Keila se encontraba caminando en la playa, con las sandalias en la mano, estaba tratando de calmarse con el ruido de las olas, —Como pude pensar en un momento que ese infeliz... Dios no sé por qué me deje besar de ese idiota, no quiero ser una más de las de su lista. Keila se había retirado hacia un sector de la playa donde no había casi gente, ya que le gustaba regañarse a sí misma, para poder pensar mejor y si alguien la escuchaba la mirarían extraño, de pronto se vio sola y sintió que alguien la observaba, se detuvo, miró para todos lados y no vio a nadie —Vamos Keila son solo nervios—Diciendo esto en voz alta camino de nuevo hacia el hotel, había dado algunos pasos cuando una voz conocida salió desde la oscuridad. —Veo que sigues hablando sola, hay cosas que no cambian. Keila sinti

