LOS NEGOCIOS DE LUCIFER

1564 Words
Roger Burton Chang, nacido en Stamford, Connecticut de casi treinta años de edad, de padre estadounidense y madre estadounidense de ascendencia china, se graduó en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey. Fue cariñosamente apodado por su madre en la primera infancia Bobby, un juego de palabras con buenos augurios como solía decir. Bobby se sentó en su mesa favorita junto a una de las columnas de espejos del Café Tallulah en Columbus Avenue, no lejos de su apartamento. Un lunes caluroso y soleado. Mesa para dos, para conversaciones privadas o más íntimas, pero con buena vista a la calle y con la ventaja de tomar uno de los mejores espressos del Upper West Side con o sin surtido de galletas, muffins, tortas y sándwiches variados. O una buena cerveza. Con la llegada del verano, el joven emoresario posdoctoral en matemáticas financieras aprovechó para sacar de los cajones de los armarios las camisas, camisetas y jeans más ligeros o de sarga, y entre ellos elegir un outfit deportivo para el encuentro programado esa tarde. Escogió una camiseta celeste, pantalón de sarga beige y zapatos mocasines, sin olvidar el toque ligero de Carolina Herrera para hombre. No era precisamente un dandy, un 'foddy', como a muchos les gusta decir. Lejos de eso, se sentía bien al vestirse elegantemente, y había razones para hacerlo.Solía ​​leer los periódicos en casa, especialmente noticias económicas y políticas. En Tallulah, por el contrario, le gustaba leer una novela, un libro de cuentos o, en ocasiones, hojear algunos de sus libros de trabajo, como llamaba a los libros de texto de matemáticas financieras, y otros, que le acompañaban en su estudios de posgrado doctorado en la Universidad de Columbia. Como parte de su postdoctorado, comenzaría a dar clases en unas pocas semanas. Y durante estas próximas semanas se dedicaría más a la lectura e investigación profesional, en especial al fenómeno que vino a denominarse “burbujas financieras”, un aspecto de las crisis económicas en el que le gustaría profundizar. No era raro que pasara mucho más de una hora en el bar, siendo conocido por todos los empleados que trabajaban en la casa y hasta por dos o tres asiduos más a las mismas horas que él. Estaba tranquilo ahora y no tan tenso como había imaginado la noche anterior. El corazón latiendo un poco más fuerte era incluso natural. Y tenía, como con su elección de ropa, sus buenas razones para hacerlo. Al fin y al cabo, todo era normal para uno más de esos encuentros nocturnos con Sara —los mejores por cierto— y que, si su vida y hábitos no cambiaron hasta ese momento, fue por el simple hecho de haberla conocido a ella hace unos meses. Una Persona maravillosa y comprensiva para compartir su amistad, su trabajo y su tiempo libre. Una persona aún reciente en su vida, pero que logró con su encanto y, por qué no decirlo también, con ese toque delicado de feminidad, de sensualidad premeditada, sorprender su cerebro, calentar su corazón y entusiasmar su sexo. Estaba atrapado por una atracción que incluso había sentido por otras mujeres, pero no de esta manera. El timbre de la puerta principal dio el aviso. El espejo frente a la mesa lo confirmó. Allí estaba: Sara Judith Meyer, pelirroja, de un metro setenta de estatura, con ojos vivaces e inquietos, algunas pecas esparcidas tanto por los hombros como por la cara, y que, por su andar rápido y elegante hasta la mesa, parecía dispuesta una vez más a tomarlo en serio. Sara vestía un traje gris claro de entretiempo (entre dos estaciones) sobre una delicada blusa blanca, como si combinara con los colores de Tallulah. Llevaba poco maquillaje, lo justo para realzar su juventud, el pelo recogido con dos hebillas de metal... y sandalias de cuero sin curtir. Bobby se levantó suavemente y la besó en la mejilla, acercando la silla para que se sentara. Sugirió espresso con bizcochos de almendras, cantuccini, acompañado de un licor hecho con cáscaras de limón, una novedad de Tallulah. O un vodka con limón, Serge Gainsbourg, tradicional y famoso de la casa. — Mil disculpas por la demora, querido, dijo Sara todavía sin aliento, pero el jefe estaba notablemente nervioso y me exigió unos minutos más en la búsqueda de un documento que debe llevarlo a Washington mañana sin falta... Todo el mundo está preocupado por esta crisis de bancos... El “jefe” era el Sr. Tall Geithner, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Sara había estado trabajando en su oficina durante poco más de un año. "Está bien", respondió Bobby, indicando la hora en la pantalla de su teléfono celular... Siete