Sebastián
¡No puede ser posible! ¿Acaso es un Déjà vu? Ella camina hacia el baño y mientras la observo pasar, sonríe destellando todo el lugar como si fuese un ángel. Todo a su alrededor se congela, el tiempo se ha detenido y lo curioso de todo es que la música de fondo sigue corriendo y es muy agradable, acorde con lo que estoy sintiendo al verla otra vez. Abandono mi sitio en el salón y voy tras ella como atraído por su magnetismo. Llego al corredor y está frente a mí, esperándome. Me llama sensualmente moviendo su dedo índice.
—Hola, Sebastián— me dice con esa voz dulce que me eriza la piel.
Me acerco sonriendo “¡Carajo! Estoy hecho un manojo de nerviosos”
Mi corazón se acelera y su mirada hipnótica, tras ese antifaz, elevan mis deseos. Detengo mis pasos justos a unos centímetros de su boca.
—Así que regrésate— manifiesto ahogándome con ese perfume dulce que emana y me hace cerra los ojos, para aspirarlo aún más.
Lentamente, acerco mi cara a la suya deslizando mi mano sobre su nuca para aprisionarla, rozo sus labios con los míos y sus ojos se cierran.
—¡Oh, Sebastián! — susurra a media voz— bésame, sacia mis deseos de una maldita vez—sube sus manos por mis hombros y me besa dejándome inmóvil, por aquella iniciativa.
Me asumo a ese desesperado beso y la llevo contra la pared, me apego a su cuerpo cálido sintiendo sus pechos apretarse a mi torso, puedo sentir sus pezones erectos a través de su blusa de seda Blanca.
Abro sus piernas con una de mis manos y elevo la intensidad de mis besos, Nuestras lenguas juegan entre sí luchando por querer tomar el control y ella corresponde a mis besos con el mismo insaciable deseo, sus manos se deslizan de arriba a abajo recorriendo mi espalda, avivando el fuego que arde en mi interior. Acaricio sus senos por encima del fino sujetador que empieza a molestarme.
Sigo preso en el sabor de su dulce boca, que se separa ligeramente para soltar jadeos que hacen que mi nivel de excitación crezca más y se vuelva Incontrolable.
—¡joder! —suelto entre un jadeo cuando ella muerde mi labio inferior. No es la misma que besé la primera vez, esta es diabla buscando saciarse con mi sangre.
—Hazme tuya—suplica quitándose el antifaz. — No sé por qué lo hizo, pero mi erección creció al admirarla. Su cara de ángel con esa mirada lujuriosa que hizo crecer mi erección.
Mi mano baja por su abdomen hasta su centro cálido y húmedo, aparto en un ágil y rápido movimiento, su tanga y acaricio con suavidad, su clítoris. Cierra los ojos y muerde sus labios, mientras clave sus uñas en mi espalda. Sus gemidos se vuelven más fuertes y excitantes para ambos. En unos segundos nos convertimos en un par de salvajes ansiosos de placer.
Mi ritmo cardiaco se acelera, siento mi cuerpo quemar con cada roce intenso de sus manos, mi entrepierna, duele e implora por salir. Sus piernas tiemblan al compás de mis movimientos en su clítoris, los espasmos nos envuelven y de repente, sus traviesas manos se deslizan sensualmente por mi abdomen y llegan a mi entrepierna. Gimo de placer al sentir sus cálidas manos, apretar mi pene por encima del pantalón.
—Déjame darte placer— susurra a mi oído, haciendo que me detenga y ceda a su petición.
Sus labios bajan por mi cuello dejando un sendero húmedo de besos. La suavidad de sus labios y, la manera de acariciar mi piel, me llena de infinito placer. Miro totalmente excitado como se arrodilla y baja el cierre del pantalón. Mete sus manos y saca mi pene erecto, masajea un poco y acerca sus labios calientes a la punta, deja un pequeño beso y lo mete a boca, casi por completo.
Inhaló y exhaló con los ojos cerrados por el gran placer qué estoy experimentando. El ruido de su garganta me excita más, aprisiono su cabello para intentar imponer le ritmo de sus movimientos. Estoy llegando al cielo cuando “Ring, ring, ring”
¡Dios! Mis ojos se abren de golpe con el corazón acelerado. Lo primero que hago es tomar el despertador y apagarlo. Luego recorro rápidamente la estancia, estoy en mi habitación.
“Solo ha sido un maldito sueño” expreso jadeando. Mi cuerpo está sudoroso y tenso. Paso mis manos por mi cara y me quito el sudor, respiro más tranquilo y al mirar mi excitación coloco la almohada sobre mi cara para gritar.
Tras unos segundos en shock por aquel sueño, miro hacia la mesa de noche, son casi las nueve de la mañana “¡Mierda!” me digo saliendo rápido de la cama para dirigirse al baño, aun con la erección presente en mi entrepierna. Esperando que, con el baño de agua fría, desaparezca.
