Una Luz blanca fue lo primero que Bridget logra encontrar al despertarse, la bombilla brillante hizo que la joven parpadeara varias veces hasta que su vista se aclare, su cuerpo yacía en una camilla con una expresión pálida y débil. A los segundos, el espacio empezó a tener forma, comprobó que estaba en el consultorio del enfermero. Una sabana blanca la cubría de los pies al cuello y, en su mano derecha, una aguja enterraba su piel justo en las venas; seguido de un pequeño y delgado tubo hasta una bolsa transparente con un liquido dentro.
Los huesos le duelen y cualquier movimiento empeoraba todo. Estaba empapada en sudor, sus manos ya no conservan el vendaje, eso significa que el enfermero se los había quitado cuando se encontraba inconsciente.
― ¿Bridget? – dijo alguien desde el rincón. La voz sonaba lejana. Su cabeza palpita cuando alcanza a enfocar un vago recuerdo del internado. Pensando en todo lo que ocurrió en aquella habitación de la difunta alumna de Light and Blessings.
― ¿Crees que despertó? – inquirió alguien dubitativo. Esta vez, la voz sonaba masculina.
Cuando por fin la joven abre los ojos por completo, su compañera de cuarto fue la primera persona que encontró y después localizo a Evan Mathews en su compañía, examino a Jaqueline unos segundos. Jaqueline le sostuvo la mirada mientras sonreía y se acerco hasta sentarse en la orilla de la camilla.
― ¡Qué bueno que despertaste! – le dijo, después le extendió algo sin quitar su sonrisa –. Toma, se te cayo tu oso de peluche cuando te desmayaste.
La joven presiono su cabeza con los dedos, para luego, agarrar su peluche de color violeta.
― ¿Cómo te sientes? – pregunto la chica con interés.
―Jaqueline, esa es la pregunta que menos debes hacerle a una persona acostada en una camilla – respondió Evan blanqueando los ojos –. Es obvio que no se siente bien.
― ¿Qué ha pasado? – pregunta Bridget adormilada, áspera y con voz ronca.
Evan pestañea ladeando la cabeza.
― ¿No lo recuerdas? Estábamos en la biblioteca y te desmayaste – le recordó.
«¿Eh?» pensó la joven en su interior.
―Te fuiste de la habitación y después de encontrarte con Evan y Jake, de pronto te mareaste y caíste al suelo – agrega Jaqueline.
― ¿Y…lo demás? – Bridget los ínsita a continuar.
Los dos jóvenes compartieron miradas.
― ¡La sangre! – exclamó Bridget para ser mas especifica.
― ¿De qué sangre hablas? – Jaqueline y Evan parecían confundidos.
―Yo…habitación…las luces…―siguió en un intento de que pudieran comprenderla, pero no fue asi.
―Bridget, no te entiendo – le dijo Jaqueline haciendo una mueca, compartió una mirada de confusión con el varón.
Ahí la joven comprendió que no debía seguir explicándoles esa versión espantosa. Decidió apartar la mirada de ambos. Supo que de nuevo que su mente estaba jugando con ella y que la mayor parte de lo que recordaba no fue cierto ni real. Las pisadas que se aproximaban eran del enfermero, quien abrió la puerta para seguir atendiendo a su paciente.
―Buen día Bridget, me alegra que hayas despertado – saludo el enfermero. Jeremy entro sosteniendo entre sus manos una tabla de madera con varios papeles – Espero y te sientas mejor, te he dado una pastilla que puede aliviarte.
La joven se presiono de nuevo la cabeza con los dedos.
―Al caerte te lastimaste un poco, nada grave, no tienes de que preocuparte –. El enfermero se posiciono a un lado de la camilla dejando su tabla de madera sobre el escritorio, después se volvió hacia Bridget –, estarás bien – le tranquiliza, con una mínima sonrisa.
―Enfermero Jeremy – Jaqueline llamo su atención – ¿sabe el porque mi compañera se desmayó?
―Quizás se le haya bajado el azúcar, dormido muy poco o no ha tenido una buena alimentación – respondió.
―Bueno, ella no ha querido comer desde ayer – admitió la joven –. Trate de preguntarle el porqué, pero, no me quiso dar explicaciones.
― ¿Es eso cierto señorita Bridget? – inquirió Jeremy entornando los ojos. – es muy peligroso que no te alimentes como se debe.
La adolescente desvió la mirada, no quiso responderle ni darle detalles. Jeremy suelta aire por la nariz.
―Mira, me importa mucho la salud de mis pacientes, te aconsejo que comas todos los días. Si no lo haces tendrás una de estas consecuencias, como desmayarte, falta de concentración; gastritis e incluso daño neuronal – hizo una breve pausa – ¿Es eso lo que buscas? – la joven negó con la cabeza –. Me lo imagine.
