Capítulo 3

2899 Words
Ricardo. Después de unas magnífica horas en tan buena compañía, bailando y riendo como nunca más pensé volver a hacerlo, me doy cuenta de que he encontrado a la mujer indicada para volver a amar. Una chica dulce, sincera, emprendedora, con grandes deseos de crecer. A pesar de las adversidades, siempre mantiene su sonrisa y es muy positiva. Nunca creí conocer a alguien como Alessandra, una mujer echa y derecha a su corta edad. Lo más impresionante es que dice lo que cree sin miedo al qué dirán. Sería la madre perfecta para Fernanda. —¿En qué piensas? —interroga Alessandra —llevas unos minutos mirando a la nada, ¿te estoy aburriendo? —¡No! Para nada. Solo que me parece mentira tener una cita diferente después de tantos años. —Estoy dudando de ello, no puedo creer que Ricardo Santamaría no haya salido con alguna mujer estos años de soltero. —He tenido citas, no lo niego, pero especial, solo dos, la primera que tuve con mi esposa y esta; contigo. —¡Diablo! Harás que me sonroje — dice ella, cubriéndose las mejillas. —Me regalas esta nueva pieza musical — me pongo de pie extendiendo la mano. —Me encantaría, pero ya pasa de la media noche y sin sentirme princesa, debo despedirme —responde poniéndose de pie — mañana debo trabajar. —Pero es fin de semana —Manifiesto. —¡Uy! Es cierto, pero tengo trabajo a medio tiempo que me ayudan con los gastos. Así que me hará bien dormir unas horas. Eso sí, consigo un taxi que me lleve a San pablo. —Eso está muy lejos. —Un poco, pero no es imposible de llegar. —No te preocupes, yo te llevo a casa. —No es necesario, esta sigue siendo tu fiesta, no creo que debas irte así. —No les importará mi ausencia, me temo que se divierten igual sin mí— le muestro el lugar abarrotado y las muchas parejas festejando y bailando hasta irse al piso. —Te creo— sonrío. —No soy mucho de estos eventos. Sebastián sí, pero él también se parece que se ha ido. He tratado de localizarlo desde hace unas horas para presentártelo, sin embargo... — Abandonó el barco antes que el capitán— completa ella, con media sonrisa en su rostro. La observo un segundo y pienso en lo afortunado que soy en este instante. Rita no se había equivocado con esa insistente cita. Alessandra de todo lo que necesito para sentirme vivo. —¿Sabes? No me arrepiento ni por un segundo el haber aceptado este encuentro — le confieso, sintiendo como mi corazón vuelve a latir de nuevo, generando en mi cabeza un nuevo futuro. Sé que es pronto decirlo, pero ya me veo saliendo de la iglesia con ella. —También he tenido una grata velada, aunque no me imaginé vestir este atuendo, ni el otro que enviaste a casa. No me lo mal intérpretes, pero no suelo ser exhibicionista. —No es que quiera culpar a mi hermano, pero él preparó todo, si te ofendió lo que envió, en parte es mi responsabilidad por no… —Descuida, fue divertido, imaginarme en transparencias— deja salir una pequeña risa. Reímos unos segundos, luego le ofrezco mi mano para conducirla fuera de la mesa e ir a buscar a Rita, cuando la localizamos, ella disfrutaba de la noche con un sexy policía. —Me apena cortarle la diversión, sin embargo, si la dejo sola, es capaz de amanecer en su cama— confiesa Alessandra. —De eso no hay duda, el alcohol es mala compañía, algunas veces — le digo. —Y luego el arrepentimiento no sirve de nada — agrega, adelantándose para apartar a Rita de su cita de la noche. Cruzan unas palabras y luego ambas regresan. —Gracias, amigo por el aventón a casa — dice Rita guiñándome un ojo y colgándose de mi brazo para salir del local. —No es nada, es todo un placer —le confieso emocionado, sintiendo como mi cuerpo se tensa al sentir su brazo junto al mío. Estoy tomando ese guiño como una buena señal para continuar mi camino en la conquista del amor de Alessandra. Los tres