Sebastián Intenso, increíble y divinamente adictivo, son las palabras que describirían ese hermoso final, que aún no puedo apartar de mi cabeza. Mientras se acomoda el vestido de manera presurosa, muerdo mis labios admirándola, es que aún no puedo creer que al fin sienta que tengo en mis manos a tan extraordinaria estrella. Me acerco a su boca y la beso esos labios con rostros de semen en ellos, corresponde a mis besos y me estremezco, una felicidad tan grande me invade y la estrecho entre mis brazos. —Te amo, Alessandra— confieso dejando un suspiro—en verdad te amo tanto. —¡Dios! — expresa ella —Ni siquiera sé tu nombre y… — se sonroja —apenas estoy asimilando la locura que acabo de cometer… —Roger Almazán, —miento descaradamente— me llamo Roger y soy el hombre más feliz del universo