Después bajo a desayunar, ya todos estaban en la mesa, como cada fin de semana.
—Buen día, tío — Pronuncia la pequeña Fernanda al verme aparecer.
—Buenos días, princesa— me acerca para dejar un beso en su frente — buen día, querida familia— me dirijo a Ricardo y a mi madre.
—Creí que no te despertarías— pronuncia mi madre, muy seria.
Camino a su lugar y dejo un beso en su frente.
—No podría dejarte desayunar sola, sé cuánto me quieres, madre — le digo con una gran sonrisa.
—Llegaste casi a las cinco de la mañana, ¿Dónde estabas? — Interroga ella con su característica frialdad.
—Es necesario que responda madrecita, la niña está presente. — Dejo ver una ligera sonrisa. Ya tiene idea de por dónde iba mi comentario.
—Hablaremos luego — manifiesta mirándome casi enojada. Odio que haga eso.
— ¿Y por qué únicamente me preguntas a mí? Ricardo también debió llegar tarde, después de llevar su princesa a casa — pregunto intentando saber detalles de su cita.
—Lo siento hermanito. — Responde él— Pero yo llegué a la una de la mañana —me deja un guiño de ojo.
— ¿Y qué tal estuvo la fiesta papi? —pregunta Fernanda.
—Genial, princesa—Responde Ricardo tocando su barbilla.
—Hubo muchas chicas sin ropa. — Expresa con inocencia Fernanda, haciendo que todos nos ahoguemos y mamá me lance una mirada fulminante.
—Bueno, quizás te refieras a las chicas con disfraces. —Trata de suavizar las cosas Ricardo. — pues sí, hubo muchas.
—Tío Sebas, dijo que no podía ir porque habría muchas chicas sin ropa bailando en los tubos. ¿Cómo es eso papi?
— ¡Oh, por Dios santo! ¿Le preparaste una fiesta con stripper a tu hermano? — Me regaña mamá.
Ricardo me mira y por unos segundos nos reímos, luego ahogamos las carcajadas al ver la cara de enfado de nuestra madre.
—No precisamente, mamá — Me excuso. —El club las ofreció, pero puedo decirte que Ricardo ni las miró, él se perdió el postre, pero…
— ¡Ya basta! —Grita completamente enfadada mamá— ¿Hasta cuándo dejarás esa vida de derroches y mujeres? ¿Cuándo pondrás la mira en un camino provechoso? Llevas postergando tus estudios desde hace años, eres muy inteligente y prefieres perder el tiempo, que en culminar tu carrera. En estos momentos te necesitamos en la empresa. No te voy a permitir una noche más de aventuras ¡Entendiste! Tienen que centrarte de una vez por todas.
—Entiendo, madre. Por lo menos te quedarás feliz, anoche Ricardo, parece que encontró a su media naranja — digo casi con pesar.
— ¿En serio? — La voz de mamá se suaviza dejando un brillo especial en su mirada.
—Solo nos conocimos un poco, se llama Alessandra; es una chica trabajadora, inteligente, hermosa y muy encantadora. —Responde Ricardo un tanto ilusionado — cuando la conozcan sabrán de lo que hablo.
—Quiero que me cuentes detalles. — manifiesta mamá—¿Cuándo la traerás a casa?
—A un es presuroso —Responde mi hermano mirado a su hija. Mamá sabe que Fernanda aún no quiere a otra mujer en la vida de su padre — cuando sea el momento.
Tras el regaño, la noticia de un posible romance de Ricardo como que serenó la atmosfera. En efecto, Alessandra lo había impresionado, pero no al grado de pedirle ser su esposa de inmediato, eso alivia un poco mi conciencia, más aún por ese sueño tan candente.
“Así que se llama Alessandra, como en mi sueño. ¿Significará algo?” me pierdo por un segundo en el recuerdo de aquellos besos. Trago saliva al sentir en mi boca el sabor dulce de sus labios ¡Mierda!
—¿Vas a casarte papi? — interroga Fernanda.
—Aún es presuroso decirlo, cariño— habla Ricardo—Primero debemos conocernos, luego presentarla a la familia y pedirle ser mi novia.
—¿Ya no quieres a mi mami?
—Claro que quiero a tu mamá. Solo que… ella ya no está.
—Pero va a regresar. No puedes estar con otra, mamá se pondrá muy triste. — insiste la pequeña.
—Ratona — le digo —recuerdas el cuento que te leí hace unos días.
—Si, tío— responde.
—Mamá, está allá en el cielo, cuidándote, cuidándonos a todos, es un ángel… — le digo
—Que guía nuestro camino— sonríe ella.
—Así es. Ella está feliz protegiéndote, sonríe contigo, vive contigo y cada día se hace más fuerte por el amor que brota de tu corazón. Pero ella también necesita que papá este feliz, porque eso agranda sus alas y las fortalece para protegerlos —le digo sin ver que mi madre y mi hermano, me observan.
