¿Nueva Amenaza?

1136 Words
Con el corazón acelerado por los nervios, me miré en el espejo antes de salir, quería asegurarme que me viera muy bien para mi reunión, puesto que de ella dependía mi nuevo destino. Mi cabello estaba perfectamente acomodado, mi atuendo reflejaba profesionalismo y seguridad. No podía darme el lujo de mostrarme vulnerable después del desastre en mi anterior empleo. Tomé un taxi y durante el trayecto, mi mente no dejaba de formular posibles escenarios. ¿Qué clase de oferta tendría el señor Collins para mí? ¿Sería realmente una oportunidad o solo un intento de aprovecharse de mi situación? Tenía que estar alerta, pues en un momento así, no podía permitirme que los demás quisieran jugar conmigo, aprovechándose de mi situación. Al llegar al edificio donde se encontraba su oficina, me sorprendió la elegancia del lugar. Todo reflejaba lujo y poder. Respiré hondo, cuadré mis hombros y entré con paso firme. Una recepcionista me recibió con una sonrisa cortés, para nada despectiva. — Buenas tardes, señorita Marie. El señor Collins la está esperando en su despacho. Puede pasar. Agradecí y avancé por el pasillo. Las paredes de cristal dejaban ver un espacio de trabajo impecable, se notaba inmensamente el esfuerzo de este hombre por haber llevado su empresa a otro nivel, las oficinas se veían mucho más reconfortantes de lo que fueron las anteriores donde trabajé. Finalmente, llegué a la puerta de su oficina. Toqué dos veces antes de escuchar su voz desde dentro. — Adelante. Empujé la puerta y me encontré con el señor Collins sentado tras un enorme escritorio de madera oscura. A pesar de su edad, su presencia era imponente. Vestía un traje impecable y en sus ojos brillaba una mezcla de astucia y determinación. Era un hombre elegante y educado, su mirada me generaba confianza en ese momento. — Marie, qué gusto verte. Siéntate, por favor. — Me indicó con un gesto. Obedecí, cruzando las piernas para mantener la compostura. — Gracias por venir tan rápido — dijo, entrelazando los dedos sobre la mesa para darle un toque de superioridad a su porte. — Sé que hoy has tenido un día difícil, pero no quiero que desperdicies ni un minuto lamentándote. Eres una mujer inteligente, eficiente y con una habilidad excepcional para resolver problemas. Yo lo he visto de primera mano con la manera en que manejaste mi cuenta en la empresa de la que acabas de salir. Lo miré con atención. No había sarcasmo en sus palabras, solo una seguridad imponente y una verdad absoluta. — Y quiero que trabajes para mí — continuó, sin rodeos, antes de dejarme hablar. — No como empleada, sino como mi socia en un nuevo proyecto. Mi respiración se detuvo un segundo. ¿Socia? Eso no era algo que esperaba escuchar. — ¿Socia? — repetí, apenas creyéndolo. Él asintió con una leve sonrisa. — Estoy por abrir una nueva división de negocios. Necesito a alguien con tu experiencia, tu visión estratégica y tu capacidad de adaptación. Alguien que sepa cómo manejar clientes difíciles y situaciones de crisis sin perder la cabeza. Y sé que tú eres esa persona que estoy buscando para hacerse responsable de este cargo. Mi mente iba a mil por hora. Pasé de ser despedida y amenazada con no volver a encontrar trabajo, y precisamente, en el mismo día que todo ocurrió, pasé a un día en que uno de los hombres más poderosos de la industria me ofreciera una oportunidad que podría cambiar mi vida para siempre. — Suena increíble… pero, ¿qué implicaría exactamente? — pregunté con cautela. — Quiero que manejes esta nueva división conmigo. Iniciaríamos con un equipo pequeño, pero con grandes aspiraciones. Tendrías control sobre las decisiones estratégicas y, lo más importante, no tendrías que rendir cuentas a jefes mediocres. Esto no es solo un trabajo, Marie, es una oportunidad para construir algo propio. — Se inclinó hacia adelante. — La pregunta es: ¿estás lista para dar el salto? Me quedé en silencio por un momento. En cuestión de horas mi vida había dado un giro inesperado. Mi futuro podía cambiar por completo si aceptaba. No era solo un empleo, era la posibilidad de independencia, de demostrar, de lo que era capaz. Levanté la mirada, con una sonrisa que reflejaba mi decisión. — ¿Cuándo empezamos? — respondí con firmeza. El señor Collins sonrió con satisfacción, como quien, finalmente, había conseguido lo que quería. — Mañana mismo, ve a firmar tu contrato. Eso sí, necesitaré que estés las veinticuatro horas disponible para mí, por si sucede algo con el proyecto, es solamente mientras inicia, ya luego podrás tener tiempo para trabajar y para tus asuntos personales. No es necesario que cumplas un horario con nosotros, solo quiero que hagas tu trabajo de la mejor manera posible, además, te prometo que tendrás una oficina como la mía para la siguiente semana — prometió el señor Collins con sinceridad en su mirada. Sonreí, y estrecho su mano con delicadeza y profesionalismo, aceptando su oferta laboral. Me llevó hasta recursos humanos, firmé mi contrato sin siquiera leerlo por la emoción, y luego salí de allí, nuevamente, estreché su mano para agradecerle y salí de la empresa. Mi rostro irradiaba felicidad, seguridad, por un instante, me olvidé de todos mis problemas, me olvidé de Aura, de sus abuelas, y de hasta el propio Eduardo. Estaba feliz. En un abrir y cerrar de ojos, mi vida cambió para siempre sin imaginarme a qué límite llegaría. Regresé a casa después de pasar al supermercado para llevar un par de cosas de comida que me hacían falta en la cocina, llevé para cocinar algo delicioso, moría de hambre, hace rato que no preparaba nada para mí, y al mismo tiempo, cocinaría mientras escuchaba algo de música de los ochenta que era mi favorita y me relajaba un rato así fuera sola. Me puse a cocinar una pizza casera para mí, la hice de salami, queso mozzarella y cerezas. Sé que es una combinación extraña, pero desde la primera vez que la probé, se convirtió en mi favorita, además, había mucho que celebrar esa noche. Saqué la pizza del horno, la serví en su plato, volví a servir otra copa de vino porque la primera la había terminado en un abrir y cerrar de ojos, y entonces, decidí comer en la barra de la cocina, mientras miraba mi celular, abrí i********:, y al revisar mi perfil, pude ver que un número de celular anónimo me había enviado un mensaje al w******p. Me extrañé, no esperaba recibir mensajes, Aura seguía de luna de miel, y seguramente estaba muy ocupada con el infiel de su marido, porque desde la otra vez, ella no me ha escrito ningún mensaje, además no sería anónimo porque la tengo guardada en mis contactos. Entonces, ¿De quién se trataba?
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