― ¿Cuándo puede volver a clases? – pregunta Jaqueline.
―Si se siente mejor, hoy mismo – respondió. Después levanta su dedo índice –, pero; con la condición de que pueda alimentarse. Por favor háganle entender que no puede estar asi, cualquier cosa me mantienen informado.
Ambos adolescentes asintieron.
―Por supuesto – dijo Jaqueline.
―Bridget cuando salgas debes desayunar, estas un poco débil y necesitas fuerzas – recomendó el enfermero – ¿Puedes intentar, levantarte de la camilla?
La joven asiente y se incorporó hasta sentarse en la camilla, después, con algo de lentitud; poco a poco sus pies descalzos tocaron el piso frio. Se dio cuenta que estaba vestida con una bata blanca, muy similar a la que usan en los hospitales.
―Muy bien, ¿todavía te sientes mareada? – ella negó –. Bueno, ahora te pregunto, ¿tienes problemas para dormir? – la joven asintió – ¿En tu casa…te alimentabas tres veces al día? – ella vuelve a negar con la cabeza.
Evan Mathews y Jaqueline Shearen estaban atentos ante la conversación.
―Por ello te sucede esto, no comes tres veces al día – contesto – ¿es la primera vez que te desmayas? – la joven niega nuevamente –. Pues con mayor razón debes alimentarte, no es bueno que una chica de tu edad haga estas cosas, mejor dicho; para nadie es bueno.
El enfermero Jeremy toma la mano de Bridget para sacarle con cuidado la aguja que estaba enterrada en su piel, después de botarla, se dio vuelta para tomar la ropa de Bridget hasta extenderla hacia ella.
―Aquí tienes tu uniforme, cámbiate para que regreses con tus actividades. – le dijo. Giro su cabeza hacia los dos jóvenes – Salgamos para darle espacio.
Ambos asintieron con la cabeza y, después caminaron todos hasta la puerta del consultorio para dejar que Bridget se cambiara de ropa teniendo su privacidad. Afuera, se quedaron de pie con los brazos cruzados esperando a la joven.
―Evan, puedo preguntarte, ¿Qué fue lo que sucedió? – susurro Jaqueline hacia el muchacho.
―Yo estaba muy tranquilo en la biblioteca, cuando de pronto me encuentro con esta chica…―suspiro hondo rascándose la cabeza, para luego; mostrar una mueca – no lo sé, fue un poco raro, ella parecía muy asustada y miraba hacia todas partes cada rincón de la biblioteca; era como si estuviera tratando de esconderse o buscando algo – conto el varón – después sucedió que las luces tintinearon, el monitor se apagó, luego hubo sonidos de libros cayéndose…
― ¿Y Jake, que tiene que ver en ello? – se preguntó ella, interrumpiéndole.
―Jake quiso vengarse, tratando de asustarme en la biblioteca, pero no lo logro – respondió en un encogimiento de hombros, muy orgulloso. Después, se fijó que el enfermero estaba muy concentrado leyendo un par de cosas en su carpeta – Jake me dijo que hizo caer los libros a propósito y que en cuestión de las luces y el monitor no tuvo nada que ver.
―Quizás fue problema de la energía, recuerda que estaba lloviendo – contesto Jaqueline.
―Tambien pensé lo mismo, pero si ese mensaje no hubiera aparecido en la pantalla…
― ¿Qué mensaje? – repitió la joven de repente, volviéndole a interrumpir.
―Cuando se apagó el monitor, mostraba un mensaje que decía «búscame» con todo el color n***o de fondo – respondió en voz baja, asegurándose de que Jeremy no escuchara – ¿tu no oíste cuando ella salió de la habitación? ¿Por qué tu compañera estaba tan asustada?
― ¡No lo sé, Evan! ¡no tengo idea! – exclamo en el mismo tono de voz –. Yo soy de tener el sueño profundo, se cae todo Light and blessings y aun asi no me despierto.
―Bueno…―Evan suspira hondo hasta descansar su espalda en la pared – Ahora tengo que esperar mi castigo – Jaqueline abrió enormemente los ojos.
― ¿Qué les dijo la madre superiora? ¿tambien castigara a Bridget? – inquirió en un tono de preocupación.
En ese momento la joven había salido del consultorio con su uniforme, hubo un silencio en el pequeño pasillo, ambos jóvenes compartieron miradas. El enfermero coloca su carpeta bajo su axila y sonríe a su paciente.
―Ya sabes Bridget, te alimentas ¿de acuerdo? – ella asintió bajando la mirada – cualquier cosa estaré aquí si necesitan algo – aviso el hombre despidiéndose de ellos. Abrió la puerta y entro a su consultorio.