—Si tío — vuelve a sonreír y a poner sus ojos en su plato y mi Ricardo me sonríe y susurra “gracias”. Mamá, por el contrario, pone la vista en su plato y continúa aprovechando los alientos.
Después de un poco de tortura, termina el desayuno. Subo a mi habitación por mi billetera y bajo presuroso las escaleras para salir de casa.
—¡Sebastián! —me detiene Ricardo—¿Saldrás esta mañana?
—Si— respondo—, ya sabes, tengo planes con Roger los fines de semana.
—como llegaste muy tarde, creí que te quedarías a dormir un poco.
—Considera, que lo que menos necesito es dormir. Necesito un café bien n***o, despejar la mente, sobre todo por… —corto las palabras antes de decir lo que no debo.
—Lo que dijo mamá.
—Eso y algo que pasó anoche.
—¿Y qué sucedió anoche?
—Conocí a alguien— le confieso — y metí la pata con ella.
—Hasta cuando seguirás por ese sendero, hermano. Tienes novia.
—Milena es atractiva, más, no siento por ella algún interés diferente al ansiar escapar.
—Supuse que con el tiempo llegarías a amarla.
—Eso no pasará.
—Si no es ella, será otra —. Coloca una mano sobre mi hombro —Quiero que encuentres a una chica especial, que te haga poner los pies sobre la tierra. Pero más que nada, anhelo que termines tu carrera. Mamá no mentía cuando dijo que te necesitamos en la empresa. Esa empresa es tu futuro, tu patrimonio, debes involucrarte también.
—Es que no sé… siento que no merezco nada — me alejo acercándome al auto.
—No digas eso, Sebastián. Cuando encuentres el amor, todo cambiará.
—porque todos dicen lo mismo. Para mí el amor, solo trae problemas, te complica la vida. Te quita el sueño, te llena de angustia y miedo…
—lo dice porque no has encontrado a la mujer indicada, cuando lo hagas, tu corazón la reconocerá.
—¿Y si esa musa nunca llega?
—Existe un alma gemela para todos.
—Y si la que aparece no es la indicada, que tal si el corazón se equivoca y elige a quien no debe.
—Imposible hermanito— vuelve a poner una mano sobre mi hombro—el corazón nunca se equivoca. Esa mujer existe y llegará cuando tenga que llegar. No te desanimes.
—No quiero tener esperanzas.
—No seas tan negativo. ¿Quién sabe? Quizás la joven que conociste en la fiesta, sea la mujer que tanto esperas.
—Ni lo menciones. No podría ser ella.
—Porque no?
—En primer lugar, porque a nuestra madre la daría un infarto — sonríe — y, en segundo lugar, porque ella ya tiene pareja.
—Uy, lo lamento.
—Decida, es mejor así.
—Por eso necesitas a Roger.
—Si y no… Yo sé mi rollo.
—Si quieres hablar…
—Gracias, hermano, pero no tiene importancia. Dime, ¿Qué tanto te ha impresionado esa tal Alessandra?
—Muchísimo — susurra—es increíble, por dentro y por fuera.
—¿Y la besaste? — indago
—Estuve a punto de hacerlo, cuando nos despedimos, pero no era prudente.
—Como siempre tan lento.
—No es eso, es que ella es diferente, quiero hacer las cosas bien, convertirla en mi esposa. Sé que cuando Fernanda la conozca también la amara y cambiara su concepto que tiene sobre una madrastra.
—Eso es algo que se puede lograr, mi ratona es especial también. Pero sabe que su padre necesita ser feliz.
—Lo que dijiste hace un rato, fue… increíble, esa manera que tienes de hablarle, de conectarte con ella… es casi mágico.
—Lo sé, soy encantador de enanos— sonrío.
—Gracias, por ayudarme.
—Ni lo menciones. Creo que mamá le da igual lo que hago por Fernanda.
—No digas eso, mamá requiere mucho.
—Claro que no. Desde que papá murió deje ser su hijo.
—No seas duro contigo mismo. Mamá también ha sufrido.
—Lo dices porque no eres yo el que está en mi lugar.
—Si dejaras de esforzarte en ser el hijo malo de la familia, todo cambiaría.
—No lo hago por llamar su atención, es mi manera de ser solo yo.
—Tú no eres así, hermano.
—Mejor me voy— subo al auto — nos vemos para la cena.
“Algún día dejaré de ser su molestia, si es lo que tanto quiere para ser feliz. ¡Diablos! No puedo pensar que Ricardo me haya dicho semejantes cosas, cuando se pone sentimental nadie puede con sus consejos. Son buenos, pero en este instante únicamente me apuñalaban el alma. La chica que él quiere, es al que yo deseo con desesperación. No quiero luchar con mi propio hermano por el amor de una mujer. Debo apartar de mi cabeza a Alessandra”.