Alessandra
¿Por qué tuvo que aparecer de nuevo? ¡Maldito estúpido! ¿Quién le dio el derecho de defenderme? ¡Yo se lo pedí! ¡No! No necesitaba que me defendería. Ese hombre solo trae desgracia en mi vida, lo odio, lo odio con toda mi alma. ¡No lo soporto! Y encima me besa, el muy cretino.
Sigo caminando unas cuadras hasta la parada buses, me siento en una de las bancas y respiro profundamente para reprimir el coraje.
Maldito idiota, no sé qué es lo que más detesto de él, si su manera de atacarme, o esa manera de… besarme y hacer que pierda el conocimiento. ¡Diablos! ¿Qué estoy diciéndome? No puede gustarme, es tan… tan guapo y… ¡Joder! Debo dejar de pensar en él de esta manera tan lujuriosa o terminaré masturbándome en el autobús.
Saco el teléfono y los audífonos de mi bolsa para escuchar música mientras espero mi transporte. De nada sirve llorar sobre la leche derramada. Ya está hecho el daño y no hay marcha atrás. Acabo de perder mi mejor trabajo de fin de semana.
Y con lo difícil que es encontrar un trabajo de buena paga por estos lugares. ¡Ay! Cada vez que recuerdo las palabras de mi ex jefe, se me revuelve todo. Sé que ya he tenido algunos altercados con los clientes, pero es porque ellos se lo buscaron. Y yo no soy la clase de mujer que se queda callada. ¡Que se joda!.
Me relajo tanto con mi repertorio de canciones y en mis pensamientos, que se me pasa el autobús.
—¡Mierda! Lo único que me faltaba— Chillo entre dientes viéndolo lejos.
Solo me queda esperar unos minutos más, eso pienso, ya que cuando uno necesita más el transporte este se retrasa. Media hora, se dignó a aparecer, el siguiente autobús de mi ruta.
—Ahora ya no te me escapas—Me levanta rápido y subo buscando un asiento libre.
A las once estoy en casa, Rita se encontraba en la cocina guardando los víveres de las compras de la semana.
—¿Ale!? ¿Por qué tan temprano, que sucedió?
— ¡Tuve un día de perros! —me siento a la mesa para comer unas uvas. Mientras, Rita abandona lo que hace para saber el porqué de ese desánimo.
—¿Por qué esa carita? — pregunta, sentándose.
—Acaban de despedirme.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Por culpa del idiota de la fiesta.
— ¿A qué idiota te refieres? —Piensa un instante — ¡Ah! —recuerda.
—El destino sigue castigándome, aparece en la cafetería en el peor día de mi vida. Hoy me hice tarde por el maldito tráfico, mi jefe me da una advertencia como jamás lo hizo antes. Para sumarle a mi desgracia se me quebraron un par de tazas, un tipo mañoso me toca el trasero, le doy una bofetada y el imbécil sale a defenderme haciendo un escándalo. Y lo peor de todo es que en medio de todos los comensales me despiden.
— ¡Cálmate Ale! ¡Respira! Para empezar en ese trabajo de mierda te explotaban.
—Pero era de buena paga.
—Y tu jefe solo pensaba en follarte y como no le parabas bola, siempre te regañaba.
—Bueno, sí, pero ¿ahora que voy a hacer?, así haya sido el peor de los trabajos, era bueno, no es fácil encontrar uno en esta ciudad.
—Hay muchos trabajos de donde escoger, encontraremos otro, no te preocupes, quizás hasta sea muchísimo mejor que el anterior y de mejor paga. Ahora cuéntame el chisme del pervertido de la fiesta — se pone cómoda en la silla, está muy interesada en conocer los detalles.
—Un imbécil me tocó el trasero y lo abofeteé, tenía controlado la situación a no ser por el imbécil pervertido que se entromete y se arma un alboroto enorme, cuando el jefe salió de su oficina me miro y frente a todos me despidió.
—Sin que te molestes— me detiene levantando la mano —Sé que lo odias por el beso, pero un caballero hace eso, defender a una mujer.
—No le pedí que lo hiciera, ya antes he pasado por eso y nunca ha llegado a mayores, y encima termina besándome para calmarme ¿Puedes creerlo?
Rita estalla en carcajadas incontrolables.
— ¡Ay, virgencita! Ya quiero conocer a ese hombre. Se me hace tan interesante.
— No puedo considerar que te pongas de su lado siempre.
—Se me hace tan tierno e indecente, es como una mezcla peligros de deseo y lujuria. Ahora estoy más segura que es tu media naranja.