abandonamos la fiesta sin ser notados, por los hombres de prensa que por ahí se colaron. —Esta bienvenida estuvo de lujo—Manifiesta Rita —los invitados muy provocadores e interesantes. Te juro que me he enamorado de más de uno. —La atracción física no es amor. Rita— Le dice Alessandra abriendo la puerta de atrás del auto para meterla de un empujón. Alessandra. Grave error, la malvada de mi amiga se levanta y no me deja entrar, cierra la puerta y pone seguro. —Gracias, amiga, tengo mucho sueño. No creo que te importe ir a delante — se recuesta sobre los asientos. —¡Rita! —expreso entre dientes, muy nerviosa. No es que me desagrade su compañía a mi lado, pero eso es ponerme presión y alertará a Ricardo sobre mi desesperación en tener un novio. — Ve por el Tigre, sin miedo — Exclama. “¡mierda!” susurro, antes de caminar a la parte delantera. Sintiendo que me sonrojo hasta las orejas admirando a Ricardo al pie de la puerta abierta. “¡Qué vergüenza! Seguro piensa que estoy desesperada por tener algo con él. Cuando no es así”. —No te importa si… —susurro. —Por supuesto que no. Es un verdadero placer — me dice con esa sonrisa tan linda en sus labios. Es un largo camino hasta San Pablo. Solo me queda ponerme cómoda y aceptar una nueva charla con mi encanto Romeo. Ricardo no es tan aburrido, no tan descarrilado como su hermano, a quien gracias a Dios no tuvo la desdicha de conocer. —Te molesta si pongo algo de música—pregunta Ricardo. —No, claro que no. Me haría buena compañía. No es que tú seas aburrido… bueno… —expreso nerviosa — únicamente que ¡carajo! Espero que entiendas lo que estoy intentando decir. Ricardo sonríe. —Te entiendo. Me ha pasado algunas veces— menciona. —Ok— digo nerviosa—, no se ha que te refieres. Pero espero que no sea nada equivocado a lo que intentaba transmitir. Termino balbuceando mientras él busca una emisora. En se detiene en una salsa romántica. Emocionando se deja llevar y la tararea, en tanto mantiene la vista al frente y las manos en el volante. —No me incomoda si cantas — refiero. —No quiero romper tus tímpanos—, responde sonriendo— mi voz no es precisamente la de un ángel. Sebastián es el que lo hace muchísimo mejor. Él nació con un don especial para la música. —Vaya, hablas tan bien de él, que ya tengo curiosidad por conocerlo. —Cuando lo hagas, serás su amiga. Mi hermano es muy amigable y divertido. Un poco descarrilado y exagerado para algunas cosas, pero muy buen amigo. —Lo quieres mucho, ¿verdad? —Así es, es mi único hermano, mi amigo, mi consejero, mi cómplice de travesuras. —¿Realizabas travesuras? —lo observo un segundo—No quiero imaginarme lo que hacías. —No cosas tan malas. Digamos que cosas de adolescentes. Ya sabes. —Si son las cosas que solía hacer, fueron muy malas — me carcajeo. —Intenté no ser tan nerd, pero supongo que nunca pase desapercibido. Sebastián, por otra parte, no le era difícil convertirse ser el chico malo y divertido de la escuela. —¿Cuántos años de diferencia hay entre ustedes? — interrogo un tanto curiosa. —Diez años, pero es muy maduro para su edad, aunque intente aparentar lo contrario. Supongo que tú te llevas igual con tus hermanos. —No — intento sonreír—Solo tengo dos hermanas mayores y nunca ha existido un vínculo tan fuerte como el de ustedes, entre nosotras. Quizás porque yo nací muchísimos años después. —¿A los cuantos años tu madre decidió tenerte? —A los dieciocho años—menciono. —Lamento que tus hermanas y tú… —Olvidadlo. Igual las quiero mucho— Sonrió y vuelvo a mirar por la ventana. Acompañada por la buena música y el tarareo de Ricardo. Casi una hora más tarde estuvimos llegando a mi departamento. —Llegamos— detiene el auto y se apresura a bajar para abrirnos las puertas, porque Rita ya estaba despierta. —Gracias por la velada— expreso un poco nerviosa. —Gracias