Segunda fase del plan: la sombra de la duda

1120 Words
A la mañana siguiente, desperté con la cabeza latiéndome fuertemente como si quisiera explotar, todo por culpa del vino de la noche anterior, si había escuchado que la resaca de una borrachera con un vino podría ser fatal, más jamás me imaginé que realmente fuera a ser así. Sin embargo, era mucho más fuerte la furia en mi pecho que cualquier ligera resaca que se pasaba con una pastilla o con una sopa caliente de pollo. Lo que me hacía enojar era saber que Eduardo se había salido con la suya... por ahora. Me senté en la cama y tomé el teléfono. Había una manera más elegante de desmoronar su matrimonio: hacer que Aura lo viera con otros ojos, que empezara a dudar de él sin necesidad de exponerlo de inmediato. Yo sabía que no había nada peor en una relación de pareja que la desconfianza, Aura confiaba profundamente en Eduardo, creía que ella era el hombre perfecto, y aunque sabía que muchas mujeres lo deseaban, ella estaba segura de poder confiar en él, en que su amor hacia ella era sincero y que sería para toda la vida. Con una sonrisa torcida, entré a la aplicación de citas y eliminé la cuenta falsa. Eduardo ya había mordido el anzuelo, no necesitaba más pruebas de que era un hombre sin escrúpulos y que haría lo que fuera con tal de tener una aventura de una noche a pesar de que ya tenía a Aura. Ahora, era momento de jugar con su mente. Primero, conseguí un número nuevo de teléfono virtual y envié un mensaje anónimo a Eduardo: "Las paredes tienen oídos. Y cámaras. Disfruta tu luna de miel, mientras puedas, porque ya luego no podrás." Suficiente para envenenar su tranquilidad. Luego, bloqueé su número para que no pudiera responder, y para que tampoco se tomara la libertad de rastrearlo si es que pretendía hacerlo. Ahora, Aura. Sabía que cualquier insinuación directa levantaría sospechas, así que debía hacer algo más sutil. Envié otro mensaje, esta vez desde mi número real: "Amiga, ¿sabes qué es lo más bonito de las parejas que se casan? Que no tienen secretos. He visto a tantas personas en relaciones que parecen perfectas, pero, en el fondo, hay cosas que no ven. O que no quieren ver." Lo envié y esperé. No pasó ni un minuto cuando Aura respondió: "¿Por qué me dices eso? ¿Está todo bien contigo?" Perfecto. Su mente ya estaba trabajando en adivinar la claridad con la que yo había jugado con mis palabras. "Nada, solo cosas en las que he estado pensando. Creo que el matrimonio debe ser sincero desde el principio, sin mentiras, sin dobles caras. Pero bueno, ¿cómo estuvo tu cena? Cuéntamelo todo." Ella cayó en la trampa, contando con emoción cada detalle de la velada. Eduardo estaba haciendo un trabajo impecable para mantener su papel de esposo perfecto, pero la idea ya estaba en su cabeza. Durante los siguientes días, seguiría dejando pistas. Un cabello de mujer en la ropa de Eduardo, un perfume en su chaqueta que no era el de Aura, mensajes anónimos con frases ambiguas. Nada demasiado obvio. Nada demasiado incriminatorio. Solo lo suficiente para que Aura empezara a preguntarse si conocía realmente al hombre con el que se había casado. La duda es un veneno lento. Y yo me encargaría de que lo bebiera hasta la última gota. Solo había pagado tres días de reservación en el hotel, al tercer día tendría mi viaje de regreso, quería volver a casa, la verdad, ni siquiera me había tomado el tiempo para salir a recorrer cada una de las calles de este maravilloso país aprovechando que estaba aquí. Solamente estaba preocupada por conseguir las pistas necesarias para evidenciar a Eduardo en cuanto el momento llegara. Partí al aeropuerto, trabajé un rato en mi computadora desde la silla donde estaba esperando a que las azafatas anunciaran mi vuelo, subí al avión cuando dieron aviso que se podía embarcar el avión, y al poco tiempo, volvimos de regreso a los Estados Unidos. Finalmente regresé a casa. No había nada mejor que descansar en la comodidad de tu casa. Al día siguiente, vuelvo a mi trabajo, voy a la oficina, tratando de actuar con naturalidad frente a todos, mi cargo no es como que fuera el más importante dentro de la empresa, sin embargo, me llevaba muy bien con muchos de mis compañeros de trabajo, allí dentro tenía amigos, y muchos de ellos habían estado a la expectativa de saber cómo había terminado la boda de mi mejor amiga que fue todo un show, fue el boom del año, incluso hasta salió en una portada de una de las revistas más prestigiosas de farándula del momento solo por su apellido. Llego a mi oficina, y lo primero que hago, es encender mi computadora de escritorio, pero antes de que pueda comenzar a trabajar en los pendientes que dejé por culpa de mi maldito viaje de dos semanas, Anabel, una de mis más grandes amigas del trabajo se acercó a mi oficina, me ofreció una taza de café recién preparada, la recibí y ella se dispuso a conversar un poco conmigo antes de disponernos a nuestros deberes. — Y bien… ¿Cómo te fue en tu viaje? ¿Qué tanto sucedió con tu galán? — dijo ella, sintiendo mucha curiosidad de saber qué había sido de mí y Eduardo en el viaje. De mi círculo social, ella era la única que sabía los verdaderos sentimientos que tenía frente a Eduardo a pesar de ser el hombre de mi mejor amiga. — Shh… ¡Cállate! No quiero que nadie nos escuche. Nadie más que tú sabe de mi aventura con Eduardo… Eduardo ahora es una figura conocida, y no quiero saber lo que pueda ser de mí luego de que la familia de Aura, y ella, se enteren de la verdadera cara de Eduardo en cuanto logre desenmascararlo. Ella asintió. — Sí, lo siento. Por un momento me olvidé de que estábamos en la oficina, pero vamos, cuéntame todo, quiero saber todos los detalles. ¿Te acostaste con él? ¿Impediste la boda? ¿Se fugaron juntos? Anabel comenzó con sus preguntas sin sentido. Ella era la única persona que realmente estuvo al pendiente de saber acerca de mi relación con Eduardo. Incluso, una noche antes de irme a ese dichoso viaje de dos semanas de convivencia a casa de Aura, Anabel fue a dormir a mi casa, bebimos vino, y creo que en medio de nuestra casi borrachera, que no terminó siendo una, gracias al cielo, dijimos demasiadas cosas sin sentido, solté un par de verdades que ella y yo juramos que nos llevaríamos a la tumba.
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