Capítulo 8

1047 Words
Me dirijo al comedor y notó un plato con frutas, lo tomó, continuó hacia la cocina y tomó más, espero que sea suficiente para Pudín y Rubí, mi estómago hace sonidos extraños, y también para mí. -¿Señorita no comerá con su padre y hermano? —pregunta mi cálido mayordomo y se consterna al ver el plato de fruta en mi mano, Alida no era fan de los vegetales o frutas. -No, hoy cenare ligero, nos vemos mañana Krust —respondo mientras me apresuro y beso su mejilla, como un ladrón me escabullo y huyó de ese lugar. —Señorita, ¡¿No se llevó demasiada fruta?!, debe comer otras cosas más… Ignoro los gritos de Krust, cuando llego a mi habitación estoy sudada como un cerdo, pongo seguro a la puerta y me relajo. —Pudin, Rubí —los llamo. Dos cabezas esponjas surgen debajo de la cama. Ellos corren hacia a mi. De pronto me siento nostálgica, mi tonto primo siempre me recibía con un gran abrazo, maldito bastardo te extraño. —Cuig, cuig —La pata peluda de Pudin acaricia mi mejilla, Rubí también imita sus acciones. —Estoy bien —susurró intentando convencerme a mí misma. —No llores —murmura Rubí a punto de llorar, las lágrimas corrían por las peludas mejillas de Pudin. Los abrazó y rompo a llorar, tengo miedo, sino fuera por Krust y ustedes ya hubiera saltado del balcón, no son fáciles de cumplir las promesas. —¡Ma, ma, mamá!. —¡Cuig, cuig, cuig!. —¡Ya, ya no lloren! —Intenta hablar Rubí sin llorar y fracasa miserablemente, luego de unos minutos, todos teníamos los ojos rojos e hinchados. —¿Comemos? —preguntó avergonzada e incómoda, nunca tuve tanta pena en mi vida como ahora, ellos son muy buenos, asienten y se sientan sobre mis piernas, reparto la fruta en porciones iguales pero hay un pequeño problema —Pudin come despacio, puedes atorarte. Pudin come rápidamente su comida, inclina su cabeza —Cuig, cuig. —Él señala sus peludas manos. —¿Él dice?. —Qué todavía tiene hambre —responde Rubí y termina la frase por mí, miró con pesar mi fruta, solo dejo una manzana. —¿Puedes entenderlo? Rubí asiente con su cabeza confundida. —¿Si? —¿Pudin tiene hambre? —Cuig, cuig —dice emocionado saltando. —Rubí. —Dice que sí, si. —Eres increíble Rubí —felicito y avergonzada hunde su rostro en su porción de mango—. Ten pudin —digo y con dolor le entregó casi toda mi comida, en sus diminutas patas peludas. Todavía es pequeño y come de esta manera, ¿Qué hare cuando crezca?, ¿Debo buscar un trabajo?, deberé hablar con Krust. —Cuig, cuig, cuig… —Pudin feliz creó que… ¿Cantan una canción?. —Está feliz Pudin —explica Rubí—. Ali ten. —Rubí con sus patas me entrega la mitad de sus frutas restantes, ¡Eres una gran chica!, interno negarme pero el sonido de mi panza me traiciona, con el rostro ardiente como diligentemente la fruta. Luego de comer nos dirigimos al lujoso baño que opera con… ¿Magia o eso creo?. Después de una refrescante ducha arropo a Pudin y Rubí, ellos cierran sus ojos rápidamente, ¿Demasiadas emociones hoy?, suspiró, si hoy fue un día agotador, poco a poco mis pestañas se vuelven pesadas antes que me de cuenta la oscuridad me traga. —Sueño— —¡p**i, hermano! —¿Dónde están?, tengo miedo de que los monstruos quieran comerme—. ¡p**i! Corro por los oscuros pasillos hasta que encuentro a mi padre tranquilizando a mi prima que no dejaba de llorar. Abro la puerta y corro a los brazos de mi padre, él me esquiva. —p**i… —¿Qué haces aquí?, ¡Tienes prohibido venir a mi despacho!. —p**i… —intentó hablar pero las lágrimas no me dejan hacerlo. —¡¿Qué estas haciendo aquí?! —grita Alexius molesto, mi prima llora aún más fuerte, él se sobresaltó y corrió a abrazarla—, No llores princesa, no quería alzar la voz perdóname, no quería asustarte. —Her, her, herma… —No termines la frase, yo no soy hermano de una niñita desagradable como tú. Ya no lo soporto, rompo a llorar, mi padre gira su rostro y me ignora, mi hermano la abraza, la consuela. —¡Mami, mami!. —Deja de llamar a tu madre, tú la mataste, ¿Qué sentido tiene que la llames? —me reprende mi padre. Mi pecho duele y mi llanto aumenta, la puerta es abierta Krust llega y se sorprende al ver tal escena. —¿Señor que sucede? —inquiere sin entender nada. —Desaparece a esa mocosa de mi vista. Krust intenta tomar a mi prima pero mi hermano lo detiene. —¡La única mocosa molesta es ella, llévatela! —ordena Alexius señalándome. Con ojos llenos de pesar Krust camina hasta a mi, me sujeta entre sus brazos y salimos de allí, en el caminó no deje de llorar, solo la pequeñas palmadas de Krust mitigaban mí dolor, con cuidado me arropo. —Pequeña señorita ya no debe llorar, su padre y su hermano la aman, es solo que están confundidos, no los odié, ellos cambiaran. —¿Ellos no me aman? —pregunto, sé que a ellos no les agradó. Krust guarda silencio, las lagrimas amenazan con salir pero él me abraza. —Yo la amo señorita, por siempre la amare, usted es mi gran tesoro. Los brazos de Krust eran muy cálidos, esa fue la primera vez que recibí un abrazo. —Fin del sueño— Me despierto sobresaltada, veo a Pudin y Rubí dormir profundamente, me relajo, solo fue un sueño. Toc, toc, toc… —Señorita, levántese o llegará tarde a la academia. ¿Qué hora es?, los golpes no se detienen. —¡Ya bajó, buen día Krust! Escucho su risa y yo también sonrió. —Buen día señorita Alida, la esperare con su desayuno —la cálida voz proviene del otro lado de la puerta. —Vamos pequeños es hora de empezar el día —murmuró suavemente y ellos abren sus ojos, ¡Son tan lindos!.
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