por traernos a casa, amigo — dice Rita adelantándose para abrir la puerta principal del edificio, mientras me guiña un ojo. —Bueno… —susurra Ricardo sonriendo nervioso frente a mí, sin saber qué decir—. Fue una noche fabulosa, ojalá vuelva a repetirse — pronuncia temeroso a un “no”, definitivo. Miro de reojo a Rita unos segundos y luego lo miro a él. Tengo miedo, ni en mis mejores sueños me vi al lado de un hombre como él. Es demasiado bueno para ser real. Un hombre tan importante y con miles de mujeres muchísimo más hermosas e influyentes, quiera una nueva cita conmigo. —Si me dejas reacomodar mi agenda, quizás pueda… —Sería genial— corta mis palabras —. Cuando estés con tiempo disponible, puedes llamarme— me entrega una tarjeta. —Puedes prestarme tu teléfono un segundo. —Si, por supuesto— Se apresura a entregármelo. Escribo mi número y se lo devuelvo. —Mi número personal, puedes llamarme a partir de las seis hasta las nueve. En otro horario me sería imposible responderte. —Entiendo. Gracias — se acerca para dejar un beso en la mejilla y por unos segundos giramos la cara en la misma dirección. Sonrojada y nerviosa, tomo me congelo cuando toca mi rostro para dejar ese ansiado beso. Cierro los ojos un segundo y deja un pequeño suspiro. Quizás porque ese aroma tan varonil inunda mis sentidos. —Hasta pronto— susurro sonriendo, alejándome del auto. Demasiado bueno, nada me quitaba de la cabeza que tanta amabilidad y cortesías, fue puro compromiso, no soy la clase de chica que busca un millonario como él y por ahora no estoy interesada en una relación complicada, aunque Rita insista en que nunca dejo de buscar pretextos para volver abrir las puertas de su corazón. —¿Cómo lo viste amiga? — interroga Rita. —Con los ojos— me sonrío subiendo las escaleras al tercer piso. —Deja de hacerte la graciosa, sabes a lo que me refiero. —Ya te dije que no existió una cita romántica, así que no preguntes detalles que no existen. —Claro que no existen porque eres tú la que no quiere saber nada de los chicos. Ricardo muy atento contigo y tu más fría que un témpano de hielo. ¿Por qué no aprovechaste y te lo chapaste rico? —interroga un poco enojada, Rita. —Porque no soy como otras, y no tenía ganas de besar a nadie más esta noche. — ¿A nadie más? —me detiene, tomándome del brazo —¿Con quién te besaste? —No quiero ni pensar en eso, porque se me revuelven las tripas. Sigo subiendo más aprisa, ignorando su interrogatorio. Abro la puerta e ingreso cubriéndome los oídos. —No seas malvada Alessandra. Dime la verdad. Seguiré preguntando toda la noche. Sabes que no puedes guárdame esta clase de chismes. — ¡Ay! —Llevo sus manos a la cara. —No te lo dije antes, porque sé cómo te pones — camino a la habitación. —Entonces dímelo — me sigue. — Cuando me dejaste sola, fui al baño y pase un horrible momento con un tipo que resultó ser todo un cretino y degenerado. — Quiero detalles de ese beso espectacular — se sienta en la cama. La curiosidad la corroe. —Estaba entrando al baño y se llevaron a la pared, antes de poder reaccionar ya tenía al tipejo ese, besándome. — ¡No! —Fue…— me detengo bajando el tono alterado de mi voz. — Inesperado… y tierno. Rita se carcajea dejándose caer en la cama. —¡vamos, ríete! Búrlate de mí desdicha — me enojo. Siento que mi cara se pone roja de la ira o de vergüenza, por lo que he experimenté en ese beso. —Lo siento amiga, pero no supero la cara que pusiste al mencionarlo. — ¡Ya deja de reír! Para eso quieres que te cuente—le tira un almohadazo. —No es gracioso. —No puedo calmarme. Es que ver tu cara dice lo contrario, no puedo creer que te haya gustado ese beso. Debió ser muy candente. —expresa en forma coqueta. —No lo fue —manifiesto de manera tajante. — Sentí que violaba mi boca con su lengua, en uno segundo me desnudo con sus