijimos ambas antes de irnos dirección al campo de quidditch donde el último entrenamiento del equipo de quidditch hasta la vuelta de vacaciones iba a empezar.