―Ahora si, ¿puede explicarme porque grito de esa manera en el comedor? – pregunto la madre superiora cruzándose de brazos. Ella espera por alguna respuesta por parte de la joven, pero Bridget se quedo callada mirando hacia el suelo.
La mujer suspira, ajustándose los lentes y, luego, dio un paso adelante. Haciendo que la joven se sobresaltara dando un paso atrás y después otro. Selma frunció el ceño ante aquel movimiento. La primera se sentía asustada e insegura, no quería que nadie la tocara o le mire a los ojos, le causaba ansiedad; pero sobre todo miedo. Sin embargo, no debe perder el control, no le convenia que las monjas o cualquiera del internado piense que esta local; porque después ya no seria parte de Light and Blessings, si no de un psiquiátrico.
―Se lo preguntare de nuevo, ¿Qué le paso hace unos minutos en el comedor? ¿no sabe que es de mala educación interrumpir una oración?
Bridget tenia la vista baja, costándole responderle mirándola a la cara, en realidad estaba atónita ante lo sucedido en la escalera con aquellos demonios en su mente. Hubo silencio absoluto por su parte, no quería hablar, le costaba como muchas otras veces.
―Se que hablas poco, pero tienes que confiar en mí y en todas las otras hermanas, también en tus próximos compañeros de clase; recuerda que estábamos para ayudarlos – le dijo.
En segundos, se escucharon pasos por el pasillo. Se trataba de una de las psicólogas del internado. Miriam, es una mujer alta y con buenas caderas, usaba como prendas cómodas y sencillas una blusa de color morado; una falda en combinación con la blusa y unos mocasines blancos.
―Buenos días madre superiora, disculpe la demora – le saluda la psicóloga con pena, ya que se suponía que debe llegar unos minutos antes. Selma hace un ademan con la mano para que le reste importancia.
―Buenos días psicóloga Miriam, no se preocupe por ello, todavía falta minutos para que empecé con su trabajo.
―Que raro, mi reloj dice 9:35 – Miriam mostro el objeto en su muñeca, haciendo una mueca de confusión.
―Esta mala su hora, querida, debe arreglarlo para que no suceda de nuevo.
―Lo siento, tendré más cuidado madre – la mujer observa a la joven entrecerrando los ojos – ¿Y ella quien es?
―Se llama Bridget Barreno y acaban de trasladarla al internado – informa Selma –. Bridget te presento a la psicóloga Miriam, ella te puede ayudar en tus temas de salud mental y en todo lo que necesites.
―Un gusto concerté Bridget – respondio la mujer amablemente.
―Veras Miriam, los padres me dijeron que esta joven presenta una posible esquizofrenia y un comportamiento extraño – la psicóloga observo a Bridget de reojo, escuchando atentamente lo que decía la monja –, hace un tiempo que intentan entablar una buena conversación con ella, pero, Bridget no se los permite. Casi no habla y ni se comunica.
―¿No le dijeron si presenta algún trauma? – indaga Mirian. Selma negó.
―Que va, solo me informaron eso – la psicóloga asintió.
―Entonces la joven si puede hablar, pero ahora no quiere hacerlo, ¿no? – inquirió.
―Exactamente – afirmo.
―Bien, necesitare hablar con ella después de sus clases – dijo, para luego, fijarse en la joven y verla directamente a los ojos – Bridget, quisiera que me acompañaras después de clases a mi despacho, puedes ir cuando necesites tener una conversación conmigo asi como muchos otros estudiantes lo hacen; me agradaría mucho escucharte y brindarte mi apoyo en lo sea que te sucede ¿esta bien?
La joven asintió segundos después, pero sin mirarle a la cara.
―Bueno, ya sabes, estaré en mi despacho esperándote cuando quieras. – Mirian se dio vuelta hasta caminar por otro pasillo, despidiéndose de ambas – Les deseo buenos días.
―Igualmente, psicóloga Mirian – respondió Selma. Luego de unos segundos, la mujer suspira con rendición – ¿segura que no quieres contar nada con respecto a lo que sucedió en el comedor? – insistió en un intento de sacarle información. Pero Bridget negó como siempre, silenciosa y con total seriedad – De acuerdo, es todo por ahora, puedes volver al comedor.
La joven asiente para luego caminar hacia el pasillo que daba entrada al comedor. Selma la observo desde lejos, sospechando si ella tuvo algo que ver con que se rompiera el ventanal.