— ¿No, que lo era Ricardo?
—Bueno, también lo es, si pudieras estar con los dos sería fenomenal.
—Estás demente, yo no puedo estar con los dos, ni siquiera pensar que pueda sentir algo por uno de ellos. Uno es un caballero romantico inalcanzable y el otro un troglodita que besa rico que no sé de qué pandilla ha salido.
—Ya lo sientes, solo que no te has dado cuenta.
— No tengo tiempo de pensar en hombres. Debo buscar un nuevo trabajo. Con lo ahorrado me alcanza para sobrevivir un par de meses.
—Por eso no te preocupes. Yo me encargo de los pagos, así estaremos a mano. Únicamente preocúpate por la universidad. ¡Ale! ¿Le diste las gracias por ayudarte?
— No quiero seguir más con este tema, discutirlo contigo me pone de mal humor — voy a mi habitación.
—No te molestes, Ale. Pero te dije que el destino se encargaría de llevarte a él.
—No lo digas más, tus palabras son una maldición — cubro mis oídos.
—Es el destino, amiga —grita mientras me alejo.
Me lanzo a la cama para pensar con calma lo sucedido y lo único que recuerdo es a él; a ese maldito pervertido besarme y darme tanto placer con esos besos benditos que hacen crecer mi excitación. Es imposible no rendirse a la dulzura de sus labios, a esa suavidad y calidez que me adormecen. Me derriten, aplacan mi ira. Ese aroma inconfundible aún permanece en mi piel y parece no querer quitarse ni con agua y jabón o simplemente ya lo tengo grabado en mi memoria.
Su manera de defenderme me hace pensar en que le importo. Sé que fue exagerado de mi parte el acusarlo por mi despido. Pero cuando aparece me descontrola, no sé si tenga un lado bueno, solo veo a un psicópata tras de mí. Tengo miedo, mucho miedo de que mi corazón siga sintiéndose tan complacido en brazos de ese extraño, no quiero cometer un error más en el amor.
¡Diablos! Tras un respiro dejo la cama y voy a ayudar a Rita en la cocina. Para el almuerzo los ánimos estuvieron calmados, una charla emotiva con mi amiga siempre es buena para mejorar los ánimos.
—¿Y es verdad lo que dijo respecto a sus besos? — interroga Rita.
—Pues si — bajo la mirada—sus besos son… especiales, mi enojo desapareció por completo— dejo notar una sonrisa.
—Eres una pendeja. Sin proponértelo tienen a un impreso ante pervertido tras tus huesos y aun caballero romántico como Ricardo, muertos por ti. Tu vida ya parece una novela.
—No lo menciones. Me aterra esa idea.
—Pues, no debería, no cualquiera empieza a ser asechada por dos hombres tan especiales y diferentes a la vez, que sacuden tu corazón y te arrancan el alama con un beso.
Me carcajeo unos segundos
— No digas locuras, Ricardo no me ha besado.
—Y no falta mucho. En la fiesta se le iban los ojos por ti y no conozco al extraño pervertido, pero estoy seguro de que también lo tienes babeando. Ya muero por conocerlo, tengo tantas ganas de lanzarme a sus brazos y que me haga el amor de esa manera salvaje con que te besa.
No puedo evitar ahogarme y ponerme roja mientras toso.
—Eres terrible — digo a media voz.
Entre risas el almuerzo terminó, y para alegrar mi mal día, Rita me lleva de paso al centro comercial. Vimos una película, comimos pizza y al regresar a casa, antes de ir a la cama, un mensaje entrante me paraliza.
“Buenas noches Alessandra, soy Ricardo. Disculpa que te escriba a estas horas. No sé si estés ocupada, solo que… He pensado mucho en ti, ¿sabes? Parece que ha pasado una eternidad y ni siquiera ha transcurrido 24 horas. Me gustaría verte ¿Crees que podamos almorzar o cenar alguno de estos días? No tienes que contestarme de inmediato. Piénsalo. Esperaré con ansias tu respuesta”
¡Oh Dios mío! ¿A caso Ricardo Santamaría quiere verme? Es como para no creerlo, ¿debería sentirme dichosa o nerviosa?
Corro al baño para mostrarle a Rita el mensaje. Mi amiga se colocaba su mascarilla de aguacate, cuando le muestro el mensaje, toma el teléfono en sus manos y pega el grito al cielo.