― ¡Los alumnos Evan Mathews, Jake O ‘Sullivan y Bridget Barreno reúnanse conmigo a la primera cancha! – se oyó en los altavoces la orden de la madre superiora – ¡repito, reúnanse conmigo a la primera cancha!
Los dos jóvenes, Bridget y Evan compartieron miradas cómplices. Luego, se fueron hasta la primera cancha en compañía de Jaqueline.
†
Cuando llegaron a dicha cancha, la mayoría de los alumnos se encontraban de pie en la espera de las monjas, casi nadie sabía exactamente porque solicitaban la presencia de todos ellos; mucho menos a horas tan tempranas por la mañana. La cancha era cerrada y bastante amplia, y por tanto en su educación, adquieren la practica del deporte en sus asignaturas para mantener sus cuerpos activos de la mejor manera posible. Pero, en este caso, la cancha no estaba del todo limpia e incluso las paredes perdieron su color; el suelo estaba manchado y un olor a muerto les hiso tener ganas de vomitar. Se notaba la poca importancia justa para limitar la variedad y calidad de las instalaciones en el internado que les brindaban las monjas para los estudiantes.
Al llegar las monjas, gran parte de los adolescentes guardaron silencio para escuchar.
―Buenos días a todos – saludo Charlotte en voz alta –. Nuestra hermana Selma los solicito aquí para que vean la clase de compañeros que tienen a sus alrededores, desde mucho tiempo tratamos de hacerles entender cuáles son las reglas de Light and blessings, pero hay unos alumnos en específico que no cumplen con ellas – informo la mujer con su semblante serio – ¡Quiero que se acerquen Jake O ‘Sullivan, Evan Mathews y la nueva integrante Bridget Barreno! – ordeno Charlotte.
Los jóvenes empezaron a caminar abriéndose paso entre la multitud de alumnos, cada quien los miraba de soslayo, murmuraban cosas entre ellos; tratando de entender que habían hecho mal. De igual modo, todos en el internado saben que hay que cumplir con ciertas cosas, recibir atención y
―Les explicare – hablo la madre superiora – estos jovencitos estuvieron afuera de sus habitaciones durante la noche sin tener ningún permiso para entrar en la biblioteca, se quedaron ahí charlando en compañía de la nueva integrante, díganme ¿Qué hacían ahí? – interroga.
―Eso ya se lo explicamos a la madre noche – respondió Evan –, estuvimos ahí por un momento, no hicimos ninguna otra cosa de lo que se imagina y; la nueva no tuvo nada que ver.
― ¿Qué hacía Bridget con ustedes? – preguntó Charlotte.
―Nada, ella simplemente salió de su habitación y se sentía asustada, no sabemos por qué – contesto el varón.
― ¿Es verdad lo que dice Evan? – le preguntó Selma a la joven de ojos grisáceos, pero ella no la miraba – ¿Bridget? ¿es cierto eso?
La muchacha asintió, sin mirarle.
― ¿Por qué estabas asustada?
Ella se encogió de hombros. La monja suspiro rendida, recordando que Bridget no dice muchas palabras.
―Como eres nueva, no pienso castigarte, pero como tus compañeros saben cuales son las reglas tendrán su castigo como se debe – sentencio la mujer.
Una de las monjas le extendió un cinturón de cuero, muy grueso y largo de color marrón, eran esos que dejaban marcas rojas en la piel. Los estudiantes miraron aquello con temor y tragaron con dificultad, varios de ellos sabían el enorme dolor que causaba.
―Quítense las camisas – ordeno Selma a los varones, mientras sujetaba el cinturón.
Bridget frunció el ceño. Observo como ambos se quitaban su ropa hasta quedarse con sus torsos desnudos. Principalmente, no pudo evitar mirarle los brazos a Evan Mathews, a pesar de ser un chico delgado tenía unos músculos llamativos; sus venas se marcaban, se fijo en su pecho blanco y brevemente tonificado. Jake en cambio, si era mucho mas musculoso y con bíceps grandes. Sin embargo, lo que mas le preocupaba era el maltrato que tendrán ambos varones.
―Ahora, arrodíllense – Selma mantuvo el cinturón en sus manos, mirando a los jóvenes con seriedad y sin ningún tipo de piedad.
Bridget apretó los puños a sus costados, hundió sus cejas con molestia y miraba a la monja sintiendo ganas de gritarle y golpearla hasta hacerla pedir perdón. No le gustaba nada que sus nuevos compañeros recibieran tal cosa, era humillante y un maltrato físico, sabía que Selma estaba cometiendo un pecado.
―No lo hare – se negó Evan. Su tono fue claro, sin temblarle la voz.
