Una vez más, Dorian y yo entrenábamos en el bosque. Había mejorado un montón a lo largo de la semana y aprendido algunos trucos. Ya practicábamos con magia incluida y empezaba a disfrutar de nuestras peleas. Durante toda la semana no habíamos escuchado nada acerca de mi padre y eso, en parte, me preocupaba. Esperaba que apareciera pronto. Ni siquiera me habían dicho a dónde se había ido pero yo tenía mis sospechas de que había ido en busca de Davorin. Esperaba de verdad no estar en lo cierto. Peleábamos yendo de un lado a otro. Dorian, llegados a este punto, no tenía casi piedad, luchaba con fuerza. Me bloqueaba constantemente pero conseguía librarme usando la magia. Al tenerlo bloqueado en el suelo, tomé la estaca y le apunté al corazón, sin llegar a herirle. —Muerto —dije alzando una

