Alessandra La felicidad no cabe en mi pecho, tengo que compartir esta gran noticia con mi mejor amiga. Así que antes de que Ricardo pasara por mí, le hago una llamada a Rita y le relato con lujo y detalles ese encuentro candente con el pervertido de la fiesta. —¡Por Dios santo! Usted ha ido a trabajar o a follar. —No lo diga de esa manera Rita, el que la escuche pensara que es verdad. —Los siento, pero es que aún no puedo creer que haga aflojado tan rápido con ese hombre. —Roger. Se llama Roger. —Con ese mero. ¿Cómo es que se dejó calentar la cabeza? —No fue solo la cabeza. Mi alma y mi corazón se entregaron a él, Rita. Estoy enamorada, ahora ya sé lo que quiero. Siempre lo supe, solo que tenía miedo de reconocerlo, todo este tiempo tenía razón cuando dijo que nuestro encuentro no f

