Tras entrenar toda la mañana con Dorian, puse en marcha mi plan. Tenía que hablar con Louis y pedirle un favor bastante complicado. Entré de nuevo en casa y me encontré con Caleb. —Hey, ¿Has visto a Louis? —pregunté todavía con el pulso acelerado. —SÍ. Está en su cuarto, creo. Asentí y me dirigí hacia su cuarto. Llamé a la puerta y entré. Él, al verme, se incorporo de la cama. —Hey, ya estás aquí. Yo sonreí y me senté a su lado. Todavía no creía lo que iba a pedirle. Esperaba que aceptara y no le contara nada a Dorian. —¿Qué pasa? —preguntó al ver mi rostro. —Bueno, verás, tengo que pedirte un favor. No me odies. —Suéltalo, Nora. Alcé mi mano un segundo y acto segundo susurré un hechizo para insonorizar la habitación. —Mutum spatium —él me miró extrañado—. Así no nos oyen. Se cr