—Te lo dije— grita emocionada —Lo flechaste. Te dije que esa cita funcionaria. Mira que lindas palabras, se siente la necesidad de verte, lo impresionaste mucho, no espero ni las 24 horas para arrastrarse por tus huesos.
Mientras Rita festeja y habla hasta por los codos, yo estoy en plan de perdida, mi corazón se acelera, pero no siento esa emoción por verlo o pensar en un futuro con un millonario. Me estremezco de pensar que saldré en los noticieros faranduleros. Cuando escucho a mi amiga decir que ya le respondió que “si”.
—Hiciste que— corro para tomar el teléfono — ¡carajo!
—No lo elimines — grita Rita— ya lo leyó.
—¡Joder! Porque le respondes de inmediato, va a creer que estoy
desesperada por verlo. ¿Ahora como le dio qué no?
—Ni se te ocurra hacerlo, no puedes despreciar una invitación así a Ricardo Santamaría. Un hombre perfecto, un verdadero príncipe.
Llevo las manos a la cabeza e intento pensar en la manera de arreglar ese desastre.
“Si me gustaría acompañarte, pero, primero, permíteme ordenar mi agenda y no estar apurada por abandonar la velada”
—Listo, respuesta enviada.
—¿Qué fue todo eso? — se molesta Rita al leer la respuesta — Acabas de matar todo el romance.
—¿Y piensas que decir sí de inmediato, es Romántico? Así sea horrenda mi respuesta, es honesta, es lo que pienso y le gusta o no, me vale. No estoy interesada en salir con él en primer lugar.
—Pero si te lo pidiera aquel salvaje, de seguro le envías, fecha, sitio y hora.
—No me interesa ese sujeto, ni Ricardo, ni ningún otro, que te quede claro.
Regreso a la habitación, seguida por su histeria. Cuando recibo un nuevo mensaje. Veo en la pantalla el nombre de Ricardo y se lo muestro.
—Ábrelo— pide ansiosa.
“Me parece perfecto, esperaré tu respuesta, el día y la hora que sea, yo haré tiempo para verte. Cuídate mucho.”
—Contenta— le digo a Rita, al terminar de leer el mensaje.
—¿Qué le dirás?
—Lo pensaré mañana — Camino a mi cama.
—¿Mañana?
—En este instante no puedo reflexionar con claridad.
—Mientras tú piensas en el día, yo iré a planear los detalles, el peinado, el maquillaje, todo debe ser perfecto, ya sabes que puede parecer por ahí uno que otro paparazzi y no quiero que te den con palo.
—No sé qué hacer, Rita.
—Hablas de la nueva cita.
—Aceptar la invitación, me está llevando derechito a su camino y… Tengo miedo. Mi corazón se descontrola y algo dentro de mí, me frena.
—¿Te gusta el salvaje?
Sonrío a medias.
— No lo sé. No sé identificar lo que siento, ese odio que despierta cuando lo veo, luego desaparece cuando estoy cerca de sus labios y aspiro su aroma y mi cuerpo se impregna de su perfume tan varonil y esa mirada que… — me estremece— me hace temblar las rodillas y siento ese cosquilleo en el estómago y luego esa excitación que no puedo controlar.
—En definitiva, te gusta — expresa Rita un poco preocupada.
—Es que no puede gustarme alguien como él, es tan brusco y… no puedo negar que me descontrola esa manera que tiene de tomarme entre sus brazos y hacerme estremecer. Esa mirada dulce sigue en mi memoria acelerando mis latidos cardiacos cada vez que lo tengo enfrente. Me niego a creer que sea él, a quien mi corazón espera. Cometí un error una vez, no soportaría una decepción más.
—Te aterra la idea de amar a un chico malo, pero un no sabes quién es ese extraño. Puede que no sea lo que aparenta ser. Las apariencias engañan y si estaba en esa fiesta, quiere decir que no es ningún vándalo.
—Si tú lo dices.
—¿y qué opinión tienes de Ricardo?
—Él es todo lo contrario, tan lindo y romántico, ama a su hija, a su familia, es inteligente, a pesar de su carácter serio, sabe reír y como tratar a una mujer.
—Pero no te lleva al cielo, como el otro. ¿Sabes? A veces Dios pone un camino de flores junto al de espinas por alguna razón. Tu vida no es perfecta, la de él tampoco, pero estoy segura de que él también está viendo ese camino de quietud. ¿por qué no piensas en darle una oportunidad a Ricardo?, el destino te está poniendo a prueba, tú decidirás que sendero tomar.
Mi amiga sale de la habitación dejándome llena de dudas y más preguntas en mi cabeza.