― ¡Hazlo! – La monja dio un paso al frente, preparada para enfrentarle.
― ¡Dije, que no lo hare! – exclamo el muchacho, encarándola.
La madre superiora chasqueo los dedos. Entonces, otra monja se posiciono detrás del varón hasta llevar sus brazos tras la espalda de Mathews, manteniendo sus muñecas unidas empezó amarrarlo; Selma le obligo arrodillarse con brusquedad. Evan alzo la vista para mirarla a los ojos, el varón apretaba su mandíbula, le odiaba con todo su ser.
―Mujeres malas son, el pecado las persigue, solo ustedes pagarán con fuego y arderán en el – sentencio Bridget.
― ¿Qué dijiste? – inquirió Charlotte hacia ella. Bridget negó con la cabeza y desvió la mirada.
Algunos atendieron lo que la joven había pronunciado, fue tan pausado y ronca su voz que muchos se lo cuestionaron, ¿porque decía esas cosas? ¿les pasara algo a las monjas? ¿Por qué al decirlo les hacia estremecerse?
Después de eso, la monja que anteriormente lo amarro, sostuvo el cinturón de cuero hasta azotarlo en la espalda. Evan gruño de dolor. Continuaron con Jake, a quien después le hicieron lo mismo. Los azotaron una y otra vez sin piedad, cada joven miraba el panorama con temor, los gritos de Evan y Jake provocaban ecos en los rincones de la cancha. Usar azotes para “corregir” el comportamiento de alguien no es la solución, soportar estos casos de violencia en un internado que muchos conocen como prestigio religioso, es algo que debe llevarse a cabo con las autoridades. Pero en Light and blessings, no tienen forma para comunicarse, todas las r************* las tenían bloqueadas y la única forma que hablaran con sus padres era pidiéndoles permiso a la madre superiora en su despacho, asi ella tomaba el teléfono de servicio para que dicho alumno hablara con su representante; estando ella presente aclaro estaba.
Cuando la monja termino de azotar a los varones, les desamarraron las muñecas. Ambos muchachos tenían sus espaldas rojas e hinchadas, ardían demasiado, casi no respiraban con normalidad. La rabia y odio estaba al cien por ciento, no querían oírlas ni mirarles las caras, sentían repugnancia; las detestaban con todo su ser.
―Su castigo ya está hecho, que no se vuelva a repetir – les dijo la madre superiora, agachándose a la altura de ellos.
Evan alzo la vista para encararla, sin miedo, escupió la cara de la monja.
― ¡Desagraciada! – vocifero Evan – ¡Eres una desgraciada!
Como consecuencia, Selma le dio una bofetada al varón.
― ¡Suficiente! – grito ella – ¡llévenlo al cuarto de castigo! – ordeno sin más.
Las demás monjas tomaron a Evan por los brazos, el joven quiso zafarse, pero ellas le obligaron a caminar hasta cruzar el pasillo que daba entrada al cuarto de castigo. Todos los alumnos se quedaron helados, teniendo miedo de lo que fuera a pasarles si llegaran a romper las reglas.
― ¡Vayan al comedor y luego regresen a sus actividades, vamos! – dijo Charlotte alzando su tono de voz.
Ante aquella orden, los jóvenes comenzaron a moverse hasta ir por los pasillos y seguir su destino al comedor. Una mano toco que el hombro de Bridget haciendo que girase para ver de quien se trataba.
― ¡Dios! Pensé que las monjas te harían algo – era Jaqueline –, por poco a ti tambien te castigan Bridget, no vuelvas a salirte de la habitación me oyes ¡no lo repitas jamás! – pareció muy preocupada. – ahora ya sabes porque te dije que nunca debieron trasladarte en este internado.
― ¡Estúpida vieja! – exclamo Jake en una queja. El joven se estaba poniendo su camisa – Nunca volveré a dejar que me toquen, son unas desgraciadas.
― ¿Quién te manda a saltarte las reglas Jake? Nadie, sabes bien que no puedes salir de tu habitación – le dijo un alumno. Su cabello era rojizo y usaba lentes de lectura.
―No pedí tu opinión – el varón blanquea los ojos, después, señalo por un instante a Bridget – Luego hablare contigo.
La joven frunció el ceño, observando como ambos chicos se retiraban.
―El de cabello rojizo se llama Larry Donaldson – informo la pelinegra a Bridget – es compañero de Evan, Ned y Jake. Aunque, no comprendo porque Jake quiere hablar contigo – la muchacha hizo una mueca – espero y no te metas en problemas, porque luego a quien regañan es a mí, recuerda que yo debo asesorarte con el lugar.
Jaqueline la tomo de la mano, y señala hacia uno de los pasillos.
―Te llevare a desayunar, no quiero que te desmayes otra vez.