—Creí que tendríamos más tiempo pero no es así, lo lamento Alida.
—No tienes que disculparte conmigo, tú no eres responsable de esos monstruos
—Estoy de acuerdo —acota Pericón.
Estábamos los 4 sentados debajo del gran árbol.
—Mi trabajo es ser la sabia del reino y por mi exceso de confianza casi les provocó un daño severo al reino como a ti, Alida tu eres nuestra esperanza, nada malo puede sucederle, ¡Lo siento!.
Por favor solo deja de disculparte.
—Ella está bien —acota Rubí—, no es sólo tu responsabilidad.
—Rubí ya no es cuestión de quién es responsable, ya es tiempo que ella empiece a entrenar. Creí que tendría más tiempo de asimilar todo pero no lo hay, la situación actual es demasiado peligrosa —explica exaltada Ambar.
—Yo creó que no es el mejor momento… Mi cuerpo todavía tiembla —intervengo, además ¿yo puedo renunciar?
Ellos tres me observan y luego continúan hablando de cómo se desarrollará mi entrenamiento. ¡No es justo!.
—Entonces lo mejor será empezar desde el principio, ¡Alida!.
—¿Si?. —Miro nerviosa a Ámbar.
—Tienes que aprender a hablar con el bosque.
—¡¿Disculpa?! —pregunto sin poder entender lo que quiere que haga, ¿Hablar con el bosque?, ¿Cómo voy a hacerlo?
—Tienes que aprender a hablar con el bosque —repite ella mecánicamente.
—No, ¿Es imposible que lo haga?.
—Es algo bastante sencillo —continúa Rubí.
—¿Cómo puede ser sencillo?, ilumíname Rubí.
—Ignorare tu tono y así que deja de enfadarte, esto es por tu seguridad.
—Oh.
—Cierra tus ojos —añade, yo entrecierro los ojos—, ¡Ciérralos Alida!
—¡Listo!
—Coloca tu mano sobre el árbol y habla con él.
—¿Hola?, soy Alida, ¿Qué tal tu día? —le pregunto al árbol.
—Si la asesinó, ¿Tendremos una nueva guardiana? —inquiere/ susurra Pericón.
¡Tonto rey!. Después de unos minutos concluyó que esto es inútil.
—No escucho nada —declaró.
—Inténtalo nuevamente —me anima Ambar, suspiro y pruebo de nuevo.
—¡No es inútil!.
—¿Es normal que no escuche nada? —murmura Rubí.
—¡No lo sé! —grito con ganas de llorar, ¡Ya estoy cansada de esto!, es demasiado extraño este lugar, solo déjenme volver a mi casa con mi tía y mi primo, ¡Esto es tan difícil!.
El anillo en mi mano brilla y aparece Pudin, lo atrapo entre mis brazos, su patita peluda acaricia mi mejilla.
—Yo te ayudaré.
—¡¿Cómo lo harás?! —emocionada Rubí se une a nosotros.
Entiendo a Pudin, él habló y lo entiendo.
—Seré sus oídos.
—¿Eso es válido?. —El rey inútil niega con su cabeza.
—Podría funcionar —dice Ámbar.
—Eres un genio Pudin —lo abrazo, lo beso, el mejor pandita del universo.
—¿Pudin escuchas el bosque?, ¿Por qué puedo entenderte ahora?
—No lo sé, una mariposa me mostró que intentaba hablar con el árbol y no podías, yo quería ayudarte y ella me ayudó a salir del anillo, hable y ahora me entiendes. —¿Esto es una habilidad del guardián?, miro q Ámbar que está sorprendida debido a la elocuencia del pequeño panda. Pensar que hasta hace poco era un tierno bebé que no podía decir nada y ahora… Crecen demasiado rápido. —Si lo escucho, ahora el árbol dice que está feliz de hablar contigo, que su día estuvo bien pero está preocupado por sus hermanos, la oscuridad está trastornando al bosque y a sus habitantes.
Pudin es arrebatado de mis brazos.
—Eres un prodigio, este rey le nombrará…
—Nada —terminó la frase por él, Pudin regresa a mis brazos —. Es un niñito, rey tonto.
—¡Maldita humana no llames tonto al gran rey!.
