La peor de las humillaciones

1161 Words
— No, Anabel. No nos fugamos juntos. Dime una cosa, ¿Crees que habría venido a trabajar hoy si yo hubiera conseguido fugarme con él? — respondí con ironía. No quería hablarle así, pero no tenía más opción, realmente, me desesperaba que Anabel hiciera ese tipo de preguntas tan estúpidas. Anabel me miró con desconcierto, sí, había sido un poco grosera con ella, pero se lo había ganado por haber hecho esas preguntas que de verdad no tenían nada de sentido para mí. — Ya, lo siento, no quise ser grosera, pero entiéndeme que esas preguntas que has estado haciendo no tienen sentido para mí. Además, no, no me fugué con él, ni siquiera conseguí hacer que cambiara de opinión y se quedara conmigo en lugar de quedarse con esa idiota… De hecho, terminó hasta siendo un imbécil. Prefirió casarse con ella, que quedarse conmigo, ya sabes, no puedo darle el mismo prestigio que ella le da a su vida… — le respondí con honestidad, y aunque hablé con un poco de rabia. — Lo entiendo, así son los hombres, amiga. ¿Qué más podemos hacer? Él nada más es un interesado del que quiere hacerse multimillonario a toda costa, cree que por haberse casado con esa mujer logrará serlo. Asentí, sintiéndome resignada, porque mi plan de venganza no funcionaría para nada. No creo que haya forma de conseguir que él abandone a Aura, y menos si sabe de la importante de su apellido y su familia. Me dediqué a seguir con mi trabajo, hasta que, de pronto, escuché un escándalo afuera, escuché a un par de mujeres hablando fuerte, como si estuvieran discutiendo con alguien. Mis compañeros de trabajo se alejaron de sus puestos de trabajo para ir a ver qué es lo que sucedía. Decidí seguirlos. Me llevé la peor de las sorpresas, las desgraciadas de las abuelas de Aura, las dos ancianas con las que discutí el día antes de regresarme a mi casa, luego de que se celebrara la boda de Aura, estaban afuera de mi oficina, en la sala común, parecían un par de locas, gritaban obscenidades sin sentido, me insultaban, me trataban de perra, de desgraciada, de mala amiga y envidiosa. Todos mis compañeros me miraban extrañados, y la verdad es que hasta se susurraban cosas entre ellos, mientras no me quitaban la mirada de encima. — ¿En dónde demonios está el jefe de esta señorita? — gritó la abuela Clara a todo pulmón. ¡Demonios, no! ¡No se metan con mi jefe, con mi trabajo! ¡Si no hago nada para impedirlo, estas señoras serán capaces de dejarme sin empleo! Pensé para mí misma. — ¿Quieren callarse y largarse de aquí? ¿Qué pretenden venir a hacer con este escándalo a mi trabajo? ¿Quieren dejarme sin empleo? ¿Quieren arruinarme la vida? ¿Por qué? — me quejo ante ellas, trato de no hacer un escándalo para que mi jefe no se entere de la situación, pero me imagino que ya los chismes han de haber llegado a su oficina y está viniendo para acá en este preciso instante para reclamarme por lo sucedido. — ¡No nos hemos olvidado de lo que fuiste capaz de hacernos y de hacer el día antes de la boda de nuestra nieta! ¡Ya lo sabemos todo! ¡Eres una maldita zorra! ¿Cómo pudiste engañar a Aura de esta manera siendo tu mejor amiga? ¿Cómo pudiste meterte en la cama con su novio, que también era su prometido justo unos días antes de la boda? — me reclama la abuela Gloria. Abro los ojos como platos, ¿Cómo demonios sabían estas brujas que yo estuve en la cama con el novio y ahora esposo de mi mejor amiga? ¿Quiénes se creen que son estas mujeres para hacerme esto? Los cuchicheos entre mis compañeros de trabajo seguían presentes en el lugar, pero todo se cayó por completo cuando mi jefe apareció con cara de mal humor. — ¿Qué demonios está sucediendo aquí? ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué han venido a mi empresa a hacer este alboroto? ¿Señorita, está usted implicada en este problema? — dijo mi jefe, volteando a mirarme inmediatamente cuando se dio cuenta de que todos mis compañeros de trabajo no dejaban de mirarme. — Señor… Yo… — pero antes de que pudiera seguir hablando, las abuelas de Aura me interrumpieron. — Señor, ¿Qué hace esta mujer trabajando en este lugar? ¿No se supone que es una empresa de calidad? ¿Acaso le gusta que sus empleados estén implicados en infidelidades innecesarias? — se quejó la anciana Clara ante mi jefe. Sus palabras estaban provocándome una ira tan terrible que tuve que aguantarme las ganas de golpearle en la cara a ese par, porque no tenían nada más que estar haciendo acá. Sin embargo, no podía hacerlo, porque era más que probable que me metiera en serios problemas. —¿Qué? ¿De qué mierda están hablando? ¿Quiénes son ustedes? — preguntó mi jefe confundido, al mismo tiempo, estaba comenzando a perder la paciencia, puesto que esas dos ancianas estaban haciéndonos perder el tiempo a todos, tiempo que era valioso para trabajar por la cantidad de pendientes que teníamos. — Señor, por favor, no les haga caso, conozco a estas señoras, y tienen problemas de bipolaridad y perdida de memoria, a veces se les olvida porque están haciendo lo que hacen. Muchas veces, las cosas que dicen no tienen sentido en realidad, por favor, llame a seguridad y pídales que las saquen de aquí, nada más están haciéndonos perder el tiempo — le dije a mi jefe, tratando de convencerlo de que esa era la mejor decisión, sin embargo, las abuelas de Aura estaban decididas a arruinarme la vida, porque siguieron insistiendo en hacerme quedar en ridículo. — ¡Le exigimos rotundamente que despida a esta mujer! ¡No merece que tenga a una trabajadora como esta zorra en su empresa! — exigió la anciana Gloria. Aquellas palabras provocaron que mi corazón brincara. — ¡Seguridad! ¡Saquen a estas dos ancianas de aquí, ahora! — gritó mi jefe, mirando a su alrededor en busca de los oficiales de seguridad del edificio para que se llevaran a las abuelas de Aura. Suspiré, y sentí que por lo menos mi día no terminaría mal, pero luego de qué seguridad vino a llevarse a ese par de locas, supe que mi vida comenzaría a derrumbarse en un abrir y cerrar de ojos. — Marie Cruz, a mi oficina, por favor. De inmediato — dijo mi jefe luego de que, con una mirada severa, se encargara de qué seguridad vino a llevarse a las locas desquiciadas de las abuelas de Aura para la calle. Tragué saliva, sintiéndome nerviosa, solo esperaba que al menos en ese momento me fuera a regañar, a llamar la atención, más nunca me imaginé que sería capaz de tomar otras medidas.
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