minutos en Nueva York no puede ser propiamente considerado un retraso, más aún al final de la tarde incluso en las vacaciones de verano... — ¡¿Será?! Mira, si no fuera por la demora, apuesto a que no habrías contado los minutos, dijo Sara con algo de malicia. — Es posible, pero realmente me disculpo porque tu jefe es un adicto al trabajo y no tiene la mitad de mi encanto... Ambos se rieron. — ¿Novedades?... Bobbu quiso saber. "Tal vez", respondió Sarah, quitándose las hebillas de su cabello y arreglándose con elegancia. — ¿Cómo que tal vez? — ¿De qué manera puedo decir esto con un tono solemne? Sara estaba buscando la palabra adecuada para darle ese ligero toque de suspenso a la posible novedad, provocando la curiosidad del amigo. — Vamos... No des vueltas... ¿Conseguirás un aumento de sueldo? — Más que eso, querido. Sara tomó las manos de Bobby, presionándolas suavemente contra las suyas en un gesto que revelaba confianza y una intimidad tan deliciosa para momentos con sus ojos marrones verdosos: — Ayer comencé la investigación que me pediste, Bobby... Y fui a la Biblioteca Pública de libros raros donde hablan hechos de la historia medieval en los siglos que has indicado... Libros de los más antiguos... — Qué maravilla, Sara... Genial... Eso me da aún más confianza... Tú no tienes idea de lo importante que será todo este material para mi trabajo... Si no tuviera que empezar a enseñar ahora en septiembre… — Shhh... interrumpió Sara. Me alegro de que me hayas contratado para esto, Bobby, de verdad... Y que empieces a dar tus clases, ¿cuál es el problema?... Es así... Sin duda será el comienzo de una prometedora carrera.y yo seré la esposa negociada que tu necesitas.... — Me gusta tu optimismo a veces exagerado, como eres…Se sonrieron el uno al otro, felices de disfrutar ese momento sin demasiados problemas. Sara sintió un calor extra a través en su cuerpo y lo disimuló: — Pero… ¿Por qué quieres saber de libros sobre sectas y ocultismo en la Edad Media, si tu tema es matemática financiera?.. no entendí muy bien esta relación... — Es que este período de la Baja Edad Media, en particular, muestra una cantidad muy grande de información, pero también de contradicciones y opiniones diferentes sobre uno u otro de los temas que me interesan... — ¿Alguno de ellos en particular? — Diría que varios, como es habitual en obras de esta naturaleza... Pero para empezar a calentar y también interesarte, mi intención es buscar y confirmar donde en Europa en realidad nació el primer banco... Sara contuvo una risa. — ¿En libros raros de ocultismo? ...¿Podrías ser más específico? — Religión, catolicismo, como sabes tan bien como hice pensar a la gente en la Europa medieval... Se condenaba la usura y los usureros entre otros pecados y pecadores. causó persecuciones y muertes de personas, crearon leyendas y supersticiones... Un tema, por tanto, que quizás hasta para buscar en libros esotéricos, ¿por qué no?... — Tengo mis dudas, pero… Bobby siguió adelante: — Sara, los bancos, las casas bancarias como se les llamaba, el usurero, las instituciones y prácticas que durante algún tiempo fueron acusadas por la Iglesia, fueron tratadas como instituciones y prácticas del diablo... Muchos judíos en ese momento sufrían por esto... Y los cristianos también... Aunque no tengo inclinaciones religiosas o antirreligiosas, no se puede negar que los bancos son instituciones financieras que se han convertido en una de las más lucrativas y demoníacas sobre la faz de la tierra... La religión y los negocios siempre se han mezclado desde hace siglos... — Te contaré sobre Jacques Le Goff... —No nos cansaremos de decir que la Edad Media es un período rico en detalles y matices, alejado de los estereotipos que muchos le atribuyen. No fue, en absoluto, una fase oscura y tenebrosa supeditada a la superstición y a la autarquía. Especialmente la Baja Edad Media es uno de los períodos más interesantes de estudiar porque será entonces cuando empiecen a construirse los cimientos que luego sostendrán al Renacimiento. Tampoco se deben obviar los rasgos que «oscurecen» a esta época cuya generalización ha ensombrecido, sin embargo, a otros elementos que poco a poco empiezan a ser puestos en perspectiva. Entre los trabajos que ayudan a mostrar con mayor claridad el carácter poliédrico del Medievo encontramos la (ya clásica) obra de Jacques Le Goff, Mercaderes y banqueros de la Edad Media* en la que, a partir del examen de un grupo social muy específico, el autor nos describe un mundo mucho más complejo del que podríamos imaginar.
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