Capítulo 12

1097 Words
—Señorita… Yo… —intenta formular una oración pero ni él mismo sabe que decir, entiendo ese sentimiento. —Estoy bien Krust no te preocupes, ellos suelen hacer cosas peores —aclaro pero la expresión en su rostro se vuelve más horrible. Un largo y pesado suspiró brota de él, probablemente no imaginaba que mi situación con mi hermano fuera tan mala que incluso es peor de lo que imaginaba. De alguna manera me siento avergonzada, ¿soy demasiado patética? La verdad siempre fue clara para mí pero todavía persistía una diminuta esperanza en mi corazón, intente creer en las palabras de Krust pero ya no hay vuelta atrás para nosotros, a partir de hoy ya no tengo ninguna relación con Alexius, el último rastro de amor que nos unía lo destrozó sin piedad. Estoy segura que podría alimentar a las bestias corrompidas con mi cuerpo sin culpa y pena alguna, con familiares así, ¿Quién necesita enemigos? —Mi pequeña señorita es tan linda y por eso jamás podré entender que tiene en su cabeza el joven Alexius. Le doy unos golpecitos en su espalda, ¿Es dura la realidad Krust?, mi hermano es un zoquete. Las imágenes de mi infancia se vuelven claras en mi mente. Una mueca se dibuja en mi rostro. Ese tipo no merece que lo llamen hermano, ¿Su vida solo se basa en torturarme? Cierro mis ojos, no hay un solo recuerdo que pueda decir que me trato como familia. —Seré sincera contigo Krust, me agradas desde el primer momento pero tenía miedo que me odies como ellos, no quería que te alejes y me dejaras sola, en ese momento probablemente no lo resistiría, gracias por no abandonarme y estar conmigo. Lo miro de nuevo. Sus ojos estaban sobre mí, sus bordes ya estaban rojos. —Desde que despertó cambió señorita, cuando nos veías solo había un pensamiento en mi mente, ella no nos reconoce, nos mira como lo haríamos con personas desconocidas, es como si ya no fuéramos del mismo mundo, nos empezaste a tratar completamente diferente a como lo hacías antes... ¿Sabes que me desesperaba cada vez que eras así?, yo tenía miedo de que nos abandoné sin decir una palabra y hoy escucharla decir esto y saber que tengo un lugar en su corazón mi pecho se infla de orgullo, ahora hay algo de lo que estoy seguro, creció y ya no es aquella pequeña débil que huirá, su madre estaría feliz por usted, yo lo estoy, mi señorita es una persona muy valiente, sus palabras llenaron de felicidad el corazón de este viejo mayordomo. —Krust no llores —intentó hablar con normalidad. —Usted está llorando. —Ambos lo hacen —interviene Rubí. —Tu también lloras Rubí. Snif, snif… Los cálidos brazos de Krust me envuelven, gracias Krust, la atmósfera se torna más embarazosa y un poco incómoda. —Señorita, ¿Qué es lo que me enseñará? —pregunta feliz, ¿Qué dices Krust?. ¿Qué te enseñare?, yo solo quería salir de allí pero al ver sus ojos llenos de expectativas, no soy capaz de rechazarlo, ¡Mierda!. —Cuando lleguemos lo verás —o al menos eso espero, que algo se me pueda ocurrir. —¿Cuál es la sorpresa?. —No lo sé Rubí, por eso es una sorpresa. —Oh, no sabía que funcionaba así. —Yo tampoco —Quiero llorar. Luego de 15 minutos llegamos a la cocina. No sabía que fuera tan grande esta mansión. —Señorita, ¿Qué hace? —interroga desconcertado Krust. —Pastelillos de chocolate —al menos eso esperó que sean, coloco los distinto ingredientes y tomó lo más parecido a un abridor y los sacudo. —¿Chocolate?. —Dentro de 40 minutos lo entenderás. Después de sudar como cerda junto al ineficiente horno por fin salieron y en vez de tardar 40 minutos fueron 12 minutos, espero que no tengan sabor a quemado. —Huele tan rico —dice Rubí y muerde sus orejas mientras su saliva cae, hago lo posible por no reír. —Si. —Señorita, ¿Cómo puede ser tan delicioso? —pregunta Krust quien también está ansioso, ¿Quién no lo estaría?, ¡Es chocolate. —Intenta no comer mucho, sigue caliente. —Lo siento —responde y deja el pastelillo. Una carcajada escapó de mis labios y luego toso incómoda. —Alida, yo quiero guárdame, guárdame. —Si, yo me encargo, no te preocupes Rubí. —Estaba bromeando puedes comer pero calientes no tantos, cuando se enfríen puedes comerlos sin preocuparte. —Bueno —dice emocionado. —¡Huele delicioso hermano, yo quiero!. ¡No por favor…! Pero antes que termine mi oración Alexius entra junto con Xena, ¿Por qué me odias realidad?. Cuando nos vemos nuestros rostros se tornan horribles. —Prima, ¿Eso es lo que huele delicioso?. ¿Esta es la llamada piel gruesa?, ¡Puedes irte y llevarte a ese ser apestoso, gracias!. —¿Puedo morderlos?. —No Rubí, tranquila. —Entrégame esa bandeja —demanda el zoquete de Alexius. Bien lo golpeare. —Señorita yo me encargo —afirma Krust. —¿Seguro Krust? —le susurro, no muy convencida. —Si… Señor Alexius, estos son los pastelillos deliciosos y exquisitos preparados por la señorita Alida, si quiere comer algo por favoe hable con el chef, ya que ella no tiene ninguna obligación de dárselos a usted o ustedes. Muerdo mi lengua para no reír con las palabras irónicas de Kruts. —Alida entrégame la bandeja. Tiene un daño cerebral grave este tipo. —Vete al carajo Alexius, son míos. Alexius camina hacia mí y Krust se interpone. —Retroceda joven, deje de ser una persona detestable y abusiva. —Hermano déjala, ella todavía debe de estar enojada conmigo… Todo es mi culpa, ¡Perdóname prima! —declara llorando la arpía. —Xena, vete a la mierda tu también, ya no los soporto, falsos hipócritas. Krust volveré a mi cuarto, tengo trabajos pendientes por hacer, la próxima vez te prepararé bocadillos aún más ricos. Ambos están a punto de estallar. —Aguardare un momento. Sonrió, abrazó a Krust y me giro para irme luego de tomar la charola, yo estoy bien. —Alida, Alida… ¿Comeremos pastelillos?. —Claro, también llamemos a Pudin. —¡Si, hurra, me encantan los pastelillos!. Creí que no existían en este lugar. —¿Ya lo has comido?. —No pero tengo fe en Alida, sin dudas debe de ser delicioso. —Gracias Rubi, olvidemos las cosas molestas y disfrutemos de ellos.
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