manos, me tocó las piernas y… ¡Olvídalo! — camino hasta el ropero para sacar su pijama. —¿Es guapo? — ¿Qué importa? —Importa, porque esos ojitos brillaron y aunque no me cuentes más detalles, estoy segura de que sentiste cositas ricas entre sus brazos. —No puedo contigo — respondo molesta, dirigiéndome al baño— ya no quiero recordar. —No te molestes conmigo. La culpa es tuya, por contar los sucesos de tal manera que me dejas intrigada, necesito detalles de ese papacito. Y de ese grandioso beso, que estoy segura, no fue casualidad. Pero le cierro la puerta en las narices. Más eso no detiene la curiosidad de mi amiga que sigue acribillándome con preguntas tontas. Bueno, yo me siento estúpida al sentir lo que siento por ese imbécil. ¡Ay! Estoy odiándome tanto por seguir excitándome, como si nadie nunca me haya besado como él lo hizo. Bueno, así es, pero no debo, es pervertido, grosero. No debo dejar que mis bajos instintos sucumban en este torbellino imaginario de placer, que nunca más volverá a repetirse. Me lavo la cara y al salir del baño lo primero que hago es levantar la mano para frenar el interrogatorio de mi amiga. —Ya es tarde, quiero dormir. —levanta la mano para detener sus preguntas. En tanto sigo mi cama de vuelta a la habitación. —¡Por favor! — suplica Rita uniendo sus manos—solo dime si es guapo. —Y de qué sirve que sea guapo, si es un maldito aprovechado. —¿Es más atractivo que Ricardo? Como tiene el color de sus ojos, de su cabello, su piel, ¡habla mujer, que vas a volverme loca! —Sí, es… demasiado atractivo—respondo desviando la mirada—Según su argumento, me confundió con su cita. —Eso es dable amiga, recuerda que cambiamos de disfraces. Así que no lo culpes al pobre extraño —Vuelve a sonreír. —Buen punto, pero luego ¿Qué? Como justificarías el siguiente beso. — ¿Te besó dos veces? —Sí, y encima me dijo que no era atractiva, y que soy una aburrida — me recuesta en la cama—Por supuesto que le abofetee y el muy cretino, respondió que besaba rico. Una vez más, Rita explota en carcajadas. Provocando que me cubra de pies a cabeza en la cama y apague la luz. —No te enojes Ale, todo el mundo sabe que eres aburrida y lo de si besa rico o no, supongo que lo impresionaste. Lo que indica que correspondiste a sus besos — enciende la luz. —No lo hice—Digo segura— o… bueno, creo que no lo hice. —Estás dudando, cuando hay inseguridad es porque… —No lo digas— interrumpo. —Está bien, solo digo que se besaron y eso no pasa así por casualidad. — Quiero dormir— apago la luz —No soporto tus insinuaciones, eres muy insensible. — Discúlpame Ale, pero en verdad. Lo que te paso es obra del destino, además de ser muy gracioso y romántico — vuelve a encender la luz. — ¿Te parece romántico que te roben un beso y te manoseen? —Si lo dices de ese modo, suena feo — se sienta en la cama—pero estoy segura de que te gustó. — ¿Y si lo fue qué? —Que las casualidades existen en el amor. Quizá pronto lo vuelvas a encontrar y la flecha lanzada por cupido, esta vez atraviese por completo sus corazones—Suspira. —En verdad ves demasiadas películas románticas. El amor a primera vista no existe y menos con este degenerado. —Si lo vuelves a encontrar será el destino que te grite que abras los ojos y veas a ese muñeco. —¡Por Dios Santo! Que ni aparezca, porque la próxima vez antes de que se acerque lo muelo a golpes. —Porque esa agresividad con el que será el padre de tus hijos. —¿Hijos? Pienso que ya te volviste loca. El alcohol extra se te subió al cerebro. Déjame dormir. —Como digas — se levanta y apaga la luz— Descansa y ojalá, no sueñes con tu príncipe aprovechado. Vuelve a reír retirándose a su habitación, dejándome un tanto inquieta. “¿Soñar con ese cretino? ¡Nunca!” me digo cubriéndome de pies a cabeza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD