Capitulo 11.

1015 Words
Bridget se había quedado inmóvil cuando escucho la voz del demonio en su cabeza, su pesadilla de todos los días había vuelto y no había forma de escapar. El ruido de la campana, la cual Charlotte (la madre noche) sostuvo entre sus manos por varios segundos, provocando que la joven se sobresaltara varias veces, sacudiendo su cuerpo de manera rápida y extraña. Maldijo en voz baja cuando siente un dolor en su pecho. ―Te damos gracias, señor, por el alimento que nos has dado; ―oraban todos al unisonó. – haced que de el nos sirvamos siempre para nuestro bien… Cada palabra y cada frase le provocaba daños a Bridget, de forma en que se le acelerase la respiración, que no pudiera respirar, incluso su frente estaba empezando a llenarse de sudor. Movía su cuello y cabeza de izquierda a derecha, chillando y suplicando que se callaran. No soportaba oír las oraciones. De pronto, sus manos sostuvieron el plato de comida entre temblores, y con sus ojos cerrados maldijo varias veces. Poco a poco, se levanta de su silla sin dejar de sostener el plato, murmuraba palabras y frases con cuyo acento era tenebroso. ―Bendice siempre a este internado y a quienes no tienen ni hogar ni pan – pronunciaron todos. Antes de que Selma como muchas otras monjas dijeran la palabra amen, fueron interrumpidas por Bridget. Ella grito fuertemente y, en un acto reflejo, soltó el plato de comida que acababa de tomar. Su desayuno se derramo por el suelo, pero no importo mucho, porque lo más impactante para todos fue que uno de los grandes ventanales se rompió en pedazos; los estudiantes y las monjas gritaron mientras se agachaban cubriéndose con los brazos. Todo había ocurrido al mismo tiempo. Nadie se lo esperaba. Se quedaron en shock contemplando el ventanal, luego, vieron a la joven frente a su desayuno derramado. Estaban confundidos e impactados, se preguntaban porque Bridget había gritado de esa forma y, sobre todo; quisieron saber como el ventanal pudo romperse asi de la nada. Comenzaron a susurrar mirándola de soslayo. ―Bridget, ¿estas bien? – se preocupó Jaqueline hacía su compañera. Los cuchicheos comenzaron, la joven apretó los puños a sus costados. No quiso soportar la vergüenza que sentía en ese momento, quería irse. Su cuerpo no dejaba de temblar. ―No – pronuncio Bridget en susurro. ―¡Señorita Barreno! – exclamo la madre superiora. – Venga conmigo en este momento. Bridget no la escucho, reunió el valor para correr por el comedor hasta llegar por uno de los pasillos. Todos observaron a la joven ceñudos. Su compañera de cuarto, Jaqueline, fue la única que salió corriendo detrás de ella. Como bien la monja le había ordenado indicarle los lugares del internado, no le conviene tener un castigo de su parte, sin embargo, no quería que Bridget se pierda. La primera corre hasta llegar al pasillo, deteniéndose muy cerca de las escaleras que daban paso hacia los demás salones de arriba. Mantuvo su mano izquierda en el pecho, tratando de controlar su respiración. Después, un escalofrió se origino en su nuca, pasando a mirar sus manos vendadas y temblorosas quiso abrir una de las puertas que se encontraban en el pasillo. Bridget cuando estaba asustada intenta buscar un lugar alejado de todos para refugiarse, si no lo encontraba a tiempo, pensaba que aquel demonio la tomaría de los pies hasta arrastrarla. Pero hubo algo que a Bridget le inquietaba, sintió que la estaban observando. Cuando mira hacia la escalera como a unos catorce peldaños, ve a una chica de casi su misma edad. Se sobresalto. Era baja y de cabello largo, vestida con el uniforme del internado, la primera no pudo verle su rostro porque estaba de espaldas. Sin embargo, la chica se mantuvo quieta por largos segundos y, luego, uno de sus pies baja un escalón sin mirar hacia atrás. Lugo baja su otro pie. Sin ver, sin miedo a caerse de espaldas. Bridget frunció el ceño, ladeando la cabeza. Extrañada por lo que hizo aquella joven de baja estatura. ―Bienvenida, Bridget – pronuncio la chica con una voz muy gruesa y escalofriante. Bridget abrió enormemente los ojos cuando la adolescente impulsa su cuerpo de espaldas, cayendo por las escaleras hasta que su cuerpo toco el suelo. La primera soltó un grito ahogado, perpleja ante lo visto, presenciando un intento de muerte. Camina sigilosamente hasta ella, inclina su cuerpo y aparta varios mechones de pelo sobre su rostro, al verlo, la chica abre los ojos de golpe tomándola fuertemente de brazo. Bridget grito. ―¿Lo ves? Soy igual que tu – la endemoniada sonríe. Esa muchacha tenía el mismo rostro de Bridget, con la diferencia de que estaba manchado de sangre y con muchas cicatrices en la cara. ―¡No! ¡no! ¡no! – repitió Bridget ante negaciones, sacudiendo la cabeza. Se escucharon pasos atrás de ella. Algo la toco por los hombros, supo que eran unas manos. Bridget siguió chillando hasta que forcejea con esa persona desconocida. ―¡Hey, tranquila soy yo! – la voz de Jaqueline hizo que se detuviera. Su compañera la observa con extrañeza careciéndole los hombros, en un intento de tranquilizarla. El pecho de Bridget subía y bajaba sin parar. ―Estas bien, estas bien…― la joven niega con la cabeza, dándose cuenta de que en el suelo la adolescente había desaparecido, como si todo lo que vio nunca fue real – Hey, ¿Por qué gritaste de esa forma? – pregunta Jaqueline. ―¡Señorita Bridget Barreno! – Selma camina directamente hasta ellas, ambas se giraron para observar a la monja – Quiero que hablemos…― pidió mirando a Jaqueline Sheeran de reojo –; sin no es molestia. Cuando Jaqueline escucha aquello, asintió levemente entendiendo que necesitan hablar sin su presencia. ―Estaré en el comedor, cuando termines te seguiré informando sobre lo que necesitas con respecto a las clases ¿ok? – Bridget asiente sin decir nada. La joven se retiro del pasillo dejando a Selma y a Bridget a solas.
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