—No intentes robar a mi pequeño Pudín.
—¡Tu primera lo robaste!
—¡No es así, él me eligió! —refuto.
—Ustedes dos… ¡Callensen!
—Pero… —intentamos responder los dos.
—Alida tú también deberías poder escuchar al bosque… Pudin es normal que nosotros no podamos escuchar el susurró del bosque pero tú, ¿Lo escuchaste claramente?.
—Si, gran sabía, el bosque es mi mejor amigo al igual que de Alida, ella les agrada mucho como a mí.
—Pudin hasta que Alida logre desarrollar la conexión correcta con el bosque Nenúfar tu serás sus oídos. Alida esfuerzas entonces continuemos.
—¿Si? —resignada afirmó.
—Deja de temblar, ahora que ya escuchas al bosque es tiempo que uses su poder.
—Pero no lo escucho.
—¡Pudin lo hace él nos ayudará! —exclamó con enfado. Doy tres paso hacia atrás, ahora entiendo porque el tonto rey obedece sus palabras—. Alida ven, no me hagas repetirlo.
Hick, hick… ¡Ayuda!.
Con las indicaciones de Ámbar y Pudín en un corto tiempo logre controlar las enredaderas y las ramas de los árboles al igual que las plantas que rodean el bosque, ¡Esto es alucinante!.
—Buen trabajo.
Sonrió ante sus palabras.
—El cielo. —Pudin lo señala y se nota el sol que está descendiendo.
—¡No, no, no!, ¿Hace cuanto estamos aquí?. Tenemos que volver.
—Pero todavía debes practicar —me reprende Pericón.
—Prometo regresar luego.
—¿Cómo lo harás?.
—Yo puedo ayudarla —interviene un hermoso, ¿Pegaso? —Soy Royd, los pequeños pegasos pudieron escapar de los simios por su oportuna intervención, gracias guardiana. En agradecimiento prometo ayudarla.
¿Pegasos?, ¿Pequeños?, ¿Los ayude?, pero lo más importante, Royd es hermoso, no puedo evitarlo.
—¡Muy lindo!. —Corro y lo abrazo. —Gracias Royd, soy Alida será un placer trabajar contigo.
Sólo quiero abrazarte, suave, no te vayas.
Royd sonríe, mi muñeca brilla y una pulsera con dos alas aparece en ella.
—¡Yo no fui! —me excusó rápidamente al sentir la conocida aura asesina del inepto rey.
—Deja de apresar a mis súbditos —chilla.
—No lo hice.
—¿Por qué no te creó? —se burla Pericón observando mi pulsera.
—Es la voluntad del bosque —dice feliz el pequeño panda.
—¿Voluntad del bosque? —repito.
¿Voluntad del bosque?, la mariposa en mi muñeca brilla y dos alas nuevas aparecen.
—Es lo que dijo el árbol.
Todos lo miramos, el Pandora pestañear sus grandes ojos, ¡bonito!
—Es hora que regresen cuando el sol se oculta y la oscuridad se vuelve más fuerte, Alida esperaremos por ti.
—Gracias Ambar, Ruby, Pudin, Royd es tiempo de irnos. —Pudin y Royd desaparecen, ¿Ellos están aquí?, sacudo mi pulsera y anillo, ¿Qué es esto?, miro el cielo, luego lo averiguare, coloco a Rubí en mi hombro.
—No te olvides eso —notifica el rey y la señala.
Oh… La chica cierto.
Sujeto su hombro, ¡Por favor ayúdame a salir!, pienso en mi marca, la mariposa brilla y regreso al campus.
—Señorita Calligaris, ¿Le agrada ocasionar problemas?. —La bruja de mi profesora enojada se acerca. —Vamos juntas a la oficina del director… ¿Qué le sucedió?.
—Escuché gritos en el bosque, la encontré inconsciente e intenté regresar con ella pero al final me perdí.
—La llevaré a la enfermería y usted diríjase al despacho del director.
Trago en seco. —¿Puedo negarme?, yo me perdí por una buena causa.
—¡Ahora!
—¿La muerdo?
—¡No Rubí, por favor no lo hagas!
La bruja abraza a la niñita, sujeta mi brazos y me arrastra, ¡Mierda!