—Beatriz, te agradezco la confianza, pero la verdad, sé que otra persona puede….
—Por favor Keila, inténtalo por 6 meses, si veo que Álvaro te hace la vida imposible, o que él definitivamente no va a cambiar, te dejaré tranquila.
Keila no sabía que decir, en realidad apreciaba mucho a Beatriz—Está bien, solo 6 meses, pero si pasa algo similar a lo de hoy, dejaré a otra persona encargada.
—Gracias hija, sabía que podía contar contigo, verás qué instinto no me fallará.
Esa tarde, después de una reunión con algunos inversionistas, Michael entró a la oficina de Álvaro, mientras se reía y sin anunciarse.
—Wow amigo, ¿estás trabajando?, pensé que estabas entreteniéndose con alguna amiguita.
Álvaro levantó la mirada de su computador para observar fijamente a su amigo, y con solo esa expresión fría y oscura Michael dejó de reír.
—Está bien, cambiaré de tema, te invito a un bar hoy, nos tomamos unos tragos y de pronto encuentres a alguien con quien terminar lo que dejaste…….
—Suficiente, tengo que encontrarme con mi abuela y Keila, para organizar algunas cosas, no sé por qué tengo que hacerlo, eso lo puede manejar mi secretaria.
—Ya sabes cómo es tu abuela, ella cree que entre más nos involucremos, estaremos agradecidos por lo que tenemos, en fin, a mí me ha tocado disfrazarse en algunas ocasiones, solo porque Beatriz me lo exige para hacer feliz a los niños.
—No sabía que también ayudabas en la fundación.
—Claro amigo, ¿no sabes las condiciones?, los empleados vamos algunas veces como voluntarios, algunos lo hacen por quedar bien con los jefes, otros por los beneficios que da la empresa y otros, como yo, porque nos nace del corazón—dijo con un tono de ironía.
Álvaro lo miró sin cambiar su expresión, pero si él frecuentaba la fundación, debía conocer a Keila.
—Michael, conoces a esa mujer, ¿a Keila?, la que ayuda a la abuela siempre.
—Si claro, Keila, es una mujer de carácter, algo tosca, pero cuando está apoyando a las personas de la fundación, cambia totalmente su expresión, tu abuela la acogió hace unos años, yo casi no hablo con ella, me ignora a veces, igual que tú.
—¿Sabes cómo llego a la fundación?
—¿Por qué tanto interés?
—No sé, esa mujer no me causa buena impresión, no creo que tenga buenas intenciones, presiento que trama algo.
—Si quieres saber, reunámonos en el bar, la reunión con tu abuela no durará toda la noche, ¿verdad?, además mañana es sábado, no tenemos que trabajar.
—Me vendría bien unos tragos, de acuerdo.
—Invita a Leonardo, él es más cercano a ella y pide otro chofer, él merece un descanso de su histérico jefe—diciendo esto salió a prisa de la oficina, no sea que su amigo se arrepintiera de salir en la noche.
A caer la noche, Álvaro llegó al restaurante donde se vería con su abuela, ella ya estaba junto a Keila esperándolo, se acercó y saludó de un beso en la frente a Beatriz, mientras miraba la expresión de Keila, ella no podía borrar la imagen de Álvaro semidesnudo de su cabeza, así que desvió la mirada.
Pasaron la velada poniéndose de acuerdo en algunas cosas, mientras comían, Keila seguía evitando las miradas de Álvaro, mientras él trataba de establecer una conversación con tan solo incomodarla. De repente Beatriz se disculpó para ir al baño, Keila se levantó para acompañarla, pero la abuela insistió en que no podía dejar solo a su nieto.
—Y entonces Keila, ¿te gustó lo que viste?
La mujer desconcertada, lo miró llena de rabia, cómo se atrevía a hablar de esa escena tan incómoda, tratando de disimular decidió sostener su mirada.
—No sé de qué está hablando.
—Por favor, ya estamos trabajando juntos, puedes tutearme, además ya me conoces más, que dices Keila, te gusto, era lo que esperabas.
—No sé de qué está hablando, no alcance a ver nada, y lo que haga o no en su oficina, no es de mi incumbencia.
—Sé que me viste, crees que no me di cuenta como juntabas tus piernas, mientras mi abuela estaba gritando histéricamente.
—No se crea tan importante, no vi nada, gire mi rostro enseguida, y lo que usted piense, no me importa, así que por favor limitemonos a trabajar y ya, es más, no tenemos que vernos, organizaré todo con su secretaria, usted sólo autorizará y ya, para qué amargarnos con nuestra presencia.
—Wow, me sorprende, pensé que querías trabajar conmigo, que te morías de ganas por acercarte a mí— mientras hablaba se acercaba más a ella, seguía mirándola fijamente, para descubrir qué era lo que en verdad pensaba.
Ella no desvió la mirada mientras decía —me muero de ganas por alejarme de usted, pero ya ve, el destino me jugó una mala pasada, así que no se preocupe, trataré de no encontrarme con usted, a menos que sea necesario.
En ese momento Álvaro vio que se acercaba su abuela, se alejó de Keila volviendo a su lugar.
—Hijo, creo que ya hemos avanzado en cuanto al próximo evento, los últimos detalles lo pueden finiquitar el lunes, estoy algo cansada, ustedes pueden seguir charlando.
—Abuela déjame llevarte a casa.
—No es necesario, el chofer me está esperando, la noche es joven, ya pagué la cuenta, diviértanse, —diciendo esto tomó su abrigo y bolso y se alejó de la pareja.
Keila se paró rápidamente antes de que Álvaro empezara con sus iniciaciones.
—No se preocupe por mí, tengo un compromiso así que me retiro—salió caminando lo más rápido que podía dejando al hombre con una pequeña sonrisa al ver la actitud de Keila, aunque era unos pocos años mayor que él, a veces actuaba como una jovencita asustada, lo cual era raro, ya que antes su actitud era agresiva.
Keila se detuvo en la entrada del restaurante, necesitaba en verdad hablar con alguien, no entendía por qué Álvaro la hacía sentirse extraña, tenía que desahogarse, y sin pensarlo mucho saco su celular y llamó a su amiga.
—André, aceptó ese trago, donde estás, mándame tu ubicación.
Al llegar al lugar que le envió su amiga, Keila bajo del taxi y miró hacia la edificación, era un gran edificio, se veían una especie de terrazas, donde la gente estaba bailando y tomando, hace mucho no estaba a un lugar así, pensaba que ya no tenía edad para esto, pero en verdad necesitaba un trago y hablar con alguien.
Al entrar las luces y el ruido no le facilitaban encontrar a su amiga, cuando de pronto una mano la jalo, era Andrea, en un vestido muy sensual, ceñido al cuerpo, con un maquillaje un poco intenso y su cabello crespo que caía en su espalda y cubría parte del escote.
—Amiga, debiste ir a ponerte algo más sexi.
—Solo quiero hablar con alguien y tomar un trago, pero con este ruido creo que es imposible.
—Ya te acostumbrarás, vamos, estoy con unos amigos en el segundo piso, hay un tipo que me interesa y te lo quiero presentar—le dijo mientras le daba un vaso con alguna bebida alcohólica.
Al momento girar para dirigirse al 2 piso con su amiga, choco con alguien y derramó la bebida en la ropa de este, Keila se apresuró a limpiar con la mano mientras pedía disculpas, por la poca luz no pudo ver bien cara.
—En verdad lo siento, fue un accidente—de pronto la persona a la que chocó hablo con un tono muy conocido.
—Este ya es el tercer traje que me arruina señora Martínez.